Comienza a despedirse la venganza de los nerds

Por: Belauza

Se estrena el primer capítulo de la última temporada de The Big Bang Theory, el megaéxito global que ni la era del streaming pudo detener. Las aventuras de un grupo de jóvenes devotos de la tecnología y de escasas aptitudes sociales ya tienen una celebrada precuela.

Como todo sueño que llega a su fin, el de The Big Bang Theory produce tristeza. Al menos para los millones de seguidores que supo cosechar alrededor del mundo. La serie que popularizó hasta el merchandising a Sheldon, Leonard, Penny, Howard, Raj, Amy y Bernadette, y reivindicó la llamada cultura geek, comienza su última temporada, la número 12. Habrá tiempo para degustarla –y llorarla– hasta mayo de 2019, en lo que se espera sea una emotiva despedida.

Todo comenzó con la llegada de Penny, aspirante a actriz, al departamento vecino al que compartían Sheldon y Leonard, dos físicos del Instituto Tecnológico de California (Caltech), espacio en el que ya habían construido una amistad con Howard y Raj. Leonard se enamora a primera vista de Penny y a partir de ahí se generarán múltiples enredos. Se supone que, como buenos científicos, son muy torpes en las relaciones sociales, en especial si de engancharse con una mujer se trata, así que la serie apostaba definitivamente al humor. Eso, en septiembre de 2008, con el drama como el género dominante de toda la escena seriéfila, resultaba una especie de vendetta de la comedia.

Tres de los aspectos que marcaron a The Big Bang Theory fueron su formato de media hora, que permitía no estar demasiado pendiente para seguir la historia –como proponían casi en dogma religioso sus rivales–; un tema bien ajeno a la mayoría de las personas, como las ciencias duras (es más difícil reírse de algo que resulte cercano, como el amor, el odio, la caída económico-social); y un elenco de desconocidos a los que no se podía criticar por prontuario. The Big Bang Theory también se propuso molestar a la hegemonía del drama, el género que había comandado el resurgimiento de las series como atractivo central de una industria que hacía años había empezado a dar serios síntomas de agotamiento como entretenimiento popular predilecto, acusando el impacto de Internet.

En esa televisión –que aún no conocía el streaming–, The Bing Bang Theory fue sin dudas una brisa de aire fresco. Pese a que tenía –tiene– más cálculo que desenfado, proponía poner en el centro de la escena a una subcultura con múltiples intereses y particularidades que otras producciones sólo habían observado para burlarse o para considerarlos héroes solitarios y locos. A pocos días de la caída de Lehman Brothers, que simbolizaba la dimensión de la crisis de 2008, su aparición en la CBS de la mano de una productora major como Warner Bros sonaba a una contraofensiva de la televisión abierta. O a una venganza de los nerds, como dijeron algunos.

El mundo que hasta ese año había privilegiado la televisión respaldaba sin dudar a una clase media atiborrada de valores simbólicos: de Dexter a Mad Men, de Los Soprano a 24, de Lost a Breaking Bad, todo olía mucho al mundo que en breve catapultaría a Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos. Cualquier cosa con aroma a popular tendría su lugar siempre y cuando fuese a través de una mirada de ese sector social que había copado Hollywood como pocas veces en su historia.

The Big Bang Theory resultó la arremetida de los iguales olvidados: la idea del científico loco, romantizada por el siglo XX, no hacía honor al colectivo de mujeres y hombres (aunque por su época la serie no estaba muy preocupada por la igualdad de género), con problemática propia que podían reconocerse a través del humor. Sin dudas, The Big Bang Theory reabrió la puerta para que la comedia, ese género popular por excelencia, nuevamente formara parte del foco de atención de las cadenas y señales.

Hoy el mundo que la vio nacer es otro: no sueña tanto con la panacea científico-tecnológica, más bien todo lo contrario. Incluso parece no tener espacio para la risa: al menos para la sencilla y por momentos ramplona de Sheldon y los suyos. Entonces, claro que su final vale cierta tristeza. Pero como todo buen seriéfilo –y no tanto– sabe, significa que algo igual de bueno puede venir. «

La continuidad está asegurada con Young Sheldon


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Contar los orígenes de Sheldon Cooper fue la manera que el guionista, director y productor Chuck Lorre eligió seguir para diversificar a The Big Bang Theory, su gran creación. El año pasado se estrenó Young Sheldon y se transformó en un gran éxito global. El primer capítulo de la flamante serie fue visto por 17,21 millones de espectadores (superior al formidable promedio de 15 que mantiene la serie The Big Bang Theory).

La precuela rastrea los motivos por los que Sheldon se convirtió en un científico con enormes problemas en las relaciones sociales. La serie inicia la historia en 1989, en la ficticia localidad de Medford, este de Texas, cuando Sheldon Cooper tenía 9 años y ya mostraba conocimientos avanzados para su edad. Es narrada por el mismo Jim Parsons, pero desarrolla otro tono. Tiene algo de Los Simpson: el padre quiere ser el técnico del equipo de fútbol americano del instituto; la madre es convencional, pero lucha por que su hijo se haga un lugar; el hermano mayor quiere ser popular en la escuela pero está a la sombra de Sheldon; y su hermana melliza es una especie de Lisa con toques de Maggie.

La segunda temporada de Young Sheldon se estrenará en la Argentina mañana a las 21:30 por Warner Channel.

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