Desarrollan una investigación en el Instituto Gino Germani de la UBA que analiza el impacto de las nuevas tecnologías en el trabajo. Afirman que la reforma laboral busca excluir del debate a los sindicatos.

Acaban de publicar el estudio “Desarrollo de la economía digital y los cambios tecnológicos. Empleo y modelos de gestión empresarial en América Latina”. Allí analizan el impacto de la inteligencia artificial y la robótica en el mercado de trabajo en lo que consideran una nueva fase de la cuarta revolución industrial, a la vez que construyen un indicador denominado «riesgo de automatización» en el que estratifican por oficios y tipos de empresas.
Con la llegada del gobierno de Javier Milei perdieron fuentes de financiamiento aunque obtuvieron el apoyo del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia y Tecnología (CIICTI) y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) así como entidades académicas chinas.
Chávez recibe a Tiempo con parte de su equipo de investigadores en las oficinas del Gino Germani: los doctores en Ciencias Sociales Verónica Giménez Beliveau, José Rodríguez de la Fuente y Victoria Matozo. Del estudio también formaron parte los colegas Carolina Mera y Pablo Molina.
El trabajo partió de la experiencia en el aeropuerto de El Prat, en Barcelona, donde la distribución de equipaje está totalmente automatizada. Los trabajadores acompañaron el proceso pero sin expulsar trabajadores. «Nos dijeron que hay tareas que denigran que ya no hacen, y que las máquinas, además, eliminan la división sexual del trabajo. Vimos que detrás de eso había una investigación», dice Chávez Molina.
-Se habla de una tercera y una cuarta revolución industrial. ¿Esta es la quinta?
Victoria Matozo:–Es parte de la cuarta. Pero es un segundo momento donde la inteligencia artificial se mezcla con la automatización. Antes eran campos separados.
-¿Cuál es la característica principal?
Eduardo Chávez Molina:–Buscamos identificar las tareas rutinarias y repetitivas reemplazables por la robótica, los procesos de industrialización y la mecanización. Se puede hacer una diferenciación analítica entre la automatización y la inteligencia artificial pero en los procesos de incorporación tecnológica se aplican las dos juntas. Allí nos metimos con los «riesgos de automatización». Hay dos lógicas: complementariedad o reemplazo. Generalmente el empleado con tareas más exigentes y con mayor nivel educativo complementa y no es reemplazado. En la automatización, el primer gran perdedor es el trabajador no calificado, sin educación superior. A ese sí lo reemplaza. Crecen también en forma paulatina, generando casi una tijera en cruce de variables, los trabajadores calificados con educación superior.
–¿Y el saldo?
V.M.:–Es una dualización del mercado de trabajo. La complementariedad para ese segmento más calificado termina generando más productividad.
-¿Aumenta la demanda de trabajo?
José Rodríguez de la Fuente:–David Autor, un estadounidense, empezó a estudiar el impacto de la automatización basada en robótica. Veían que el empleo empezaba a caer y que los sectores medios cargaban con los mayores riesgos. Había un proceso en U con un incremento tanto del empleo de mayor calificación profesional como el de menor calificación. Los trabajos de automatización en este siglo buscan entender si este proceso va a generar algo parecido o si los que empiezan a estar en riesgo son los profesionales y los técnicos. Esa es la pregunta de ahora.
E.C.M.:–El índice de riesgo de automatización sale de una encuesta que hacen los norteamericanos. Toman tu actividad laboral y te siguen durante toda tu jornada de trabajo. Puede haber actividades con el mismo nombre que hacen cosas distintas.
V.M.:– Desgranan las tareas y ven cuáles son las que se pueden reemplazar.
E.C.M.:–Nosotros que hacemos datos, ¿cuándo automatizamos? Cuando aplicamos programas estadísticos que reducen una tarea de tres o cuatro días a tres horas. En este caso, la IA complementa.
-¿Qué es lo que mide?
E.C.M.:–Los más grave es que desaparezca un empleo. Por ejemplo en peajes o atención al cliente.
V.M.:– En el sector hotelería, por ejemplo, o de la traducción que ya está totalmente automatizada.
E.C.M.:–Robot Beijing es un proyecto al que nosotros nos sumamos e hicimos dos estudios para CEPAL. Posteriormente surge un acuerdo entre el entonces Ministerio de Ciencia y la Academia de Ciencias Sociales de China para investigar diferentes temas. Entramos por economía digital. Viajamos a Beijing y Shangai. Volvimos a ganar el año siguiente en una nueva convocatoria, pero el nuevo gobierno no reconoció las resoluciones y no nos pagó. Para ese proyecto que hicimos con el Instituto de Economía Cuantitativa de la Universidad de Beijing y la Academia de Ciencias Sociales de China, logramos financiamiento de la Organización de Estados Iberoamericanos. Observamos cuáles son los cuellos de botella y los límites que tiene la automatización sobre el empleo en Argentina y qué es lo que piensa el sector empresario.
-¿Surgen elementos distintivos entre América Latina con Europa y Estados Unidos?
E.C.M.:-Son muy parecidos. La diferencia es que acá tenemos mucha informalidad. En América Latina la heterogeneidad estructural es una peculiaridad. Hay sectores de altísimo nivel de productividad como, por ejemplo, metalmecánica, farmacéutica o informática, donde corren las mismas reglas que en los países centrales. La dualización se expresa en el ingreso. La diferencia entre los informales y los formales llega al 50 por ciento. La diferencia es que ahora los formales están cada vez más educados y hacen tareas más calificadas. Por ahora usan la automatización y la inteligencia artificial. Hasta que los reemplacen.
-Es una paradoja que aparece en los programadores…
E.C.M.:–Es lo que dice Daron Acemoglu. Lo convoca el Departamento de Estado norteamericano a dar cuenta del impacto de la automatización. Él activa la ley del conocimiento de EE UU y propone exenciones impositivas para todas las inversiones en empresas de conocimiento. Pero a medida que se desarrollan, generan más pérdidas de empleo y el saldo termina siendo súper negativo. Nacieron con plata estatal y no porque vino Bill Gates y puso guita.
-¿Para qué sirve el estudio?
-E.C.M.:– La preocupación vino de los sindicatos y no del sector empresario. A diferencia de Wall Street, que Goldman Sachs propuso investigarlo, acá fue La Bancaria. Desde el mundo del trabajo sirve para ver los riesgos de que te reemplacen o qué necesito para reacomodarme ante esta transformación.
-Verónica Giménez Beliveau: El interés de los sindicatos es analizar hasta dónde se pueden automatizar tareas y que no haya un responsable humano detrás. Fuimos convocados también por la parte referida a la legislación.
-ECM: La Unión Europea, por ejemplo, ya legisló los códigos de ética. Tiene que haber responsabilidad ante un accidente.
V.G.B.:– Hay que establecer límites porque, si no, funciona como una caja negra donde hay un input y después sale un resultado que no se le puede atribuir a ninguna decisión humana.
E.C.M.:–Hay un cambio estructural en el mercado laboral argentino. Hay tres factores que merecen ser analizados. La caída de consumo, por más productividad que yo tenga, pone en riesgo la cantidad de ocupados. El segundo punto es la política arancelaria. No se puede competir contra países que tienen altísimo nivel tecnológico. Y el tercer punto son estos cambios tecnológicos.
-¿Cómo son las diferentes percepciones que tienen los empresarios y cuál la que tienen los trabajadores?
V.G.B:.– Los sindicatos están bastante más preocupados que los empresarios. Entre los empresarios pyme da la sensación de que están todo el tiempo corriendo la coneja. Saben que esto va a cambiar definitivamente su industria, su forma de trabajo, sus ganancias, pero no saben muy bien cómo gestionarlo. Hacen un “uso silvestre de la IA”. Un aprendizaje que se va haciendo de manera completamente autodidacta. Hay una desconexión entre lo que la IA ofrece y lo que se puede hacer. Donde se usa mucho en empresarios más jóvenes es en gestión y administración cotidiana. Además, aparecen fantasmas. Por ejemplo, temen que la IA venga a controlar y espiar todo. Hay empresas que crean su propia IA para preservar sus avances en conocimientos.
V.M.:– Hay otro problema que son los sesgos en la IA que son ideológicos y se alejan del rigor científico. Los que cargan la IA suelen ser hombres CIS asiáticos o blancos. Hay empresas desarrollan su propia IA para eludirlos y alinearla con su propia ideología.
-¿Cuál es la visión de los trabajadores?
J.R.F.:–Una de las cosas que surge es el nivel de confianza. ¿Vamos a confiar en un abogado virtual? Hay dos dimensiones del trabajo humano que son difíciles de reemplazar: la inteligencia creativa y la emocional. Interactuar con las personas es un arte. La IA no interactúa con el mundo real. No nos mira a los ojos y no habla con personas. Lo hace mediante la información que está en la web. Y ahí no está todo. Por eso la IA no genera nuevas narrativas sino secuelas. No sé si vamos a esa imagen apocalíptica que tenemos de un mundo sin trabajo humano. Quizás vamos a trabajos mucho menos calificados donde lo que haremos es dar una instrucción.
-Hay una categoría que es la “ecuación de reemplazo” que sostiene que la tecnología en los países periféricos encuentra una limitación para su penetración por los muy bajos salarios que no vale la pena reemplazar. La reforma laboral que se discute ahora ¿acelera o desacelera el proceso de automatización?
-E.C.M.:– Nuestras economías son heterogéneas. Esta reforma laboral busca casi exclusivamente quitarle poder de negociación y de presión a los sindicatos. Un límite, un cuello de botella a un proceso amplio de reemplazo, no de utilización, son los sindicatos. En esa heterogeneidad, aquellas unidades económicas que pueden incorporar tecnología porque aumenta su productividad y sus ganancias, encuentran límites en los sindicatos que, a diferencia de Europa, son muy fuertes. La reforma es una herramienta profundamente política. En las reformas laborales participan tres actores: el Estado, las empresas y los sindicatos. Por más que la metan ahora, a la primera vuelta de tortilla, esa ley no va a seguir existiendo porque eliminaron a un partícipe necesario que son los trabajadores y sus sindicatos.
-JRF: No es inevitable ese camino de más tecnología, más automatización, más IA y menos trabajo. En el fondo la discusión es política y social. El mundo del trabajo ahora está en una posición muy defensiva, pero en otro contexto podríamos estar discutiendo las horas de trabajo. «
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