
Lamentar un año después que el conjunto de acuerdos sostenido en los 40 años de democracia empieza a debilitarse para que permeen los discursos del pasado es no asumir una responsabilidad colectiva: el atentado contra Cristina marcó el retiro de las política de las calles como espacio para dirimir los conflictos, pero también para defender aquellos acuerdos básicos: no a la violencia política, no a la teoría de los dos demonios (¡qué antigüedad!), no a especular electoralmente con la muerte, por ejemplo. Todo lo que viene exacerbándose desde hace un año, aunque se sabe que esa forma de concebir la acción política ya estaba instalada desde el desembarco de Mauricio Macri.
¿Cómo puede sorprender que esta semana hayan aparecido escritas las paredes de escuelas platenses con consignas contra la Educación Sexual Integral, o que la Legislatura porteña habilite de repente una charla homenaje a las que define como víctimas del “terrorismo” convocada por la pro genocidas Victoria Villarruel?
El consenso sobre la dictadura no es un capricho de los organismos de Derechos Humanos, es una construcción colectiva sobre la que se pronunciaron todos los estamentos del Estado, desde el gobierno nacional hasta el Poder Judicial, incluida la Corte Suprema, el Poder Legislativo, el mundo entero. Reivindicar el terrorismo de Estado va contra las leyes en la Argentina, que quien le preste escenario a ese acto sea una institución democrática como la Legislatura de la Ciudad es una pésima señal. «
El programa de vanguardia en la región fue discontinuado el 1° de abril. En su…
En la cartera laboral provincial exigieron el pago de los salarios y denunciaron la violación…
El gobierno paquistaní actúa como mediador clave tras las reuniones de alto nivel con Mohammad…
Cuesta menos de la mitad que el kilo de carne vacuna y ya está en…
A pesar de la ley ratificada por la Justicia, el Gobierno sigue desfinanciando a la…