«Cabo de Miedo»: el monstruo cambia de rostro pero la pesadilla no se detiene

Por: Daniel Cholakian

La flamante serie recupera el legado de dos clásicos inolvidables. Javier Bardem enfrenta con audacia el desafío de reinventar a un villano mítico.

Pocas novelas policiales negras han tenido tantas adaptaciones a la pantalla como Los verdugos (The Executioners, John D. MacDonald, 1957). Las tres se llaman Cape Fear o Cabo de Miedo, cambiando el título original. Esta es la primera pista del encadenamiento que existe entre ellas, además del respeto por la fuente literaria y de cómo cada una revive a su antecesora. Por eso es inevitable pensar la miniserie de diez episodios estrenada recientemente en Apple TV+ a la luz de esta continuidad.

Esta versión para televisión surgió de la fascinación de su desarrollador, Nick Antosca, por ambos clásicos del cine y por la potencia que tienen para explorar lo ambiguo y lo siniestro que atraviesa el relato. Su antecedente más cercano es la versión que en 1991 dirigió Martin Scorsese. Ahora él mismo forma parte de la producción junto a Steven Spielberg, quien a su vez impulsó aquel proyecto, pero finalmente desistió de dirigirlo y propuso a Scorsese para ocupar su lugar. Entre una y otra producción hay una conexión inevitable.

La primera de las producciones basadas en Los verdugos fue dirigida en 1962 por J. Lee Thompson y protagonizada por Robert Mitchum como Max Cady y Gregory Peck como Sam Bowden. En la dirigida por Scorsese esos roles estuvieron a cargo, respectivamente, de Robert De Niro y Nick Nolte. Tanto Mitchum como De Niro dejaron marcas notables con sus trabajos, a los que lograron dotar de los rasgos necesarios para construir la duda imprescindible en ese escenario de terror psicológico. En las tres versiones, el uso de cámaras subjetivas, la sorpresa, el recorte de los espacios y las sombras construyen ese universo dramático. El mismo está reforzado por el tema musical de Bernard Herrmann, compuesto para la primera versión y utilizado en las dos siguientes. Pero esa continuidad no debe verse como una simple sucesión de remakes.

Javier Bardem compone un inquietante Max Cady y vuelve a demostrar su capacidad para encarnar personajes perturbadores.

El cinéfilo conocedor del film dirigido por Scorsese encontrará muchos guiños. Si Mitchum no necesitaba convertir su cuerpo en una talla resultante de un obsesivo trabajo de gimnasio, De Niro utilizó esa identidad física para introducir una violencia latente, la potencialidad de producir un daño absoluto. Lo mismo ocurre con el Max Cady de Javier Bardem, que, homenajeando a su antecesor, muestra, como él, su torso completamente tatuado. Si una de las imágenes icónicas de la película de Scorsese es la de Cady abriendo los brazos, amenazante, dejando ver esa espalda grabada, Bardem hace lo mismo, pero de frente a cámara. En 1991, De Niro se presentaba caminando y acercándose de frente a la cámara al salir de la cárcel. Ahora es a la inversa: Bardem aparece de espaldas, con la cámara siguiendo la nuca tatuada de Cady mientras abandona la prisión.

Patrick Wilson interpreta a Tom Bowden, el abogado cuya vida se convierte en una pesadilla.

Tanto en la novela como en las versiones cinematográficas la tensión surge de un hecho: años después de estar preso por el supuesto asesinato de su esposa, Cady queda en libertad. Bowden es un abogado que tiene responsabilidad en que haya sido condenado. El convicto lo va a buscar y pronto su presencia amenazante se convierte en terror para toda su familia. La clave que aporta esta versión como renovación es que aquí Bowden (Patrick Wilson) fue el fiscal que lo condenó, mientras Anna Bowden (Amy Adams) era su abogada y recomendó a Cady declararse culpable para negociar la pena. Los Bowden se conocieron durante el juicio y se enamoraron. Años después, Cady los encuentra con una hermosa familia, dos hijos jóvenes y una casa lujosa. Algo que él soñaba para su propia vida.

Cady McGraw da vida a la hija de los Bowden, una joven que queda atrapada en el clima de tensión y amenaza que desencadena la llegada de Max Cady.

Si la amenazante reaparición de Cady se proyecta sobre toda la familia, la pregunta es: ¿sobre quién se proyecta la voluntad de venganza? ¿Sobre su abogada, que lo incitó a aceptar una culpa que no tenía, o sobre el fiscal que lo condenó? ¿Sobre ambos, que además tienen lo que él perdió? Esta novedad cambia la lógica del enfrentamiento. ¿Quién será quien cargue con la defensa de su familia?

Javier Bardem y Amy Adams protagonizan algunos de los momentos más intensos de Cabo de Miedo.


Llevar una historia contada en cerca de 120 minutos a diez capítulos de cincuenta minutos obliga a profundizar líneas narrativas, personajes y relaciones, pero sobre todo a manejar el suspenso con gran precisión.

Bardem y Adams centralizan esa tensión producto de las sombras de la relación pasada, la amenaza presente y el miedo, además de abrir universos íntimos que incluyen alucinaciones, secretos familiares, deseos y cuerpos que van escalando en un clima de silencioso erotismo. Este elemento, magistralmente contado en la versión de Scorsese a través de la relación entre Cady y la hija de Bowden —una excepcional Juliette Lewis—, aquí funciona con su exabogada, la impoluta madre, su hija —una intrigante adolescente perfecta interpretada por Lily Collias— e indirectamente con el hijo, un joven que comparte con Cady algunos fantasmas y los secretos espacios de los juegos en red. En ese joven, Zach, los autores introducen elementos de un presente digital tanto como del abandono paterno. El terror surge desde el mismo momento en que Cady reaparece en sus vidas.

Ante el desafío de asumir ese personaje que De Niro convirtió en un ícono, Bardem logra darle una singular dualidad y una violencia inusitada. Eso, sumado a la vida secreta de los Bowden, permite pensar que la flamante miniserie está a la altura de la continuidad de estas versiones.

Cabo de Miedo

Creada por Nick Antosca. Actúan: Javier Bardem, Amy Adams, Patrick Wilson, Joe Anders, Lily Collias y CCH Pounder. Disponible en Apple TV+. Los capítulos se estrenan cada viernes hasta el 31 de julio.

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