La plataforma apuesta por el personaje de Julián Kartun con episodios breves y un giro narrativo llamativo. El desafío será ver si el universo del sketch funciona en otro formato.

La plataforma apuesta por un formato breve -diez episodios de alrededor de diez minutos- que dialoga con los modos de consumo contemporáneos. Pero más allá de la duración, lo que está en juego es otra cosa: qué pasa cuando un personaje nacido en la lógica del sketch, del gag y de la incomodidad inmediata, se enfrenta a la necesidad de construir relato. Es decir, de sostenerse en el tiempo.
La premisa es, en apariencia, simple: Caro atraviesa la crisis de los 30 mientras intenta organizar una fiesta. Pero esa excusa narrativa funciona como detonante para desplegar su universo: vínculos que se tensan, identidades que se desdibujan y una percepción del mundo siempre al borde del colapso. A eso se suma un elemento inesperado —la irrupción de un personaje con rasgos inquietantes— que desplaza el tono hacia una zona híbrida entre la comedia y el thriller.
El desafío es evidente. Caro Pardíaco no es un personaje “querible” en el sentido clásico. Su potencia radica en lo contrario: en lo irritante, en lo excesivo, en una sensibilidad que incomoda porque reconoce algo del presente. Llevar eso a una serie implica no domesticarlo. O, al menos, no del todo.
En ese sentido, Carísima se inscribe en una tendencia más amplia: la profesionalización de figuras nacidas en plataformas digitales que encuentran en el streaming un espacio de expansión. Pero también marca una diferencia. No se trata solo de trasladar un fenómeno, sino de ver si ese fenómeno puede transformarse sin perder su filo.
Hay, además, una lectura industrial. Netflix ensaya aquí un formato corto en la Argentina, en un contexto donde la producción local atraviesa tensiones evidentes. Apostar por una serie de estas características no solo reduce riesgos: también permite explorar nuevos lenguajes y detectar audiencias que ya no responden a las lógicas tradicionales.
El paso de Caro Pardíaco a una serie propia es, entonces, más que un movimiento de carrera. Es un síntoma. De una época donde los personajes se construyen en fragmentos, donde la incomodidad se vuelve identidad y donde el límite entre lo viral y lo narrativo empieza a borrarse. Falta ver si, en ese pasaje, Caro sigue siendo Caro. O si, como tantas veces, el sistema termina limando aquello que la hacía interesante.
Guiónes: Julián Lucero, Julián Kartun, Mariano Rosales y Nano Garay Santaló. Con Julián Kartun, Alex Pelao, Evitta Luna, Darío Sztajnszrajber, Gastón Pauls, Julián Lucero, Charo López, Malena Pichot.
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