¿Bajo el paraguas de quién? por Florian Horn

Por: Florian Horn

Para "hacer de la Unión Europea la región más competitiva del mundo", en los últimos años se realizaron reformas que incrementaron el empleo precario. Alemania es el modelo que siguieron. Francia y otros países se concentraron en adaptar su mercado laboral, de manera voluntaria o coercitivo.

“Ni de izquierda ni de derecha” fue el slogan del partido de Emanuel Macron, La República en marcha, que obtuvo este año una mayoría absoluta en las elecciones legislativas francesas. El slogan presume que los tiempos del conflicto de clases ya se terminaron en la Francia de hoy; una suposición audaz, teniendo en cuenta que la mitad más pobre de la población francesa posee solo el 8% de la riqueza del país, mientras que el 10% más rico posee casi la mitad. No obstante, es cierto que gran parte de la anterior izquierda (socialdemócrata) en Francia y otros países europeos dejó a las clases populares desprotegidas bajo la lluvia al tiempo que se acomodaba bajo el paraguas de los ricos y poderosos. El partido de Macron es el partido de los ricos, por ende, es de esperar que uno de sus proyectos políticos más importantes consista en moldear la ley laboral francesa en interés del capital.

La reforma del mercado laboral de Macron permite a los empleadores despedir a los/as trabajadores/as y promover los contratos de empleo temporal, pulverizando los derechos sindicales. La reforma es una continuación de la embestida contra los derechos laborales llevada a cabo por el anterior gobierno del  socialista François Hollande en 2016.

Sin embargo, esta reforma debe ser entendida en el marco de las reformas del mercado laboral alemana, conocidas como Hartz IV e implementadas por la coalición de los socialdemócratas y los verdes en 2005. Se debilitaron gradualmente los derechos de los/as trabajadores/as mediante el recorte de los beneficios laborales y el castigo a los/as beneficiarios/as de la asistencia social. Las personas desempleadas se ven forzadas a reubicarse a cualquier zona donde haya disponibilidad de trabajo y deben aceptar empleos por debajo de su cualificación y salario anterior. De lo contrario, sus beneficios de asistencia social sufren importantes recortes.

La reforma aumentó de manera drástica las modalidades de empleo precarias en Alemania. La cantidad de contratos ilimitados disminuyó notablemente a la vez que el trabajo de medio tiempo se multiplicó. La reforma también tuvo como efecto el disciplinamiento de los/as trabajadores/as con empleo relativamente seguro.

Como resultado, la tasa de desempleo en Alemania se redujo significativamente en la última década, mientras que el total de horas trabajadas se mantuvo más o menos estable. Para decirlo en otras palabras: aumentó drásticamente la cantidad de trabajadores que no alcanzan un nivel de vida adecuado. No obstante, la reforma del mercado laboral fue vendida como un éxito a gran parte de Europa, lo cual le permitió a Alemania sentar las bases para la carrera hacia la baja en el ingreso real de la Unión Europea (UE) en aras de la competitividad.

En los últimos años, además de Francia, muchos otros países de la UE comenzaron a adaptar el modelo de mercado laboral alemán, de manera voluntaria o coercitiva, mediante los programas de ajuste estructural. En pos de “hacer de la UE la región más competitiva del mundo”, en la actualidad se han erosionado los derechos de los/as trabajadores/as en muchas regiones de la Unión Europea. Es donde entran en juego los acuerdos de libre comercio de la UE.

A la luz de un mercado interno de la UE más o menos estancado, el crecimiento económico de un estado miembro se produce a expensas de los otros. La baja tasa de desempleo en Alemania ha de situarse en el contexto de las tasas de desempleo juvenil que alcanzan hasta un 50% en algunas partes de la UE. De ahí que la mirada de las elites neoliberales estén puestas “hacia el sur”, donde proliferan los mercados para los bienes, servicios y capitales de la UE.

Los acuerdos de libre comercio que se están (re)negociando con México, Chile y la región del Mercosur fomentarán la competencia entre los/as trabajadores/as en América Latina y la UE. No hace falta tener una mirada visionaria para ver que esto no beneficiará a los/as trabajadores/asen ambos lados del océano, sino solo a Macron, a Macri y a sus ricos y poderosos amigos: es hora de que la clase trabajadora de ambas partes del Atlántico se una, tal como lo dice la canción de Rihanna: “Ahora que llueve más que nunca / sabes que nos tenemos uno al otro / ven bajo mi paraguas”. «

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