
El virus surgió en la ciudad de Wuhan, capital de la provincia de Hubei, en el centro del país, donde mutó de algunos animales a personas. Las autoridades chinas actuaron con celeridad informando tanto a la comunidad local como a la internacional, para evitar algunos de los errores cometidos en 2003 ante una situación similar producida por el SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave).
Es así que se aisló, virtualmente, a la provincia de Hubei (de 56 millones de habitantes), y se construyeron en menos de dos semanas dos hospitales para atender esos enfermos o posibles contagiados. Asimismo, se avanza en la obtención de la vacuna y se están aplicando las nuevas tecnologías como la inteligencia artificial para detectar posibles contagios. En las estaciones ferroviarias comenzaron a instalarse cámaras termográficas para verificar la temperatura corporal de los pasajeros.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, sostuvo: «Hubiéramos visto muchos más casos fuera de China si no fuera por los esfuerzos del gobierno».
Mientras tanto, se han visto conmovedoras muestras de solidaridad de la población. Es muy común encontrar en muchas ciudades del país manifestaciones públicas desde balcones de edificios, sobre todo por las noches, llamando a fortalecer el espíritu de lucha. El hecho hizo recordar a agosto de 1998 cuando junto con el Ejército pudieron contener los diques a lo largo de la cuenca del río Yangtsé, desbordado por terribles inundaciones que amenazaban con hacer desaparecer a decenas de ciudades.
Pero mientras esto ocurre en la potencia asiática, algunos voceros del gobierno norteamericano y parte de su periodismo anuente intentan sacar beneficios de esta situación. El secretario de comercio de EE UU, Wilbur Ross, manifestó que el coronavirus podría repercutir positivamente en la creación de trabajo en su país, por ejemplo.
El presidente Donald Trump no se quedó atrás y ha decidido cerrar la frontera a todo ciudadano proveniente de China o que haya estado en los últimos días en ese pais.
En medio de este escenario, esta semana ocurrió algo que vuelve a sorprender por lo fantástico. Comenzó a circular por las redes sociales una advertencia a la población argentina explicando cómo mirar los envases de los productos que habitualmente se compran en los mercados e hipermercados. El texto detalla en un listado los tres últimos números del código de barra de cada producto y su vinculación con el pais de procedencia. Esto es acompañado con un texto induciendo a la población a que tome recaudos tratando de evitar consumir productos de origen chino. Es decir que busca crear el miedo a consumir cualquier producto de ese origen, desde alimentos hasta celulares. Estos son los parámetros que utiliza una parte de occidente en su guerra “comercial” contra China.
Sin debilitar las prevenciones para evitar contagios, con lo cual hay que estar atentos y tomar todas las medidas aconsejadas por las autoridades sanitarias, se debe advertir contra esta manipulación en los modernos medios de comunicación. Sobre todo cuando es la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) la que evita calificar el fenómeno como pandemia, y “desaconseja” las restricciones en el comercio y el transporte desde y hacia China.
Lo que se destaca es la forma en que los medios concentrados de “desinformación” del capital financiero internacional difunden las noticias referidas a la epidemia. En lugar de impulsar la mayor solidaridad internacional tergiversan y siembran terror, mientras al mismo tiempo ocultan la verdadera pandemia que sufre la humanidad, que mata cientos de millones de seres humanos al año, que es el flagelo de la pobreza.
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