Cristina después de la represión: «Los violentos no somos nosotros»

Por: Gimena Fuertes

Al cabo de una jornada de extrema tensión, la vicepresidenta salió a agradecer el apoyo de la militancia. Su barrio fue vallado por el gobierno porteño para impedir la presencia de sus seguidores y hubo represión.

Había caído la noche. Después de la represión de la policía de la ciudad, la militancia seguía llegando a los alrededores de la casa de la vicepresidenta Cristina Fernández. Allí también se reunía toda la dirigencia de primera línea del Frente de Todos. La tensión seguía. Al pronunciamiento del presidente Alberto Fernández contra «la violencia institucional» le había sucedido una reunión de los ministros de Seguridad de Nación y de Ciudad que no llegó a un acuerdo. «Va a halar CFK», fue el mensaje que llegó a todos los teléfonos celulares.

A las diez de la noche, la vicepresidenta se encargaba de cerrar un día de una intensidad inusitada que había comenzado con el vallado completo de las calles que rodeaban el edificio donde reside para evitar nuevas muestras de apoyo de la militancia: “Tenemos que pedirle la oposición, sobre todo ahora que se avecina una nueva campaña presidencial, que dejen de competir entre sí a ver quién odia más y pega más a los peronistas”, le dijo a la multitud reunida en Recoleta, y le pidió que «vaya a descansar».

«Se lo recomiendo como compatriota y como ciudadana, esas competencias a ver quién castiga más las manifestaciones populares… ha habido demasiada sangre, con tiros, bala, gas lacrimógeno”, dijo Cristina desde un escenario improvisado a último momento.

Según pudo saber Tiempo, la hipótesis de provocación por parte de la policía de la ciudad estuvo presente desde un primer momento en el entorno de CFK. El hostigamiento a la militancia había empezado temprano cuando dos cuadras de la calle Juncal amanecieron cercadas, luego de cinco días de vigilia masiva. La fuerte tormenta de Santa Rosa había dispersado a la militancia que se preparaba para un día de convocatorias en plazas y parques. Algunos manifestantes, que a la mañana comenzaban a volver al punto de vigilia, notaron que ya todo había cambiado. Las vallas que ordenó poner Horacio Rodríguez Larreta funcionaron como un catalizador para la marea que se produciría horas después. «Se cumplió el plan A, que era que decidiera la gente, que se convoque por abajo y que los dirigentes se subieran, pero la fecha la puso la gente», sintetizó una fuente del Senado. Es que hasta este sábado las dudas se centraban en qué día se iba a hacer la movilización de apoyo a la vicepresidenta. «La fecha la puso Larreta», ironizó un dirigente presente en Juncal y Paraná.

La situación se tensó cuando todavía eran pocos en el barrio de Cristina, la policía comenzó a hostigar a las personas, a pedir DNI y filmar rostros. En respuesta a esta provocación, los diputados del Frente de Todos, Leopoldo Moreau, Rodolfo Tahilade y Eduardo Valdés denunciaron ante la Justicia Federal al jefe de gobierno porteño por «espionaje ilegal». Al mediodía, la vicepresidenta tuiteó: «La lógica del Sr. Larreta es la misma lógica del partido judicial. Para los macristas: cuidado y protección. Para los peronistas: vallas, infantería de la policía de la ciudad y hasta palos, gas lacrimógeno y gas pimienta como la noche del lunes. Lo dicho ese día por la noche: nunca fueron ni serán democráticos».

En la esquina de Montevideo y Juncal, entre la gente, caminaba el ministro Gabriel Katopodis. “Rodríguez Larreta está dirimiendo su interna dentro de Cambiemos, cumple lo que le marca Macri y pone en riesgo la vida de los argentinos que estuvimos ahí y vamos a seguir estando”, dijo. En esa esquina también estaban el ministro de Desarrollo Social Juan Zabaleta, la titular del PAMI Luana Volnovich, que cantaba junto con la gente.

Caía la tarde cuando llegó el gobernador Axel Kicillof. Fue entonces cuando las vallas se vencieron y se desató la represión. Sus compañeros quedaron detenidos. Según pudo saber Tiempo, el forcejeo tiró las vallas que estaban sobre Uruguay y luego también las de Talcahuano. Fue cuando la policía comenzó a gasear a la gente. Hubo corridas, heridos y detenidos. La policía detuvo a Matías Molle (diputado provincial) Fabián «Conu» Rodríguez y Facundo Tinganelli, diputado mandato cumplido. Los tres dirigentes de La Cámpora no fueron trasladados a ninguna comisaría. Los mantuvieron detenidos en el lugar y luego los liberaron.

A las ocho de la noche el presidente Alberto Fernández se pronunció sobre la represión en las redes: El presidente expresó su “más enérgico repudio a la violencia institucional desatada por el Gobierno de la Ciudad frente a una masiva manifestación de ciudadanas y ciudadanos expresándose en libertad y en democracia”.

Una hora más tarde se reunieron en el ministerio de Justicia el viceministro del área Juan Martín Mena, el ministro de Seguridad Aníbal Fernández, y su par de Interior Eduardo “Wado” De Pedro con los funcionarios porteños: el secretario de Seguridad Marcelo D’Alessandro y el ministro de gobierno Jorge Macri. No hubo acuerdo. Al terminar, “Wado” posteó: “Que una fuerza policial local restrinja la libertad de una vicepresidenta sitiando su domicilio es grave y no tiene antecedentes en la historia de nuestro país. Insto al jefe de gobierno Larreta el cese de inmediato esta provocación autoritaria y antidemocrática”.

Horacio Rodríguez Larreta salió a responder en una breve conferencia. Atribuyó la violencia a los manifestantes y le habló a su electorado: “Cuando hubo riesgo de violencia intervinimos para evitar el enfrentamiento de dos grupos opuestos”, justificó en la sede de Gobierno rodeado de funcionarios.

La última palabra la tuvo la vicepresidenta, quien, luego de que la Policía de la Ciudad se retirara de la zona y la militancia recuperara el lugar, en un improvisado escenario que se armó en la calle salió a agradecer las muestras de apoyo: “Desde el día martes cuando el partido judicial pidió 12 años de condena por cada uno de los mejores años que tuvo el pueblo argentino, se produjeron manifestaciones a lo largo y lo ancho del país y también aquí, sin embargo, en el único lugar en el que el martes y hoy hubo escenas de violencia fue aquí en la ciudad de Buenos Aires y en la puerta de mi casa, provocadas por lo que yo llamo el odio hacia la alegría y el amor peronistas, que siempre hemos sido objeto de la violencia”.

“Quien habla ha sufrido el permanente hostigamiento de gente que viene a insultar agraviar y amenazarme de muerte, nunca vi a la policía de la ciudad de Buenos Aires intervenir para evitar ese hostigamiento. Soy ciudadana también y pago mis impuestos igual que todos los que están acá, tengo el mismo derecho, ninguno más”, destacó.

“Y después dicen que los violentos somos nosotros, los hemos visto durante la pandemia quemar barbijos, violar la cuarentena sin importar nada de nada, nunca hubo un solo policía ni de la Federal ni de la Ciudad que pueda molestarlos, incluso cuando estaban violentando la ley, porque creemos que el derecho a la libertad de expresión es fundamental”, sostuvo.

La vice hizo su aporte a la pacificación de los ánimos: «Ha sido un largo día, no me va a alcanzar la vida para agradecerles el amor. Les pido que vayan a descansar», concluyó. La calle se despejaba, esta vez.

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