La Semana Mundial de la Lactancia Materna, que se celebra todos los años del 1 al 7 de agosto. Qué sucede en Argentina.

En la Semana Mundial de la Lactancia vale la pena detenernos en una pregunta: ¿qué hace posible que una persona pueda amamantar? Solemos pensar la lactancia como un vínculo entre una madre y su bebé. Sin embargo, detrás de esa escena íntima existe una red de personas, cuidados, instituciones y políticas que pueden guiar y acompañar el proceso o hacerlo mucho más difícil.
Con la alimentación en general pasa algo parecido. Vemos el plato, y rara vez pensamos en todo lo que hace falta para que ese alimento llegue hasta la mesa: quien cosecha, quien cuida las semillas, quien investiga, quien cocina, y las políticas y prácticas que construyen lo que comemos. La lactancia puede mirarse desde esa misma perspectiva. El deseo y un cuerpo dispuesto a amamantar son necesarios, pero no son suficientes. Sostener la lactancia requiere información basada en evidencia y libre de conflicto de interés, descanso, acompañamiento, un sistema de salud que cuide, entornos laborales compatibles con la crianza, y políticas públicas que reconozcan el valor social del cuidado. La experiencia de amamantar es a la vez personal y colectiva.
En Argentina, la lactancia es una práctica cultural ampliamente extendida. Según la Encuesta Nacional de Lactancia Materna (ENALAC), el 91,7% de los bebés recibe leche materna en los primeros meses de vida. Solo el 45% sostiene la lactancia exclusiva hasta los seis meses, tal como recomienda la Organización Mundial de la Salud. Esa brecha dice más sobre el entorno que sobre las decisiones de cada persona, y nos hace volver sobre la pregunta del inicio: ¿qué hace posible que una persona pueda amamantar?
Las respuestas son varias: licencias familiares adecuadas, espacios para la extracción y conservación de leche en los lugares de trabajo, acceso a equipos de salud capacitados, redes de apoyo, una distribución justa de las tareas de cuidado, y una cultura que valore la lactancia sin convertirla en responsabilidad exclusiva de quien amamanta.
Las decisiones alimentarias no dependen únicamente de las personas. La posibilidad de elegir también se construye a partir de las condiciones sociales, culturales, económicas, institucionales y simbólicas que hacen posible esas elecciones. Hablar de lactancia es poner sobre la mesa que familias, comunidades, gobiernos, empleadores y organizaciones de la sociedad civil somos eslabones claves de la red de apoyo de las infancias. Criar y alimentar es una responsabilidad colectiva.
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