Guillermo Bravo: el cartógrafo de mundos entre Córdoba y Beijing

Por: Pablo Coppari

Se trata de la persona que creó Mil Gotas, la primera librería en español en China. "Vine por gusto, por curiosidad", cuenta sobre su llegada en 2008 al gigante asiático.

Desde las sierras de Córdoba hasta los hutongs de Beijing, Guillermo Bravo ha trazado un mapa invisible entre dos culturas que se miran con fascinación y distancia. Profesor, editor y gestor cultural, su vida es un tejido de libros, aulas y proyectos que desafían las fronteras. Esta es la historia de un argentino que, entre la curiosidad y el azar, decidió construir un proyecto llamado Mil Gotas, la primera librería en español de China. 

Guillermo Bravo es un hombre de dos mundos. Nacido en Pilar, un pueblo cordobés donde las sierras se funden con el cielo, su vida ha sido un viaje constante entre lo familiar y lo desconocido. En 2008, casi como si obedeciera a un mandato invisible, partió hacia China. «Vine por gusto, por curiosidad», dice con esa voz tranquila de quien sabe que el destino a veces se disfraza de casualidad. Lo que comenzó como una aventura de cuatro meses se convirtió en una vida dedicada a tender puentes entre dos culturas que, aunque distantes, se miran con fascinación mutua.  

Bravo recuerda sus raíces. «Soy de Pilar, Córdoba, un lugar pequeño pero lleno de esa energía que te empuja a querer más», cuenta. Esa energía lo llevó primero a Francia y después a China, donde en 2012 recibió una invitación para enseñar en la Universidad de Beijing. «Vine con la idea de quedarme un año y volverme a Francia, pero algo me atrapó y me quedé», confiesa. Así comenzó su doble vida como profesor y editor, uniendo su pasión por la literatura con el arte de producir libros.  

Bravo describe su editorial como una «ferretería de la literatura». «Mi abuelo tenía un corralón en Córdoba, y yo crecí entre clavos y martillos. Me parece que la literatura y la ferretería, juntas, forman una editorial», dice, sonriendo. Su empresa, que publica literatura china traducida al español y argentina al chino, ópera en tres ciudades: Beijing, Shanghai y Chongqing. «Es un ejercicio constante de equilibrismo», admite, refiriéndose a los desafíos de gestionar proyectos culturales en un país tan complejo como China.  

Uno de los descubrimientos más fascinantes de Bravo fue entender qué buscan los lectores chinos en la literatura latinoamericana. «Buscan lo extraordinario, lo fantasioso, un escape», explica. Aunque reconoce que no siempre se cumple esta expectativa, especialmente con la literatura argentina, que tiende a ser más reflexiva. «Si uno va a la literatura argentina, es muy francesa en ese sentido», comenta con ironía. Y ahí entra Córdoba, con su cuota de magia y tradición. «En China, el mate les llama la atención, pero no les termina de convencer», dice entre risas.  

La residencia de artistas: un juego de espejos 

Uno de los proyectos más ambiciosos de Bravo es la residencia para artistas en un pueblo cerca de Beijing. «Al principio surgió como una idea para traer artistas latinoamericanos, pero luego se abrió a todo el mundo», cuenta. Este espacio no solo permite a los artistas trabajar en un contexto nuevo, sino que también enriquece la comunidad local. «Es un experimento», dice Bravo, «ver qué pasa cuando sacás a un artista de su contexto y lo ponés en otro». Y ahí, de nuevo, aparece Córdoba: «En el pueblo donde está la residencia, hay algo de esa tranquilidad que se respira en las sierras, pero con el ritmo frenético de China».  

Bravo se imagina en China por lo menos cinco años más. Recientemente, la universidad le ofreció un contrato estable, lo que le permite planificar a largo plazo. «Ahora ya me podría jubilar en la universidad si quisiera», dice. Aunque su vida académica es estable, su pasión por la edición y la gestión cultural sigue siendo el motor de su día a día. «Me gusta esa parte más de agitador», confiesa.  

Al ser consultado por el avance de la IA, Bravo respondió:  «La inteligencia artificial es una herramienta, como un martillo para un carpintero», dice. Sin embargo, enfatiza que el arte y la literatura requieren una mirada única, algo que no puede ser reemplazado por máquinas. «Detrás de cada obra hay muchísimo trabajo», reflexiona. «No es lo mismo alguien que está pensando 24 horas en lo que significa una curva dentro de un cuadro que alguien que no».  

Guillermo Bravo es un hombre que se perdió en la inmensidad de Beijing y decidió jugar con los tiempos y los espacios para crear algo nuevo. Su historia es un testimonio de que, con determinación y creatividad, es posible construir conexiones que trascienden fronteras. Como él mismo dice: «Cada uno pone su granito de arena, y nosotros ponemos el nuestro».  
En la actualidad, Guillermo continúa trabajando en su próximo libro, que será publicado en Buenos Aires, mientras sigue enseñando, editando y gestionando proyectos culturales que unen a Argentina y China.

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