El director lleva el clásico de Homero a las salas con una apuesta épica y realista. El adelanto muestra un enfoque que se despega de la fantasía tradicional.

El avance muestra algunos de los elementos más reconocibles del poema -el cíclope, las tormentas, los desvíos interminables- pero evita el tono de fantasía digital dominante en el cine épico reciente. Nolan, fiel a su método, filmó la película íntegramente en formato IMAX y en locaciones reales, acumulando más de dos millones de pies de película y desplegando un presupuesto cercano a los 250 millones de dólares.
El resultado, al menos en este primer vistazo más amplio, apunta a una reconstrucción material del mito: mar, viento, cuerpos y piedra. No hay aquí un universo estilizado sino uno tangible, donde lo extraordinario emerge como percepción antes que como efecto. En esa línea, el propio director insiste en abordar los elementos fantásticos desde una mirada “realista”, intentando recuperar cómo esas experiencias podían entenderse como manifestaciones divinas en la antigüedad.
El elenco acompaña esa ambición. A Damon se suman Tom Holland como Telémaco, Anne Hathaway como Penélope y Robert Pattinson en el rol de uno de los pretendientes, además de figuras como Charlize Theron, Zendaya y Lupita Nyong’o.
Pero más allá del despliegue industrial, lo que asoma como núcleo del proyecto es una pregunta narrativa: ¿cómo contar hoy una historia que ya es, en sí misma, el origen de todas las historias? Nolan parece responder desde su propia tradición, cruzando estructuras no lineales con una épica clásica que, lejos de volverse museo, dialoga con el cine de gran escala contemporáneo. No es casual que el director vincule estas epopeyas con el ADN del cine de superhéroes: ambas formas, sugiere, comparten una raíz común en la construcción de mitos colectivos.
El tráiler también deja ver una tensión interesante: mientras el relato sigue a Odiseo en su travesía, la película abre el foco hacia Ítaca, donde la ausencia del héroe genera un conflicto paralelo. Esa decisión, además de expandir el punto de vista, refuerza el carácter coral de una historia que siempre fue más que un viaje individual.
Con estreno previsto para julio de 2026 y lanzamiento pensado como evento global en salas IMAX, La Odisea se perfila como el proyecto más ambicioso de la carrera de Nolan. Y también, quizá, como el más riesgoso: llevar al presente una narración que lleva casi tres mil años circulando implica enfrentarse no solo a un texto, sino a su peso cultural.
La apuesta, al menos por ahora, parece clara: en lugar de domesticar el mito, amplificarlo. Y hacerlo con herramientas que, paradójicamente, buscan devolverle algo que el cine suele perder en la escala: la sensación de realidad.
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