Los laderos de Karina Milei y Santiago Caputo redoblan la apuesta en una interna incontrolable que pone en aprietos a Javier Milei. La postergación del recambio de nombres, el as bajo la manga del presidente que busca ganar tiempo en su impostergable definición por alguno de los bandos.

La lejana derrota bonaerense en la Provincia de Buenos Aires en septiembre obligó al presidente a tomar decisiones. El separatismo infantil con la que se recibieron los resultados de los comicios en aquella elección hizo entender al líder libertario que de la única manera que podría controlar la interna era ordenándola. Por eso, para mediar entre Las Fuerzas del Cielo y las de la gestión, como se arrogaron pertenecer Sebastián Pareja y Eduardo “Lule” Menem, Milei bendijo a Pilar Ramírez, la mano derecha de su hermana, como interlocutora entre los sectores en la coordinación de una campaña que se sabía bisagra. La llegada de la presidenta porteña de La Libertad Avanza fue bien recibida por todas las tribus, que decidieron firmar una tregua que finalizó este domingo a las 21.
La división se manifestó de manera poco natural durante la noche de jolgorio libertario. Cuando el presidente subió al escenario junto a su hermana de sangre y su hermano del alma, los dos bandos no dudaron en hacerse ver. “Saquen al pingüino del cajón para que vea que los pibes cambiaron de idea, llevan las banderas que trajo el león”, entonó a todo pulmón la juventud pintada de bordó, el color que adoptaron como propio Las Fuerzas del Cielo. Minutos más tarde, con el presidente afuera del escenario, los dirigentes bonaerenses ligados a Sebastián Pareja se aglomeraron en un pogo alevosamente ruidoso para retrucar. “Para Pareja la conducción”, agitaban mientras los celestiales forzaban sonrisas con las que pretendían ocultar la furia.
El karinismo, que por meses se ocupó de mover sus fichas por debajo de la mesa, está eufórico. En el círculo político que rodea a la secretaria general están convencidos de que el triunfo les pertenece. El razonamiento tiene parte de razón. La insistencia del clan riojano de aterrizar en las provincias con listas propias -a contramano de los acuerdos con los oficialismos que impulsaba Caputo y hasta el propio Guillermo Francos– logró que este sector armara a gusto y piacere las listas territoriales.
Los resultados le abrieron la puerta a una horda de fieles menemistas que ingresarán a cargos legislativos bajo la estricta tutela de los herederos políticos del ex presidente. Además del propio Pareja, en el Congreso se sentarán Miriam Niveyro, Alejandro Carrancio y Andrea Vera, hija de Ramón “el nene” Vera, el ex candidato a intendente del Frente de Todos que el armador bonaerense puso como su mano derecha para configurar las listas en la madre de todas las batallas. El morenista tuvo días agitados en las redes sociales, donde atacó sin pudor a los celestiales encabezados por Daniel Parisini. Los festejos cargados de sorna siguieron publicándose durante toda la madrugada del domingo. No es para menos.
“No nos vamos a cansar nunca de agradecerles al presidente Milei y a El Jefe Karina por su valentina, y a Lule y Martín Menem por su incansable trabajo y la estrategia trazada a lo largo y ancho del país. Su empuje, esfuerzo y convicción son fiel reflejo de lo que es La Libertad Avanza, un partido que vino a cambiar a la Argentina para siempre”, posteó Pareja este mediodía para remarcar una vez más la postura que adoptan de su lado del Rubicón.
En el sector ligado a Santiago Caputo hacen una lectura diametralmente opuesta. No sólo están convencidos de que la remontada nacional se debe a un estudiado cambio de discurso. También afirman que la decisión del asesor de ponerse al frente de la estrategia de campaña fue fundamental para convertir en votables a los cuestionados candidatos que La Libertad Avanza llevó en las boletas nacionales.
La lectura puede justificarse con hechos concretos. La campaña bonaerense del 7 de septiembre que llevó a LLA a una derrota abrumadora de 14 puntos por debajo de Fuerza Patria tuvo al gurú presidencial relegado de las decisiones. Pasado el golpe, el presidente constituyó una mesa política en la que entronó a su asesor y le entregó las riendas estratégicas de la elección. En cincuenta días, Diego Santilli logró juntar casi un millón de votos más. El peronismo no superó los cuatrocientos mil. Las cuentas dan respuestas contundentes.
El karinismo rebate los argumentos y deja al asesor y su clan fuera de todo mérito. “La estrategia nacional fue nuestra. En Provincia, Santilli le entregó la campaña a Fabián Pereyra (ladero del ex larretista desde sus tiempos como funcionario porteño), que a su vez le bajó órdenes a todos los que ahora se quieren quedar con la medalla”, dijo a Tiempo un ladero de la secretaria general dispuesto a ir a la guerra. En el caputismo optaron por advertir que fue el propio presidente quien reivindicó al asesor en su discurso post triunfo. Jaque.
El berretín internista tiene un trasfondo aún mayor que el mero adjudicamiento de un triunfo electoral. Los campamentos pelean a muerte por ser elegidos protagonistas de la impostergable reconfiguración política del gobierno, que tiene a todos sus actores atados a una disputa que miran desde los más variados ángulos. Es en este punto donde el círculo congénito se expande y empieza a sumar más comensales que exigen resoluciones concretas de su líder.
La expansión de poder de Caputo chocó de frente con las responsabilidades rudimentarias de la gestión. El asesor, quien todavía no abandonó las sombras, se puso al frente de las gestiones políticas con la oposición dialoguista, cerrando tratos legislativos y disponiendo laderos en áreas sensibles de la gestión, relegando al actual jefe de gabinete a ser un mero observador de una realidad que le pasó por encima.
Fue la obscenidad del caso lo que empujó al ministro coordinador a confrontar públicamente con quien hasta hace pocos meses era su aliado dentro del gobierno. “Todos los que tomamos decisiones tenemos que tener firma”, lanzó Francos dos semanas antes de la elección para poner en aprietos al asesor. En rigor, el pedido ya había sido formulado veinte días antes en una cumbre de mesa política frente al presidente. Todos los presentes, incluído Caputo, entendían que el pedido era razonable. Lo que nadie se atreve a advertir es si el propio jefe de gabinete razonó que un cambio de esa envergadura podría empujar su salida de la gestión.
Será por eso que en la mañana del lunes el presidente decidió postergar su decisión. “Tengo tiempo hasta el 10 de diciembre”, sentenció sin dar margen a cuestionamientos. ¿El corazón de su gobierno resistirá hasta esa fecha? Será cuestión de tiempo poder contestar esa pregunta.
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