Del manual neoliberal. Pero las primeras medidas no sólo alarmaron a opositores y sectores sociales sino que suscitaron una pelea entre el presidente Paz y su vice.

El Decreto Supremo 5503, denominado “Decreto por la Patria”, del presidente Rodrigo Paz, no sólo alerta a economistas heterodoxos, dirigentes y sectores populares, sino que también provoca un nuevo cisma dentro del gobierno entre el presidente y el vicepresidente, Edmand Lara. Es la manifestación de una rivalidad que ya venía anunciada desde la campaña y expresada durante los primeros días de gestión con las diferencias en la conformación del gabinete y el recorte sufrido en las funciones del número 2. Con mayor sensibilidad social, a pesar de su discurso extremo, Lara expresó que “no es el momento de establecer este tipo de medidas” y que “lo único que van a causar es más pobreza, más desempleo y la subida de los precios de la canasta familiar”.
El decreto del jueves 18 que el presidente calificó de “histórico” declara la emergencia económica y social y “busca el sinceramiento de los precios” de los hidrocarburos al retirar las subvenciones estatales. Según Paz, “una decisión difícil pero necesaria para garantizar el abastecimiento de combustible y dejar de desangrar nuestras reservas”. La medida eleva el costo de la nafta especial de 3,74 a 6,96 bolivianos por litro; el diesel, de 3,72 a 9,80 bolivianos; y la nafta premium, de 7,22 a 11. Como “compensación” el gobierno estableció incremento en el salario mínimo de 2.750 a 3.300 bolivianos (un magro 20% frente a más del 100% en el caso del diesel), y en la Renta Dignidad. Además crea un Programa Extraordinario de Protección y Equidad y garantiza la continuidad del Bono Juancito Pinto 2026, que alcanza a más de 2,3 millones de estudiantes y pasará de 200 a 300 bolivianos. Estas compensaciones, sin embargo, son consideradas apenas paliativos ya que el impacto que tendrá el aumento de las naftas en el transporte supone una incidencia directa e inmediata en el costo de vida.
Paz describió un panorama complejo, con reservas internacionales agotadas, falta de dólares y presiones inflacionarias, y anticipó reformas estructurales, entre ellas, incentivos a la inversión privada con seguridad jurídica; implementación del silencio administrativo positivo que da por aprobada una contratación si en 30 días no hay pronunciamiento, y un plan para repatriación de capitales con impuesto cero. Asegura que con este paquete, logrará iniciar un proceso de reconstrucción económica y contener el impacto social del ajuste energético, debido al ingreso de “nuevos recursos”, que, afirmó “no se quedarán en el centralismo, sino que se distribuirán en un 50% directamente a nuestras regiones y gobiernos subnacionales, asegurando que el esfuerzo de todos se convierta en mejores hospitales, escuelas y servicios para cada boliviano”.
Para el economista Martín Moreira, de la Red de Economía Política, la desregulación del comercio y las exportaciones también impactará en los precios: “El problema es conocido: cuando suben los precios internacionales, el mercado interno queda expuesto, el Estado reacciona tarde y el costo lo pagan los consumidores urbanos y populares”. En un artículo publicado el día del decreto en el sitio la-epoca.com.bo, Moreira afirma que “este rediseño se sostiene sobre tres ejes ocultos: el blindaje jurídico al capital privado, la reducción estructural del rol regulador del Estado y el desplazamiento del control político hacia mecanismos técnicos y contractuales. No hay una privatización explícita, pero sí una privatización por contrato, por estabilidad jurídica y por omisión administrativa”.
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