Las cinco estrategias de la contraofensiva china

Por: Fernando Capotondo

Beijing respondió a la suba de aranceles de EE UU con una combinación de gravámenes, prohibiciones y sanciones a sus importaciones. Juicio ante la OMC y advertencias a Trump.

Aranceles adicionales de hasta el 15% a la producción agrícola de Estados Unidos, denuncias judiciales por evasión y monopolios, suspensiones focalizadas de importaciones, prohibiciones a 15 empresas bajo sospecha y una acusación formal ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), fueron parte de la batería de medidas económicas que la República Popular China puso en marcha en los últimos días, en respuesta a la “guerra” que el presidente estadounidense Donald Trump declaró a sus principales socios comerciales.

“Tomaremos todas las medidas necesarias para defender nuestros derechos e intereses legítimos”, advirtió el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, a través de su vocera Mao Ning, al plantear que “es tiempo de que Estados Unidos aprenda su lección y termine con esta práctica errónea” de aplicar cambios “arbitrarios” en las reglas de juego de la economía global.

“China cree que el proteccionismo no lleva a ninguna parte y que las guerras comerciales no tienen ganadores”, sostuvo la portavoz de la Cancillería, tras rechazar que las relaciones económicas entre ambas potencias sean “una estafa”, tal como las definió el secretario del Tesoro de los EE.UU, Scott Bessent, como informó la agencia Xinhua.

Para Beijing, calificar el vínculo económico en esos términos no solo constituyó una “subestimación a las empresas y a los consumidores de Estados Unidos”, sino también una suerte de negación de los 918.400 millones de dólares que alcanzó el déficit comercial de los EE.UU. con el resto del mundo durante 2024. Aclaración necesaria: el desbalance no es solo con China, también se extiende a países como México, Canadá, Alemania, Japón e Irlanda, según consigna la plataforma de análisis Trading Economics.

Precisamente, varios de estos países también fueron objeto de mayores aranceles desde Washington, aunque en algunos casos se fue posponiendo su entrada en vigencia producto de las negociaciones iniciadas con los respectivos gobiernos.

No fue el caso de China, donde funcionarios del nivel del canciller Wang Yi y el ministro de Comercio, Wang Wentao, salieron a repudiar lo que calificaron “chantajes arancelarios” al país asiático, al tiempo que lanzaron una serie de denuncias, sanciones e investigaciones con la mira puesta en la administración Trump y las importaciones procedentes de los EE.UU.

Las represalias

La profundización de esta guerra comercial entre China y Estados Unidos se produjo a partir de la reciente decisión de Washington de aplicar otro arancel del 10% a los productos chinos – por el supuesto desinterés de Beijing en combatir la producción de fentanilo –, que se sumó a la tasa adicional del 10% que ya había entrado en vigencia en febrero pasado.

En respuesta, Beijing pagó con la misma moneda y dispuso un nuevo arancel del 10% al sorgo, soja, cerdo, ternera, mariscos, frutas, verduras y productos lácteos procedentes de los EE.UU.; además de otro del 15% a las importaciones de pollo, trigo, maíz y algodón.

Asimismo, el Ministerio de Comercio prohibió la exportación de artículos de doble uso de otras 15 empresas estadounidenses – entre ellas Leidos, Gibbs&Cox, IP Video Market Info –, bajo la acusación de poner en peligro la seguridad e intereses nacionales. 

La citada cartera también inició acciones legales contra Estados Unidos en el marco de los mecanismos de solución de disputas de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Según la denuncia, el gobierno de Trump violó las reglas del organismo internacional y atentó contra la cooperación económica y comercial entre ambos países.

En lo que es la primera causa anti-evasión en China, se inició una investigación sobre productos de fibra óptica importados desde los EE.UU., tras detectarse la presunta evasión de las normativas antidumping del país asiático, según destacó la profesora de la Escuela de Derecho Internacional de la Universidad de Ciencias Políticas y Derecho de China, Shi Xiaoli.

Por su parte, la Administración General de Aduanas (AGA) suspendió las importaciones de soja de tres empresas estadounidenses – CHS Inc., Louis Dreyfus Company Grains Merchandising LLC, y EGT LLC – al haberse detectado un hongo parasítico llamado cornezuelo en el recubrimiento de las semillas, en cumplimiento de las medidas de control dispuestas para salvaguardar la salud de los consumidores chinos.

El organismo también frenó las importaciones de troncos de madera de Estados Unidos para evitar la introducción de especies dañinas y proteger la producción agrícola y forestal de China, tras haberse detectado la existencia de plagas sujetas a cuarentena, entre ellas escarabajos de corteza y de cuernos largos.

La coincidencia menos pensada

En medio de este cruce de acusaciones, denuncias y sanciones, un centro de estudios de Estados Unidos advirtió esta semana que la política arancelaria de Trump podría aumentar la inflación en un punto porcentual y licuar un promedio de 1.600 dólares de renta anual de los hogares estadounidenses.

El análisis del Yele Budget Lab planteó que el nivel de precios en Estados Unidos subiría entre un 1 y 1,2 por ciento, lo que equivale a una pérdida para los consumidores de entre 1.600 y 2.000 dólares por hogar. Según explicaron, los aranceles constituyen un impuesto regresivo, sobre todo en el corto plazo, lo que significa que tienen una mayor incidencia en los hogares de menores ingresos de la sociedad.

El centro de investigación de políticas públicas también informó que el crecimiento real del Producto Bruto Interno (PBI) estadounidense será 0,6 puntos porcentuales inferior en 2025 y, a largo plazo, la economía podría achicarse entre un 0,3 y 0,4 por ciento, lo que representa entre 80.000 y 110.000 millones de dólares anuales.

En el otro extremo del planeta, el Ministerio de Comercio chino planteó que la acumulación de aranceles estadounidenses sobre productos “hechos en China” no contribuye a la denominada “seguridad nacional” ni ayuda al crecimiento de las industrias de ese país, sino que “simplemente pone de relieve el unilateralismo, el proteccionismo y las prácticas intimidatorias de Washington”.

“Tanto los aranceles de la Sección 301 como los de la 232 han sido declarados como violaciones de las reglas comerciales multilaterales por parte del mecanismo de solución de diferencias de la Organización Mundial de Comercio”, explicó He Yongqian, portavoz del ministerio, al ser consultada sobre los aranceles del 25% que ya afectan las importaciones de acero y aluminio.

“China, junto con otros países, se opone firmemente a estas acciones e insta a Estados Unidos a cancelar lo antes posible las medidas sobre el acero y el aluminio”, afirmó la funcionaria tras destacar que ambos países mantienen abiertos diferentes canales de comunicación en materia comercial.

La mayoría de los análisis políticos/económicos coinciden que una guerra arancelaria no beneficia a ninguna de las partes.

Trump ya inició lo que promete ser una larga disputa comercial. China ya respondió con una batería de medidas y eligió mostrar sus cartas al mundo: “Si Estados Unidos tiene otra agenda en mente e insiste en librar una guerra arancelaria, comercial o cualquier otra guerra, China no se inmutará y estará dispuesta a dar la respuesta adecuada”.

Todo indicaría que ya empezó a darla.

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