Frente al presidente Javier Milei y otras autoridades, el prelado criticó la polarización, la exclusión social y exigió políticas concretas para los más vulnerables.

Con tono firme, el religioso denunció el deterioro de valores como la fraternidad y el respeto: «Si se mueren estos valores, se muere el futuro». Su mensaje resonó en un contexto de tensión política, marcado por el gesto de Milei de evitar el saludo al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, y a la vicepresidenta Victoria Villarruel.
García Cuerva vinculó la desesperanza ciudadana con «años de promesas incumplidas y estafas electorales», en alusión a la baja participación en los comicios del 18 de mayo. «Nos hicieron perder las ganas de votar; pensamos: ‘nada va a cambiar’», afirmó, reflejando el desencanto con la representación política.
La homilía trazó un crudo panorama de la marginalidad: desde jóvenes víctimas del narcotráfico hasta familias en situación de calle. «Tantas madres ya no saben cómo evitar que sus hijos caigan en las garras de la droga», lamentó, mientras cuestionaba la indiferencia de los sectores privilegiados.
Uno de los momentos más emotivos fue su reclamo por los jubilados: «¿Hasta cuándo deberán reclamar por una vida digna?». Exigió soluciones inmediatas para garantizarles acceso a medicamentos y alimentación, una «herida que sangra hace años».
El arzobispo también apuntó contra la violencia discursiva. Citando al papa Francisco, condenó «el terrorismo de las redes sociales», donde «la difamación y la agresión son moneda corriente». «Hemos pasado todos los límites», alertó, en un guiño a los «haters» que deshumanizan al adversario.
Hizo un llamado a «forjar la cultura del encuentro» y frenar el odio: «El que tengo al lado es un hermano, no un enemigo». La frase, interpretada como una crítica al lenguaje confrontativo de Milei, subrayó la necesidad de diálogo. «Argentina, ponete de pie», exhortó, rechazando la «violencia» y el «sálvese quien pueda». Insistió en que las políticas públicas deben «tener rostros concretos», en referencia a los excluidos por la pobreza, que alcanza al 38,1% de la población.
Al recordar al fallecido papa Francisco, destacó que «nadie puede ser mero observador» ante las luchas sociales. «Las nuevas generaciones merecen un país reconciliado», concluyó, pidiendo compromiso colectivo. Tras la ceremonia, García Cuerva saludó a las autoridades pero advirtió sobre la fragmentación: algunas frases de su discurso podrían usarse «de manera aislada» para alimentar divisiones. Una advertencia que refleja la delicada coyuntura política.
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