En lo que va del año regresaron 25 investigadores y se evalúan otras 50 solicitudes. Se revitaliza así el programa Raíces, política de Estado desde 2008, fuertemente desfinanciada entre 2015 y 2019.

«La realidad demuestra que hay ganas de volver a hacer ciencia en la Argentina», asevera a Tiempo Diana Español, coordinadora de la Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior (Raíces), programa insignia durante el kirchnerismo y fuertemente desfinanciado entre 2015 y 2019.
Gisela Zalcman, de 35 años, y Julián Naipauer, de 37, son dos de los investigadores que regresaron en los últimos meses. En diálogo con Tiempo, repasan sus historias y los motivos que los llevaron a tomar la decisión, entre los que incluyen aspectos laborales y personales. Ambos coinciden en celebrar que sus hijos comiencen la escuela primaria en el país.
Para los dos, la estadía en el extranjero había sido pensada siempre de forma transitoria, una experiencia de vida en términos personales y profesionales. Dicen que el contexto político no influyó en sus retornos, pero valoran la inversión estatal en educación y ciencia, dos rubros que la gestión Cambiemos se encargó de recortar.
El programa Raíces –que entre otros aspectos otorga subsidios para cubrir gastos de repatriación– fue reconocido como política de Estado por la Ley 26.421, sancionada en 2008 sin votos en contra. Pero durante los años de Macri en la Casa Rosada se redujo al mínimo, al punto de que en 2019 solo financió efectivamente la vuelta de tres personas.
«El recorte se acompañó con medidas que tenían la misma lógica, como el cierre de los ingresos al Conicet para investigadores residentes en el extranjero», explica Español, y cuenta que con la nueva gestión todos esos mecanismos se vieron revitalizados. Mientras que en 2019 fueron ocho los científicos retornados por las diversas convocatorias, en 2020 la cifra se elevó a 22. «Este año ya regresaron 25 y hay otro grupo de 50 que están siendo evaluados para regresar en lo que resta de 2021».
Los datos oficiales desmienten las explicaciones que esgrimía el gobierno anterior. En un artículo publicado por el portal Chequeado en 2018, voceros del entonces oficialismo justificaron los recortes porque «el destinatario primario de la política de repatriación se alcanzó con creces en los primeros años de vida del programa y eso hizo que ese universo finito fuera haciéndose más chico».
Momentos
Al terminar su doctorado, Gisela Zalcman y su compañero consideraron que era «un buen momento» para viajar al exterior y desarrollarse profesionalmente. Ella química y él comunicador, partieron en el año 2017 para instalarse en Francia: «Yo quería estar en un laboratorio en el que los subsidios no fuesen un factor limitante a la hora de planificar un experimento, quería aprender técnicas que aún no están en el país y que sabía iban a ser útiles para mi futuro», cuenta desde el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA), su actual lugar de trabajo.
Cuatro años después de pisar tierra europea, la pareja comenzó a planificar la vuelta. «Tuvimos una hija y quisimos volver antes de que comenzara la escolaridad», explica Gisela, que actualmente trabaja en un proyecto para conocer más sobre el proceso por el que los humanos siguen desarrollando nuevas neuronas a lo largo de toda su vida. «Antes se creía que el cerebro no las generaba más una vez alcanzada la adultez», explica.
Reconoce que a veces los límites financieros «pueden ser frustrantes», pero advierte la importancia de haberse formado en la universidad pública, «por lo que es una satisfacción personal el poder volver y contribuir al país».
«Viviendo en el exterior me di cuenta de que los argentinos tenemos que dejar de mirar afuera y confiar más en nosotros mismos y en nuestra capacidad de progresar. Aquí tenemos la valiosa posibilidad de formarnos en universidades públicas de primer nivel y estoy convencida de que eso es una gran herramienta para encontrar la salida a nuestras complicaciones económicas», concluye.
Regreso planificado
La historia de Julián Naipauer se movió por carriles similares. En 2014, partió junto con su esposa hacia los Estados Unidos, con el objetivo de crecer profesionalmente. Hizo su posdoctorado en la Universidad de Miami, donde estudió el tipo de cáncer llamado Sarcoma de Kaposi, aprovechando su experiencia previa en el Instituto Malbrán.
Julián no cree que, como reza esa remanida frase, para muchos argentinos la única salida sea Ezeiza; concede que «las diferentes situaciones personales son infinitas», pero remarca que, en su caso, no se debió a «disgustos o falta de oportunidades en el país, sino por las ganas de tener una experiencia afuera. Siempre estuvo en nuestro proyectos vivir una experiencia en el exterior para luego volver», dice el hoy padre de Lucca (6) y Ámbar (2).
Tras varios años en Florida, a Julián le apareció la posibilidad de volver a su antiguo laboratorio. «Estamos muy contentos por el regreso y por estar cerca de nuestra familia y amigos. También muy felices de ver cómo nuestros hijos pueden crecer cerca de sus abuelos, tíos y primos», completa. «
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