Cinco claves de un histórico show de King Crimson en el Luna Park

Por: Sebastián Feijoo

La banda comandada por Robert Fripp se presentó por segunda vez en la Argentina en el marco del “2019 Celebration Tour”. Repasó buena parte de su carrera y ofreció una performance inolvidable con una formación que incluye tres baterías.

King Crimson es una leyenda mundial y construyó con muchos argentinos una relación singular. Para los más avezados todo comenzó de la mano del sorprendente y adelantado a su época “In the Court of the Crimson King” (1969), pero el encuentro que marcaría un antes y un después se concretó 25 años después. Corría 1994 y King Crimson llegó a la Argentina estrenando una nueva formación, el famoso doble trío, para adelantar gran parte del material que poco después conformaría el disco «THRAK» (1995). Fripp y compañía le daban una vuelta de tuerca más a su sinuosa carrera –siempre audaz y desafiante– y la consolidaban con sus cuatro shows en el Teatro Broadway y uno en La Plata que sellaron definitivamente el amor casi incondicional de los fans. El regreso se demoró demasiado y en el camino nos perdimos nuevas refundaciones, pero los shows del 8 y 9 de octubre de 2019 quedarán en la historia por múltiples factores. El esencial, afortunadamente, es la música.

Cinco claves para entender el show que King Crimson dio el martes en el Luna Park:

1) Ceremonial y protocolo. King Crimson propone una relación inusual con sus seguidores. Por si había algún distraído, el escenario del Luna Park incluía –antes de que comenzara el show– dos enormes cartelones que advertían la prohibición de sacar fotos durante el concierto. El mismo texto aseguraba que quien no respetara la normativa podría ser expulsado del Luna Park. Por si quedaban dudas, la sentencia fue leída en castellano e inglés. La obsesión de Fripp –el origen de la normativa– se respetó casi a rajatabla, imponiendo una noche sin celulares, donde la música fue “simplemente” ¡escuchada! Eso sí, quien se tentara y sacara un celular podía ser señalado con un «láser verde preventivo» por parte del personal de seguridad. La cuestión además de obsesiva puede parecer caprichosa, pero a casi nadie le importó porque todos querían ver y sobre todo escuchar a King Crimson.

2) ¿De qué se trata King Crimson? Todos quienes estaban en el Luna Park lo tenían muy claro. Pero existen humanos que no asistieron a ninguno de sus shows o escucharon sus discos. Nacieron de la constelación progresiva de fines de los 60, pero rápidamente demostraron ser mucho más originales, creativos, menos pomposos y con una envidiable capacidad para reinventarse. De la mano de Fripp, Crimson supo combinar música progresiva, metal, folk, jazz, influencias de Bela Bartok, el serialismo y muchísimo más. En estos 50 años King Crimson fue una entidad inestable. Se sucedieron separaciones recurrentes y muchos cambios de formación. Pero, al contrario de la mayoría de las bandas, esos parates, pérdidas y reconversiones siempre favorecieron transformaciones vitales y profundas. El mainstream nunca logró ni se preocupó por entender a King Crimson, pero Fripp siempre se las arregló para producir música en sus propios términos, bajo sus reglas y llegar a sus fans.

3) El contrato con su público. La música es tan rica y diversa como sus formas de disfrutarla. No existen maneras correctas ni incorrectas, está claro. Crimson tiene muchas influencias y formas originalísimas de desarrollarlas –Fripp es creador de afinaciones singulares y fundó un método para tocar la guitarra, entre otros asuntos–, pero sigue siendo un producto de la cultura rock. Sin embargo, con su público funciona un contrato sin firmas ni palabras: su música se escucha y se disfruta sin ceremonias, sin agites de parte del público y sin demagogia por parte de los músicos. Algunos podrán entenderlo como cierta frialdad y puede que exista algo de eso (antes Adrian Belew sumaba un factor más humano). Pero Crimson ofrece una avalancha sónica, de información y de matices que se transforman en una experiencia única y demandante. Un show de Fripp y compañía puede pegar más que un festival de pogo.

4) King Crimson 2019. La formación de la banda de Robert Fripp desde su vuelta en 2014 incluye músicos nuevos, reemplazos, regresos y bastante más. Pero ante todo es un concepto –una vez más– renovado. Que recobra ciertos aires de los 70, sí, pero que también trasciende el pasado, el presente y sugiere futuro. Acompañaron a Fripp en el Luna Park Tony Levin (bajo, stick y contrabajo), Jakko Jakszyk (guitarra y voz), Mel Collins (en vientos, un histórico) y ¡tres bateristas!: Pat Mastelotto, Gavin Harrison y Jeremy Stacey (que también toca teclados). Las baterías estaban dispuestas adelante del escenario y ofrecían una mecánica percusiva que obedecía una música ensayada al milímetro, momentos de improvisación y diálogos musicales, y métricas imposibles. Sobre esa base Levin sumaba sus interminables recursos, Collins sus solos casi de free jazz, Fripp sus riffs intrincandísimos y su sonido tridimensional, y Jakszyk –además de su talento como guitarrista– aportaba un registro preciso que se acercaba al de John Wetton.

5) Un repertorio sin desperdicios. Fripp seleccionó para el “2019 Celebration Tour” (los festejos de los 50 años de “In the Court of the Crimson King”) una lista de temas que buscó recordar parte de la carrera de la banda –del 69 al 81, casi exclusivamente– y algunos temas nuevos. Pero el recorrido por las composiciones históricas lejos estuvo de resultar una reproducción evocativa. Todas fueron rearregladas y amplificadas con gran audacia, creatividad y el enorme peso específico de las tres baterías. Así brillaron, entre muchas otras,  las versiones de la siempre demoledora “Red”, el clasicismo envolvente de «Epitaph», la belleza sinuosa de «Moonchild», las sutilezas de «Starless», el estallido de «Suitable Grounds for The Blues» (uno de los nuevos temas), la muy cambiada “Indiscipline” (en la que Jakszyk gritó, sobre el cierre, “¡Me gusta!”, en lugar del “I like it!” original registrado por Adrian Belew) y el final apabullante con el clásico «21 Schizoid Man». Fue un show de casi dos horas y media que no dio respiros.

50 años es un montón: una vida, con suerte. Y en tiempos de obsolescencia programada de electrodomésticos, apps, música y relaciones personales, muchísimo más. Difícil festejarlo mejor que como lo hace King Crimson.

-King Crimson. Martes 8 de octubre en el Luna Park. Repite el miércoles 9 a las 21.30.

 

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