Una mujer mira por la ventana una crecida y de repente tiene el agua por la cintura. Esa fue la primera imagen que tuvo Mara Beger Balboa, de 31 años, para escribir su primer libro El espacio justo para estar de pie (Salta el Pez Ediciones), que en 2023 obtuvo el 3° Premio del Concurso de Letras del Fondo Nacional de las Artes en la categoría Cuento. Sus personajes aparecen desfasados, en tensión, “y cuando la realidad les exige una respuesta responden un poco mal”, dice Beger Balboa. Hay en ellos “un cierto estado de descolocación”.

La autora comenzó a escribir estos cuentos para su tesis en la Licenciatura en Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes (UNA); a la par los revisó con Liliana Heker, luego los siguió perfeccionando con Sebastián Martínez Daniell y, finalmente, después de ganar el premio, trabajó el libro con Luciano Lamberti, de cara a su publicación. “Y creo que los cuentos cambiaron un montón -dice-. Hay algo de la mirada de cada uno que es distinta, y también cómo yo iba escuchando cada relato: de las primeras versiones a esta última”.

Hay cuentos “que igual para mí salieron más de un tirón, y trabajé sus detalles, y hubo otros que hubo que laburar aguerridamente, sobre todo en sus finales, o en los personajes”, cuenta Beger Balboa, y confía: “Soy una persona que reescribe un montón”.

¿Qué descubrió al unificar los cuentos en El espacio justo para estar de pie? “En un momento me di cuenta de que había un puñado de personajes distintos, de distintas edades. Vi que ellos, si bien no eran del todo excéntricos ni marginales, respondían con cierto estado de descolocación: los conflictos a veces podían ser más trágicos, o más o menos cotidianos, con desastres menores, como una separación, pero encontré en los personajes algo huidizo”.

En el primer cuento, “Las cucarachas no quieren que duerma”, una mujer encuentra a su padre viviendo como linyera y decide escapar. “Para mí era interesante que algo de esa escena se convirtiera en ficción: nunca pensar en mi vida o qué me pasó, sino que esté puesto a jugar en la ficción”, dice. Es un cuento escrito en segunda persona: “En algún momento arrancaba en segunda persona y pasaba una tercera muy pegada a la narradora. Pero me di cuenta de que el cuento tenía que estar en segunda porque había una serie de instrucciones. La chica dice ‘si tu padre vive en la calle, yo te lo voy a contar’”.

Mara Beger Balboa: “Mi libro habla de la dificultad de encontrar la distancia justa con los otros”

Además, “la segunda persona te habla directamente y rápidamente hace que el lector esté adentro. Y creo que lo que más me interesaba trabajar tenía que ver con algo que la segunda generaba también: no entrar en cierta zona demasiado sentimental. Es un cuento fuerte y yo quería que la voz estuviese distante de eso que pasa. Como si dijese ‘yo te voy a contar’. Creo que tuvo que ver con trabajar mucho la segunda persona y con generar cierta distancia que tiene que ver con la pesadilla, con un mundo más onírico, ya que el padre se termina transformando en una cucaracha”.

Los cuentos de Berger Balboa

En “Carajo, Claire”, una joven recibe en su casa a una amiga, que termina siendo un personaje agobiante y asfixiante. Hay alcohol, un beso, y tensiones afectivas entre ambas. Cuenta Beger Balboa:

“La chica vuelve a donde vivió con la otra y pareciera que le termina tomando la casa. Ahí aparece algo que está todo el tiempo en el libro: cómo se corre el peligro de lugar. Ahí se trabaja el tema de los espacios, porque son dos amigas y una no sabe muy bien qué hacer con la otra. Pareciera que sólo quiere que se vaya de su casa, pero al final la termina besando. A mí me interesaba que no se entendiera muy bien qué pasa entre ellas. Como puede ocurrir en los vínculos, que son un misterio”.

En el cuento siguiente, “Anestesia”, hay una extraña escena con una vaca -amenazada por un joven, que está con quien parece su novia- en un campamento; en “Mala fe” se narra una escena cotidiana de dos hermanos y la abuela, frente a un supuesto peligro del afuera; en “Carteles mexicanos”, un perrito es el desencadenante de extraños vínculos entre los chicos en una escuela; en “Querida Rosilla” no se sabe si una gran araña es un peligro para la protagonista o si el insecto es la víctima: lo salvaje y lo doméstico se conjugan con soltura.

En “En verano se pone peor”, una situación con un auto y con el hombre de la grúa se torna inexplicable, hasta su densa resolución. El resto de los cuentos sigue trabajando situaciones cotidianas que descolocan a los personajes, los hacen extrañarse de su entorno, los somete a episodios bruscos, y todo puede desencadenar en agobio o en violencia. “Yo creo que finalmente este es un libro sobre los vínculos -dice Beger Balboa-. Y cuando encontré el título El espacio justo para estar de pie fue como entender que habla sobre la conquista del lugar propio: de ese espacio tan mínimo que uno necesita para estar”.

El espacio justo para estar de pie es también “la dificultad de encontrar la distancia justa con los otros -siente la escritora-. Y lo más difícil de escribir tiene que ver con la confianza: con no saber muy bien qué se tiene entre manos y avanzar. Hay que tomar decisiones respecto de los narradores y ahí el camino se empieza a volver arduo, sobre todo porque es mi primer libro”. Y vuelve al eje central:

“El estado de descolocación de estos personajes tiene que ver con su imposibilidad de discernir entre el bien y el mal. Hay una incapacidad de adaptarse y para mí eso aparece todo el tiempo: los personajes no saben si sostenerse o escapar, y si escapan no saben a dónde ir. Quise jugar con esa tensión”.

En el libro hay una presencia dominante de la naturaleza, entre lo amenazante y lo que simplemente está. ¿Cómo lo ve Beger Balboa? “Creo que hay un pasaje todo el tiempo entre naturaleza y ciudad. El libro recorre una isla, departamentos, casas con jardines, playa, montaña, autopista. Y se vuelve una y otra vez a la relación con los insectos, como en esa escena donde el padre se transforma en una cucaracha, o en la del encuentro con la araña”.

Mara Beger Balboa: “Mi libro habla de la dificultad de encontrar la distancia justa con los otros”
Mara Beger Balboa

Aunque distingue: “Creo que los espacios geográficos impactan sobre la acción narrativa, pero lo que está en permanente tensión tal vez sean los espacios simbólicos, ¿no? Qué hay en ese lugar entre las relaciones, en la distancia con un padre, en la cercanía con un cuerpo muerto, o entre dos amigas. O está la vaca que aparece como un puntapié para mostrar que, si bien los animales parecieran el peligro, finalmente el peligro terminan siendo los seres humanos”.

El décimo cuento -el final- es “Buscando algo que ya tiene”: una fiesta en la que irrumpen distintos personajes, con extrañeza, parece ser la condensación de las obsesiones de la autora. “Sí, creo que ese cuento es una síntesis un poco exagerada de todo, porque una mujer cuenta que literalmente le tomaron la casa: termina un poco encerrada en esa fiesta y ella desconoce quiénes están. Hay una amenaza constante y ella sigue sin encontrar el espacio justo. Hay algo de ese cuento en donde se exacerba toda esta sensación de no encontrar un lugar donde estar y de no saber muy bien hacia dónde ir”.

Luego de El espacio justo para estar de pie, Mara Beger Balboa comenzó a escribir poesía para leerla en shows de música. “Eran poemas que yo venía escribiendo para ser dichos en vivo -explica la autora-. Así que estuve todo 2025 laburando Cuando ser una bestia, que va a salir este año por Somos Bardos. En este momento estoy muy tomada por ese libro; ya lo terminé y siento que leer y escribir poesía fue una apertura para mí”.

¿Qué hay en común con los cuentos? “También aparecen la naturaleza y los vínculos. Hay una voz muy callejera y coloquial, y al mismo tiempo en cada poema veo algo más lírico. La poesía es más huidiza y tiene algo más raro: es más directa y a la vez misteriosa”.