El movimiento religioso se pronunció por la Ley de Emergencia Social.
«En el año 1974, la Argentina tenía 4% de pobreza; hoy tiene un 32%. Esta emergencia social que vivimos no es la consecuencia de un desastre natural. Hay que trabajar entonces sobre las condiciones que la produjeron. Mientras tanto, vemos necesario apoyar la ley de emergencia social», subrayan los religiosos en el documento que hicieron público. Para el grupo de sacerdotes, que tiene entre sus integrantes al padre Pepe, «el proceso que ha llevado a proponer la ley es muy valioso porque ha logrado visibilizar al pueblo pobre trabajador».
Entre los pedidos de los párrocos se destaca el reclamo de solidaridad de los sectores dirigentes con los más desposeídos: «Es necesario que los dirigentes de todo tipo escuchen el corazón del pueblo. El corazón del pueblo late en los pobres y pequeños, porque en sus anhelos más profundos siempre apuntan a lo esencial», plantean en el comunicado. Además expresan: «Consideramos que es fundamental la solidaridad del movimiento obrero con esta multitud de trabajadores de la economía popular», destacando el compromiso de los dirigentes del movimiento obrero.
La ley de emergencia social avanzó en la Cámara de Diputados en la misma sesión en la que se aprobó la reforma de Ganancias que el martes irá a comisión del Senado. Esta ley comenzó como un reclamo de organizaciones como Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) que, tras numerosas protestas callejeras, llegaron a un acuerdo con el gobierno para consensuar un texto en común. La iniciativa declara la emergencia social hasta 2019 y destina 30 mil millones de pesos hasta ese año para programas sociales, entre otros puntos.
«Detrás del pedido por el pan hay un pedido de justicia. No es posible que alguien pase hambre en la Argentina, una tierra bendita de pan», alertan los curas villeros. «Detrás del pedido de trabajo hay un pedido, un reclamo, por el respeto de la dignidad de cada persona. La persona que no trabaja siente que está de sobra, que no vale. La persona que no trabaja está profundamente herida en su dignidad», agregan.
Como conclusión, en el documento se afirma que «nuestra sociedad nunca podrá ser feliz si tenemos un 32% de pobreza y un 6% de indigencia». Ante esa realidad, los sacerdotes señalan que «se requiere, entre otras cosas, austeridad. Pero no se les puede pedir austeridad a los que luchan por sobrevivir. Se requiere austeridad de los dirigentes políticos, empresariales, sindicales, judiciales, eclesiásticos, de los medios de comunicación social, etc., la austeridad es un buen antídoto contra la corrupción.»
Los curas villeros exigen un Estado activo para trabajar en las barriadas populares: «En los barrios más vulnerables es necesaria una presencia inteligente del Estado que lleve trabajo, en esos lugares donde la narcocriminalidad sí está dispuesta a dar trabajo».
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