El éxito de “Ford vs. Ferrari” puso nuevamente en primera línea a los films que apuestan a la épica de las carreras. Más reales o más fantasiosas, la adrenalina de las competencias con el acelerador a fondo sigue conquistando multitudes.

Un clásico del cine popular en buena parte porque tenía como protagonista a Steve McQueen (¿sabrán les chiques de dónde viene el nombre del héroe de la saga animada Cars?), que como tal muestra muy bien las ideas y costumbres (incluidas las amorosas) de época pero no trasciende su espacio tiempo. Entretenimiento asegurado para los amantes de autos y pilotos, poca atracción para los que buscan algo más relacionado con la lucha empresarial. Su historia: un piloto americano (McQueen) vuelve a Francia tres años después de haber quedado fuera de las carreras por un accidente. Entre sus dudas y temores, se enamora de la mujer que fue pareja de uno de los pilotos que murió en el mismo accidente que participó McQueen.
Carrera mortal 2000 (1975)
Sus ingredientes son contar con David Carradine y Sylvester Stallone como sus protagonistas. Y algo nada menor: su distopismo sobre el 2000, que si bien ya no era la fantasía idílica de unos años antes, aún resultaba un futuro deseable para las mayorías. Lo que ha sucedido en el mundo según el film es que en 1979 los Estados Unidos se derrumbaron, y entonces estalló la anarquía y el colapso económico. Lo que viene es un totalitarismo que gobierna la ley marcial como si fuera la Constitución Nacional. Como parte del circo que siempre se necesita, organizan la Transcontinental Road Race, cuyo lema es: «En el año 2000 atropellar conduciendo no es un crimen, es el deporte nacional». Y de eso se trata, de que los conductores recorran el país a la manera de un videojuego, en el que cuanto más cosas se llevan por delante (en especial peatones, que cuanto más inocentes más puntos le dan en la competencia). Pero en el año 2000 la resistencia se ha organizado. Y un grupo dirigido por Thomasina Paine (descendiente directa del revolucionario norteamericano Thomas Paine), planea un golpe para desatar la rebelión de las masas.
Días de trueno (1990)
Una con las que Tom Cruise conquistó a las multitudes. Y lo hizo de la mano del mismo director con el que había llamado la atención del mundo con Top Gun, Tony Scott. Ideal para ver antes de que en junio se estrene Top Gun: Maverick, con el mismo Cruise. Él es una gran promesa automovilística y cuando está a punto de conseguir la gloria sufre un accidente que lo manda por muchos meses al hospital. En su recuperación conoce a la Doctora Claire Lewicki (Nicole Kidman, de quien ya se había enamorado pero aún no casado: lo harían ese año), y de la mano de ella volverá a las pistas. Tiene los mejores ingredientes de los films de carreras cuando están decididamente volcados a la acción, en una época en la que aún sólo pueden triunfar los buenos. Y es el debut de Kidman en Hollywood.
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