
Antes de volverse una figura pública a causa de estos hechos, Cositorto tampoco era un completo desconocido. Algunos de los diarios y programas de radio y televisión que ahora informan sobre la marcha de la investigación, poco tiempo antes elogiaban a Cositorto y su modelo de negocios a través de notas y entrevistas pagas que en la jerga periodística se conocen como publinotas. Una vez estallado el escándalo, tanto la Asociación Argentina de Coaching Ontológico Profesional (AACOP) como la Federación Internacional de Coaching Ontológico Profesional (FICOP) se desmarcaron de los hechos y de las personas involucradas en ellos a través de comunicados que fueron rápidamente replicados en distintos medios. Lo que estos comunicados dan a entender, y lo que muchos de estos medios se apresuraron a confirmar mediante interpretaciones interesadas, es que Cositorto no tiene ningún vínculo con estas instituciones ni con la ética que ellas fomentan. Incluso se ha llegado a informar, contribuyendo a la desinformación general, que Leonardo Cositorto no es coach ontológico. Una nota de la periodista Victoria De Masi publicada el 26 de febrero en elDiarioAR despeja cualquier duda al respecto. De Masireconstruye en detalle la carrera profesional del fundador de Generación Zoe, desde su certificación como coach ontológico en Argentina hace veinte años hasta su expulsión de la AACOP en 2018 luego de que la Comisión de Ética de la asociación investigara denuncias reiteradas en su contra.
Si se tiene en cuenta la injerencia creciente del coaching ontológico en el campo de la educación, la salud y la política en varios países de la región, y muy especialmente en Argentina, tal vez la dimensión ética que plantea este caso no sea el menor de los problemas. Evidentemente el actuar de Cositorto no es representativo de las acciones que llevan a cabo los y las profesionales del coaching ontológico, pero tampoco es un hecho aislado ni excepcional en la disciplina, como sugiere la AACOP, la FICOP y los medios que salieron a respaldar los comunicados de ambas instituciones.
Un hecho reciente que vale la pena recordar es la estafa piramidal conocida como Telar de la abundancia. La misma se organizaba en torno a círculos de mujeres inversoras reunidas por la promesa de altos retornos y fuertemente atravesadas por el discurso del empoderamiento. También en este caso el coaching ontológico era utilizado junto a otras técnicas de desarrollo personal como una prédica motivacional que combina elementos espirituales y financieros. Se podrían multiplicar los ejemplos de este tipo dentro y fuera de nuestro país, con mayor o menor cobertura mediática.
De todos modos, la relación problemática entre ética y coaching ontológico no se limita a las distintas formas de engaño y fraude que cobraron fuerza en el último tiempo. Como recuerda Rafael Echeverría, uno de los principales referentes de la teoría y la práctica del coaching ontológico, esta disciplina tiene “orígenes oscuros”. Estos se remontan a fines de los años ochenta cuando el maestro de Echeverría, Fernando Flores, experimentaba con la manipulación y otras técnicas de persuasión coercitiva a fin de obtener más y mejores resultados en las personas que participaban de su escuela. Con el correr de los años, y luego de que se hicieran públicas numerosas acusaciones por maltrato, se intentó establecer un marco ético para el ejercicio de la profesión, pero como reconoce el propio Echeverría la disciplina no está exenta de “resabios autoritarios del pasado”. Hoy en día Argentina es el país donde el coaching ontológico se encuentra más desarrollado a nivel disciplinar, institucional y pedagógico, al punto que se ha vuelto habitual encontrar representantes de esta práctica ocupando lugares de saber-poder en ámbitos públicos y privados. Sin embargo, la crítica a este dispositivo de entrenamiento existencial no puede consistir únicamente ni en primer lugar en denunciar su falta de consistencia ética. Más bien habría que empezar por preguntarse qué sistema de valores y creencias promueve el coaching ontológico para que se haya convertido.
Hoy en día Argentina es el país donde el coaching ontológico se encuentra más desarrollado a nivel disciplinar, institucional y pedagógico, al punto que se ha vuelto habitual encontrar representantes de esta práctica ocupando lugares de saber-poder en ámbitos públicos y privados. Sin embargo, la crítica a este dispositivo de entrenamiento existencial no puede consistir únicamente ni en primer lugar en denunciar su falta de consistencia ética. Más bien habría que empezar por preguntarse qué sistema de valores y creencias promueve el coaching ontológico para que se haya convertido en un símbolo filosófico y ético-político del capitalismo contemporáneo.
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Excelente nota!!! Es imprescindible empezar a abrir la cabeza e independizarla del manejo subjetivo de la información.