Boca juega mal y Román juega contra un rival que no lo olvida

Por: Roberto Parrottino

Con Battaglia bajo la lupa de los hinchas -y en la mira segundo a segundo de los medios-, Riquelme mantiene su característica habitual, la de decidir por sus criterios y no los ajenos. Pero la suerte del DT también puede ser parte de la suya: ya en la segunda mitad de su mandato, el macrismo busca volver al club a fines de 2023.

En los últimos 30 años, Boca nunca había pasado los primeros cinco partidos de un torneo sin ganar en la Bombonera, como ahora en la Copa de la Liga. Un equipo sin idea, acaso con falta de personalidad futbolística, de a ratos paralizado. El miércoles hubo piñas entre los socios en el 1-1 ante Godoy Cruz. “¡A ver a ver los jugadores si pueden oír/con la camiseta de Boca/matar o morir!”, se había escuchado en la cancha. Pero también el aliento de los hinchas. Juan Román Riquelme, siempre en el centro de la escena, ya pasó su segundo año como vicepresidente segundo de Boca. En los 25 minutos de reunión con Sebastián Battaglia, el jueves en el predio de Ezeiza, Riquelme empezó a jugarse algo más -tanto hacia adentro como hacia afuera- que la decisión clave de un entrenador. Es el inicio de la segunda mitad de los cuatro años de mandato antes de las elecciones de diciembre de 2023. En su manual de conducción, más allá del nivel de juego en permanente debate, Riquelme sabe que enfrente hay un rival poderoso que no se olvida que su jugada política lo sacó de Boca después de 24 años.

El modelo de gestión de Boca resulta atípico en el fútbol argentino, donde aún se imponen los dirigentes de vieja escuela. El comando lo tiene Riquelme junto a exjugadores, como en algunos clubes de Europa: 24 exBoca trabajan en el fútbol del club. En el predio inaugurado por Daniel Angelici con la presencia de Macri en 2017, Riquelme se erigió al frente del Consejo. El Centro de Entrenamiento de Ezeiza pasó a ser el “búnker” de Román y sus “talibanes”, como se escuchó en algunos medios, ahora críticos, antes socios del macrismo, que ya prepara el camino hacia las elecciones de 2023. “El fútbol lo maneja Román. Esa es la política. Y cada vez amplía más sus pretensiones. Ameal no se mete, va poco al predio”, cuenta un dirigente que hace equilibrio entre Ezeiza y Casa Amarilla, donde se entrena el plantel femenino y los deportes amateurs. “Al predio lo mejoraron, cambiaron el sintético por el césped -agrega-. Y sobre todo se trabaja en la identidad, que los más chiquitos tiren paredes con los jugadores de Primera. Falta un montón pero se mejoró mucho en el sentido de pertenencia y la mística. Es una gran idea”.

Exdirigente, Leandro Pompilio integró la lista del macrismo que encabezó Christian Gribaudo en las elecciones de 2019. Es el hijo del expresidente Pedro Pompilio, que acompañó como vice a Macri entre 1995 y 2007, el sucesor hasta su muerte en 2008. “Hay mucha división. Ameal es el presidente pero el que decide es Riquelme, en Ezeiza, y no en el club. Son impresentables, le están haciendo mal a Boca -dice Pompilio, de la agrupación opositora Xeneizes por Siempre Boca-. ¿Qué le pueden transmitir Clemente (Rodríguez) y (Antonio) Barijho a los pibes de inferiores? Es el club de Riquelme y de ellos. Si Boca sigue jugando así, van a putear a todos. Y cuando hablan de política, Massa bancó la campaña. Mi viejo lo trajo a Román en 2007 pero a jugar, no a figurar. El año que viene vamos a dar pelea, porque acá votaron a un ídolo. Sabe mucho de fútbol, pero ser dirigente le quedó grande. Le está errando”. Cuatro días luego de que Riquelme levantara la Libertadores 2007, Macri fue electo por primera vez jefe de gobierno porteño.

Foto: AFP

Macri asumió la presidencia de Boca el 13 de diciembre de 1995. Carlos Bilardo fue su primer entrenador, elegido después de una encuesta. Bilardo dirigió a un plantel de estrellas (Diego Maradona, Juan Sebastián Verón, Cristian “Kily” González) que más tarde desarmó con la llegada de 14 refuerzos discutibles. Lo reemplazó Héctor “Bambino” Veira en 1997. “La base está”. Fue subcampeón del Apertura. Pero los malos resultados y el “Boca es un cabaret” de Diego Latorre lo sacaron a mediados de 1998. Macri quería a Daniel Passarella. Mano dura. Era su candidato. Los vicepresidentes Roberto Digón y Pedro Pompilio le impusieron a Carlos Bianchi, quien se convertiría en el entrenador más ganador en la historia de Boca. Riquelme ya jugaba en el club. Lo había pedido Bilardo. También Martín Palermo y Guillermo Barros Schelloto, seducidos por Maradona. Tres años más tarde de que asumiera, Boca ganó el primer título con Macri como presidente, a finales de 1998, el Apertura. Durante su presidencia (1995-2007), Boca ganó cuatro de sus seis Libertadores y dos de sus tres Intercontinental.

Riquelme asumió como vicepresidente de Boca el 19 de diciembre de 2019. Fue el factor determinante para cortar los 24 años de macrismo. Contrató a Miguel Ángel Russo, DT campeón de la Libertadores 2007, con Román como figura. En un sprint en las últimas siete fechas, en un mano a mano con River, Boca ganó la Superliga 2019/2020. En 2021 sumó, a inicios de año, la Copa Maradona (con Russo). Y a finales, la Copa Argentina, ya con Battaglia. Es cierto: Boca había quedado eliminado con Russo de la Libertadores 2020 ante Santos -jugó muy mal en la semi de vuelta en Brasil- y en la 2021, en los octavos ante Atlético Mineiro, atravesados por las polémicas del VAR. “Tenemos más títulos que nadie, tres en dos años de gestión, y pocas finales jugadas, menos que los demás”, dijo Riquelme. Boca no disputó ninguna copa adicional tras ganar la Superliga y la Copa Maradona. La próxima Supercopa Argentina debería cruzar a River (campeón de la Liga) y a Boca (Copa Argentina). El historial en superclásicos favorece al Riquelme dirigente: ganó tres -dos en eliminación directa, por penales-, empató dos y perdió uno.

La gestión Ameal-Riquelme cambió la imagen de la Bombonera: sacó el reloj digital que sumaba los años, días, minutos y segundos sin descensos y el acrílico de la platea, además de renovarle la pintura, aunque aún sin novedades con el proyecto de levantar una nueva tribuna en lugar de los palcos. En cuestiones de imágenes, en la última semana Boca difundió la instalación de “máquinas apisonadoras” en Ezeiza para que hagan latir el terreno, como en la Bombonera. La idea fue vendida por Fernando Sosa, “presidente creativo” de la agencia publicitaria Leo Burnett, encargada de manejar las redes de Boca Predio y, cuando lo piden, también las oficiales. Sosa tiene su platea San Martín en el Monumental. “La campaña es mala, pero mucho peor es el timming para tirarla. La ventaja de Sosa es que puede ganar con Battaglia o con Gallardo”, ironizan en Casa Amarilla.

A finales de 2021, minutos después de que Boca ganara la Copa Argentina, Riquelme apuntó contra Macri: “Si será grande nuestro club que lo hizo presidente del país. La gente anterior estuvo 24 años y lo usaron para lo que lo necesitaban. Yo nunca vi que a un chico lo hagan hincha de tal partido político. El hincha sabe que vamos a cuidar al club”. El 4 de marzo pasado, Angelici y Carlos Tevez se mostraron juntos en el Buenos Aires Lawn Tennis durante la serie de Copa Davis. El 10 de ese mes, Macri profundizó la ofensiva contra Riquelme: “Nos está arruinando, una cosa es saber poner la pelota y otra es dirigir un club”. Tevez fue socio de Macri en la compra de los parques eólicos, bajo investigación judicial por negociaciones incompatibles y defraudación a la administración pública: invirtió 17 millones de dólares con la familia Macri. Es su candidato para las elecciones de 2023. Angelici, en cuyo mandato Boca sufrió su derrota más dolorosa, la de la Libertadores 2018 ante River, no será candidato. El candidato macrista puede ser el propio Macri. Con Tevez, el último ídolo. “En 2023 vamos a ganar 90 a 10 -dijo Riquelme-, y si Tevez va del otro lado, 85 a 15”.

Macri dice que “una cosa es saber poner la pelota y otra dirigir un club”. Riquelme jugó el 15 de mayo de 2002 el último partido en Boca antes de emigrar al Barcelona, ante Olimpia en Paraguay. El año anterior le había hecho el Topo Gigio en la Bombonera. El 1° de junio de 2002, mientras se jugaba el Mundial de Corea del Sur-Japón, Boca presentó a un nuevo N° 10 en un amistoso con fines benéficos ante una selección de Pehuajó. Con un equipo de juveniles, Macri fue el primer 10 post Riquelme, el capitán, y hasta metió un gol en la derrota 2-1 en la cancha de Defensores del Este. “Lo que más me gusta es jugar al fútbol, mi sueño siempre fue vestir la 10 de Boca”, le decía Macri a Diario Noticias de Pehuajó. Faltaban 13 años para que fuera electo presidente de la Argentina.

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