Big Tech, la nueva oligarquía

Por: Eric Calcagno

Bajo el mando de los nuevos dueños del mundo, el algoritmo se erige como un dogma matemático que anula la política y la reflexión para imponer una dictadura de datos sobre la democracia.

“Musk vale 829 billones, es dueño de X. Bezos vale 234 billones, es dueño del Washington Post y de Twitch. Zuckeberg vale 231 billones, es dueño de Facebook, Instagram y Whattsap. Y ahora Larry Ellison vale 202 billones, a punto de controlar CNN, CBS, TikTok y HBO. Sí, esto es una oligarquía”. Es lo que twitteó por X el Senador Bernie Sanders este 3 de marzo. Claro, los billones de los norteamericanos son nuestros miles de millones, sobre todo cuando están en dólares. Pongamos en contexto esa opinión de Sanders.

Los Estados Unidos ya conocieron en el pasado este tipo de situaciones, basta evocar la era de los “Robber Barons” (Barones Ladrones). Eran los tiempos de Vanderbilt, Carnegie, Rockefeller, J.P. Morgan, Hearst, allá por la segunda mitad del siglo XIX, que predicaban “el evangelio de la riqueza”. Quizás de esas aguas estos barros, cuando vemos cómo las formas dominantes del capital en Estados Unidos suelen ser designadas con el prefijo “Big” (o grande). Así existe la Big Pharma, que son las grandes corporaciones que controlan la salud; la Big Finance, que maneja la economía; la Big Oil a cargo del petróleo, y hasta las Big Five que agrupan a los estudios de auditoría más conocidos que tienen por función validar el comportamiento de las otras Bigs. Por supuesto que hay más. Tienen capitalizaciones siderales en las bolsas de valores y fuerte expansión internacional. Ser “Big” es también un sello de calidad y sobretodo una garantía: en caso de crisis financiera, las principales empresas son rescatadas gracias al dinero de los contribuyentes porque son “too big to fail”, es decir “demasiado grandes para quebrar”. Aunque ya daba señales de una salud insolente, la recién llegada a la familia de las Big es la Big Tech. Los apellidos son los citados por Sanders, que representan a Alphabet (Google), Apple, Meta, Amazon, Microsoft, Nvidia, Oracle, Tesla… Digamos que por Big Tech entendemos a las corporaciones que recolectan infinidad de datos y las transforman en la información necesaria para la propia valoración o solicitada por un cliente. Si le creemos a la Enciclopedia Británica, las Big Tech trabajan sobre la Big Data. ¿Y eso? A mediados de los ’90 (una eternidad, vea) el científico norteamericano Doug Mahsey afirmó que la característica principal en el manejo de datos es lograr cada vez mayores cantidades de volumen, velocidad, variedad, valor y veracidad (las cinco “vé”, que le dicen)… gracias al algoritmo que diseñan y aplicaran las máquinas. ¿Y datos de qué? Sobre todo datos de nosotros los humanos. ¿Cómo? Mediante una tecnología digital cada vez más perfeccionada que avanza cada día más. Como todas las Bigs, estas Tech valen la cotización de las acciones. O lo creen los especuladores que van a valer esas acciones. O los contratos que el gobierno de Estados Unidos les otorga. Pero una cosa es ocuparse de la salud, de la economía, del petróleo, de la auditoría y más… Pero otra muy distinta es ocuparse de todo al mismo momento en tiempo real. Por supuesto que las Bigs tienen interrelación entre ellas, pero sólo la Big Tech les proporciona a todas el insumo indispensable para funcionar. Esa información sin fin ya viene premoldeada, pues bien sabemos que el método determina el resultado.

Les proporciona el insumo para funcionar, como en los tiempos de los Robber Barons pudieron ser la electricidad, el ferrocarril, el petróleo o la química, pero a la vez  parece que estas Big Tech precisan de energía, de agua, de territorio. Es el costo del tiempo. En efecto, si los centros de datos albergan servidores sin fin tan numerosos como las espigas de trigo en los campos pintados por Van Gogh, las máquinas requieren de recursos naturales e infraestructura. Habrá que saber si el precio de estos bienes es superior o inferior al valor que produce, pues de lo contrario estaríamos frente de un sistema que gasta más de lo que genera. Aunque siempre es posible socializar las perdidas y privatizar las ganancias. Por eso no puede ser sino una modalidad oligárquica en el ejercicio del poder. El ejercicio oligarca del poder es la condición necesaria para la existencia de esas corporaciones bajo la actual modalidad. Como el genocidio en Gaza liquidó toda norma moral en occidente es necesario algo en qué creer. Es ahí donde aparece “el evangelio del algoritmo”. Es que el algoritmo no necesita ser cierto, sino exacto. Puede carecer de discernimiento, ya que es instantáneo. No obliga a pensar ni dudar, pues las matemáticas son el lenguaje de Dios. Por eso necesitan a “la nube”. Sirve para vender zapatos o bombardear escuelas de niñas. Las coordenadas reemplazan al debate sobre la verdad para ser la única revelación. Así no hay reflexión posible sobre el bien y el mal, ni filosofía, ni política, ni democracia. En espera de una mayor formalización simbólica, el oligarca Peter Thiel bautiza con nombres provenientes del El Señor de los anillos a las empresas militares que tiene, como Anduril, que produce armamento autónomo en base a la Inteligencia Artificial, o Palantir, especialista en el espionaje masivo. Quizás sea el mensaje de la oligarquía en modo digital: “un algoritmo para gobernarlos a todos. Un algoritmo para encontrarlos, un algoritmo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas”. Pero eso ya no es Bernie Sanders, sino una modesta parodia de Tolkien.

Compartir

Entradas recientes

No nos queda otra

Allá, la muerte inmediata entre las llamas de los misiles. Acá, la aceleración de la…

10 mins hace

Los límites del actual esquema

Luego del discurso del presidente, varias cámaras empresariales salieron a pedir "respeto".

15 mins hace

Una región víctima del expansionismo de EE UU y de Israel

La caída de la URSS y el 11-S, puntos de partida para la invasión del…

33 mins hace

Los manotazos de Estados Unidos

A diferencia del lenguaje exagerado y las amenazas repetidas de Trump, el retroceso ocurre discretamente…

50 mins hace

Irán, la cohesión del pueblo y el retrato en mártires de antaño

Es cierto, cuando el cielo es atravesado por misiles de última generación cualquier pronóstico resulta…

54 mins hace

El imperio, su secuaz y los episodios colaterales propios de un proceso de desintegración

Las razones ocultas detrás de los bombardeos. No sólo la crisis social, económica y política…

56 mins hace

China y el poder del fuego de la moderación

Beijing condenó el ataque a Irán, acusó a EE UU de ser "adicto a la…

1 hora hace

Save American Act, o cómo intentar de todo para salvar a un gobierno

El gobierno estadounidense pretende restringir el voto de millones de ciudadanos en las próximas elecciones…

1 hora hace

Mohammad Rasoulof: el cineasta que saltó sobre su sombra

Nada lo distingue de cualquier otro mediodía iraní, salvo una pequeña cámara que registra en…

1 hora hace

La incógnita de los kurdos en Irán

Días atrás, CNN difundió la versión de que fuerzas militares kurdas ingresarían desde Irak a…

1 hora hace

Una interpretación hegeliana de la realidad actual

¿No es el tembladeral de hechos contradictorios confusos y muchas veces descabellados a los que…

2 horas hace

Los aplausos de Messi

La foto con Trump inevitablemente daña al 10, su imagen, su vínculo con un sector…

2 horas hace