El presidente volvió exultante de Davos por su incorporación al Board of Peace impulsado por el mandatario estadounidense. Voces cercanas al oficialismo señalan que esa iniciativa busca instalar una suerte de ONU paralela que le dé cobertura a Wahington. Se debilita la posibilidad del argentino Grossi en Naciones Unidas.

El anuncio se conoció cuando el presidente todavía no cumplió 72 horas de su último viaje al exterior. El jueves volvió a Buenos Aires, proveniente de Davos. Llegó en estado de total euforia después de ofrecer un discurso más edulcorado ante el foro de magnates que se reúne todos los años al pie de los Alpes Suizos. Este sábado se enteró de que el diario The Washington Post lo elogió en una editorial y consideró su reivindicación ultra del capitalismo global como algo necesario. En la Casa Rosada saborean las mieles de la última gira. Embriagados de poder, ponen el foco en la inclusión de Argentina como “miembro fundador” del Board of Peace, la nueva organización que lanzó la Casa Blanca para impulsar la reconstrucción de la Franja de Gaza.
Cerca del presidente aseguran que se trata de un paso muy importante, que profundiza la relación política con la administración de Donald Trump. En otros rincones del gobierno libertario no quieren desautorizar el optimismo presidencial, pero admiten que la decisión que tanto celebran se puede transformar en un disparo en el pie para otra decisión de Milei. El “Consejo de Paz”, como llaman en español a la mesa que armó Trump, es considerado un intento del trumpismo por crear una versión paralela de las Naciones Unidas en medio de las nuevas ofensivas militares que impulsa la Casa Blanca. “Es una ONU blue que promueve Estados Unidos en un momento de extremo aislamiento internacional”, evaluó una alta fuente diplomática.
La caracterización no resulta sorprendente pero deja un sabor amargo en un sector del gobierno, especialmente entre aquellos que le aconsejaron a Milei que se suba a la candidatura del argentino Rafael Grossi como secretario General de Naciones Unidas. El experto actualmente es el titular de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA). Está encargado de fiscalizar el uso nuclear para fines pacíficos y limitar el desarrollo de armamento de destrucción masiva. Cobró relevancia internacional durante las inspecciones realizadas en la central nuclear de Zaporiya, en Ucrania, a partir de la invasión de Rusia y luego estuvo en Teherán para fiscalizar el uso de plutonio enriquecido iraní.
Fue antes del ataque que lanzó Washington contra la nación persa con el argumento de que tenían armas de destrucción masiva. Desde el año pasado, Grossi se transformó en un referente del multilateralismo ante el mapa que dibuja la Casa Blanca. Así creció su candidatura y, hasta ahora, existían chances concretas de sumar respaldos para suceder al portugués Antonio Guterres, elegido por Israel como un enemigo desde que condena el genocio en Gaza.
La buena estrella del argentino entró en crisis desde que Milei decidió sumarse al Board of Peace. La presencia de Argentina en el intento trumpista de duplicar la ONU destroza la posibilidad de Grossi para ganar las elecciones de la organización creada después de la Segunda Guerra Mundial. Ahora la Casa Blanca quiere suplantarla por el Consejo de Paz, pero como una forma directa de desconocer las decisiones que puede tomar la ONU.
El Consejo de Seguridad es la instancia más determinante de Naciones Unidas y sus cinco miembros tienen poder de veto sobre todas las decisiones del organismo. Los candidatos a la secretaría general primero deben sobrevivir a la mayoría que se imponga entre esas cinco acciones de oro compartidas desde hace 80 años entre Francia, Rusia, Inglaterra, China y los Estados Unidos.
La decisión de Trump de buscar una instancia paralela a ese consejo pone a los demás socios en su contra. En ese contexto, la candidatura del argentino Grossi quedó malherida desde que Milei decidió respaldar a Washington. La demostración de los daños iniciales se puede verificar en la fundación del Board porque tiene 60 respaldos internacionales, pero ninguno proveniente de los cuatro miembros del Consejo de Seguridad por fuera de Estados Unidos. Respaldado por Milei como candidato y desautorizado por la decisión de esta semana, Grossi ya sabe que no pasará el cedazo del Consejo de Seguridad porque su país de origen busca reemplazar a la ONU, pero al mismo tiempo lo promueve como candidato.
El dato no pasa inadvertido en la Cancillería, pero su titular, Pablo Quirno, fue el encargado de ponerle la firma al nuevo organismo que promueve Trump. Con las aspiraciones de Grossi heridas por sus propios impulsores, la relación de Milei con la administración trumpista entrará en otra etapa. “Nadie va a acompañar una aventura militar de Trump. Ni Francia, ni Inglatera y ni siquiera Italia. Eso va más allá del Consejo de Paz. Su disparador gira en torno a la negativa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de aceptar el intento de anexión de Groenlandia a Estados Unidos”, aseguró un influyente observador que incomoda al gobierno. Desde su punto de vista, la alianza trasatlántica está quebrada. Estados Unidos ya ni cuenta con el apoyo de Canadá. Todos los países de la Unión Europea, salvo Hungría, salieron decididos a confrontar con su viejo aliado norteamericano desde la posguerra.
Las diferencias de Trump con los viejos aliados atlánticos no aflojaron y podrían impactar con más fuerza en el gobierno libertario. El distanciamiento entre Washington y Londres podría poner en riesgo el interés de Milei de viajar en abril o mayo a Reino Unido para reunirse con su par, el laboralista Keir Starmer. Si lo concreta sería el primer mandatario argentino en visitar el Reino Unido después de Carlos Menem, pero el escenario no parece promisorio después de la aceleración de las diferencias con la OTAN. Para Buenos Aires no es un dato menor y menos para un presidente que reconoció, por error u omisión, el presunto derecho de autodeterminación de los habitantes británicos de las Islas Malvinas. Así desconoció más de un siglo de reclamos argentinos de soberanía sobre el archipiélago, realizados antes, durante y después de la guerra de 1982.
En el gobierno aseguran que el viaje sigue en pie y que Milei buscará reabrir las conversaciones con Londres, aunque el Foreign Office sostiene que esa instancia no existirá.
La Casa Rosada tiene una agenda inmediata más relevante que la decisión de un eventual viaje presidencial a Inglatera. El canciller Quirno viajará el 4 de febrero a Wasghinton para participar de la Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos que convocó el Departamento de Estado. El secretario Marco Rubio ya invitó a sus dos aliados sudamericanos. Participarán Paraguay y Argentina en una ronda de negociaciones donde Estados Unidos buscará profundizar el control de minerales determinantes como el litio, el uranio, el níquel, el titanio, y las denominadas tierras raras. Son insumos clave para la fabricación de baterías, energías renovables, tecnología digital avanzada y aplicaciones industriales sensibles. Estados Unidos es el principal comprador de litio de Argentina y la presencia de Quirno anticipa que la letra chica del vinculo con Washington entrará en otra etapa después de la incursión militar en Venezuela, el secuestro de Nicolás Maduro y la intervención militar en el Mar Caribe.
Milei recibe reportes de una creciente distensión en el Caribe después de la operación del Comando Sur, pero en un contexto inestable donde las diferencias de EE UU con Europa quedaron nuevamente expuestas con la firma del acuerdo UE-Mercosur, con un Milei que celebra el pacto pero al mismo tiempo buscará cerrar un acuerdo con la Casa Blnaca aunque eso complique el vinculo con los demás socios del Mercado Común del Sur.
La tensión por el control de Groenlandia en el Ártico no sólo esta vinculada a la tensión con Rusia y China sino también al control de los preciados minerales críticos.
El nuevo capítulo pactado entre EE UU y la OTAN desató repercusiones en el sur. Esta semana, el Ministerio de Defensa decidió ejercer el control total del Puerto de Ushuaia y sacar a todo el personal civil. El movimiento se conoció por las denuncias de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y desató interrogantes sobre la posible aceleración de la base militar conjunta con Estados Unidos en ese mismo puerto para ejercer el control logístico a la Antártida y al Estrecho de Magallanes. El plan no pondría en riesgo el control argentino, pero en el marco de la cooperación militar con el Pentágono que no se quedará en Tierra del Fuego sino que buscará sumarse a la presencia argentina en la Antártida, en un despliegue de dos tiempos donde Washington aumentará su presencia en el sur austral, con o sin Consejo de Paz, pero con la mira puesta en los mismos minerales críticos que Rubio analizará con Quirno en febrero.
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