La historia de un militante asesinado por la dictadura. El trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense para reconocer sus restos.

En Argentina, Esquivel trabajó como obrero de la construcción, pintor y electricista. Su vida cotidiana, atravesada por la humildad y la solidaridad, se reflejaba en su papel como catequista. Más allá de las clases, se comprometía con las necesidades de su entorno, llevando un mensaje de esperanza a quienes más lo necesitaban. Sin embargo, su historia quedó trágicamente interrumpida el 2 de febrero de 1977, cuando fue secuestrado en Fiorito por los sicarios de la dictadura. Desde entonces, su paradero se convirtió en un enigma, sumándose a la lista de miles de desaparecidos. En 2022, durante el juicio “El Vesubio III”, testigos aseguraron haberlo visto secuestrado. La investigación estableció que él fue llevado de su casa en Caraza a la Brigada de Investigaciones de Avellaneda, conocido como el centro clandestino de detención El Infierno.
Décadas después, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) retomó la búsqueda. La exhumación de fosas comunes en el Cementerio Municipal de Lomas de Zamora permitió hallar los restos de ocho personas. Luego de un análisis exhaustivo, los especialistas confirmaron que uno de los cuerpos pertenecía a Esquivel. «Teníamos la hipótesis de que podía estar enterrado sin identidad y que lo habíamos recuperado. Realizamos una investigación en Paraguay y contactamos a una pariente lejana, que nos permitió llegar a su hermana gemela. A ella le tomamos la muestra que permitió la identificación», explicaron los forenses.
Este hallazgo no solo permitió a la familia conocer la verdad después de más de 40 años, sino que también se convirtió en una prueba fundamental en los juicios por crímenes de lesa humanidad. «La identificación de las personas desaparecidas permite a las familias conocer la verdad, pero también genera pruebas fundamentales para los juicios en curso», señalaron desde el organismo forense.
Para su hermana gemela, Genoveva, la confirmación significó un alivio en medio del dolor. «Por fin podemos saber lo que realmente pasó con él», expresó, con la esperanza de darle sepultura en la parroquia que solía frecuentar, un acto simbólico que permitirá cerrar un capítulo de profunda tristeza.
Desde su creación en 1984, el EAAF ha logrado identificar a más de 1300 víctimas de la dictadura. Su trabajo incansable ha sido clave para reconstruir historias y aportar pruebas en la búsqueda de justicia. En tiempos de negacionismo y censura, la memoria sigue abriendo caminos hacia la verdad.
El caso de Daniel Esquivel es un testimonio de que, a pesar del dolor, la memoria persiste.
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