
Algunos datos filtrados revelan que una reunión de Guaidó con opositores en la localidad de El Paraíso el pasado 28 de marzo fue convocada para informar sobre la «hoja de ruta» en la continuidad del golpismo permanente con el que intentan desgastar al pueblo venezolano.
La operación planeada comenzaría con una serie de acciones y sabotajes nuevos y «más efectivos», incluyendo la llegada de especialistas –no vinculados con la oposición– para insertarse en sectores de la población y alentar acciones desestabilizadoras.De esta forma, Guaidó animó a los asistentes a su reunión, después del fracaso de los ataques contra el Guri, la mayor planta hidroeléctrica del país, prometiendo que la toma del poder era una posibilidad cercana –algo así como el 21 de abril– y que se han preparado acusaciones contra el presidente Maduro para responsabilizarlo por genocidio, debido a la «negligencia» para actuar y atribuyendo los cortes de energía eléctrica a la ineficiencia y al descuido gubernamental, responsabilizándolo de causar miles de muertes por hambre o por la falta de atención en los hospitales, y por someter a la población a la falta de luz, de agua, de alimentos, de salud y a gravísimos problemas de seguridad.
También se han difundido aterradores informes falsos sobre graves violaciones a los Derechos Humanos por parte de Maduro, que nadie ha podido comprobar, mientras que el propio Guaidó recorre distintos lugares, donde no le fue tan bien porque el pueblo en su mayoría sabe de qué se tratan los «golpes democráticos» como el que propone el hombre creado por las fundaciones de la CIA, que además pide una invasión de Estados Unidos.
En la nueva operación, Guaidó llamó a cargar cantidades de gasolina que sería utilizada –no es la primera vez que esto sucede– para incendiar todo aquello que para los golpistas represente al «régimen», como denominan al legítimo y constitucional gobierno de Venezuela. Como objetivos prioritarios estarían las estaciones policiales, centros de salud, edificios y locales del gobierno, no sólo en Caracas sino en todo el país. También acciones contra el Servicio de Inteligencia Nacional (Sebin), aislar cuarteles como Tiuna y destruir la planta termoeléctrica Tocoa utilizando armamento de guerra especializado.
Se trata de una forma de intervención solapada y encubierta, tema en que es especialista el hombre que Donald Trump puso a cargo de la política con Venezuela, nada menos que Elliott Abrams, figura clave y nefasta en la guerra encubierta de Estados Unidos contra la Nicaragua sandinista en los años ’80, en un período en que se produjeron atentados y sabotajes tan importantes como el minado de los Puertos en Corinto y otras acciones criminales. «
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