El pasado domingo 22 de febrero, Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, “El Mencho” o “El Señor de los Gallos”, de 66 años, 1,70 de altura, nacido en un pueblo enclavado en lo más recóndito de la sierra de Michoacán, había sido ubicado.

—No se puede pasar —le dijeron—. Ya atravesaron un camión, nos pidieron que nos regresáramos, se portaron bien con nosotros.
Se trataba de un “bloqueo” de la gente del Cártel Jalisco Nueva Generación, una organización criminal formada a fines de la primera década del 2000 y que se expandió en los últimos diez años por el país hasta convertirse en uno de los grupos criminales con mayor poder e influencia de América Latina, según las agencias de seguridad mexicanas y de Estados Unidos.
Los integrantes del cártel andaban movidos esa mañana de domingo. Don Luis Rea se enteró rápidamente de que no podía regresar a Santa María del Oro porque ya estaba bloqueado el paso por Chapalilla y tampoco había paso hacia Xalisco, otra localidad a las afueras de Tepic, la capital del estado. Estaba atrapado en su Ford Explorer con Juana y los tres chicos en una de las zonas de mayor influencia de la organización criminal más violenta del país.
Y es que horas antes, en la madrugada, el máximo líder del cártel, Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, “El Mencho” o “El Señor de los Gallos”, de 66 años, 1.70 de altura, nacido en 1966 en un pueblo enclavado en lo más recóndito de la sierra de Michoacán, había sido ubicado por las autoridades en una cabaña de madera a las afueras de Tapalpa, un pintoresco pueblito turístico, a unos 300 kilómetros de Santa María del Oro.
Un grupo de fuerzas especiales del Ejército dio con el escondite luego de que inteligencia militar hiciera labores de seguimiento al entorno del capo de la droga. El viernes 20 de febrero se ubicó a un hombre de confianza de una pareja sentimental del capo, que la trasladó hasta un complejo de cabañas a las afueras del “pueblo mágico” de Tapalpa. El sábado 21, su pareja se fue, pero él se quedó ahí con un círculo de seguridad. Su destino estaba sellado.
Ese mismo día, el Ejército integró una fuerza compuesta por elementos de las fuerzas especiales del Ejército, fuerzas especiales de reacción de la Guardia Nacional, una fuerza aeromóvil constituida por seis helicópteros y una fuerza de apoyo aéreo que usó aviones TC-6 Texan II. No llegaron a territorio de Jalisco. El objetivo era mantener el factor sorpresa.
La madrugada del domingo 22, una fuerza terrestre avanzó a la ubicación marcada por inteligencia militar. Oseguera Cervantes tenía dos órdenes de aprehensión pendientes. La Fiscalía General de la República ofrecía una recompensa de 30 millones de pesos (1.7 millones de dólares) por su captura. Una corte de Columbia, en Estados Unidos, lo buscaba por narcotráfico y otros cargos. La DEA ofrecía 15 millones de dólares por su cabeza. Se iba a hacer un cerco. Se le iba a detener en flagrancia por posesión de armas de fuego. Las plataformas aéreas habían captado armas en el lugar.
Los militares avanzaron. Gatilleros del cuerpo de seguridad del capo abrieron fuego contra personal militar. “El Mencho” salió huyendo. Dejó a un grupo armado hasta los dientes: siete armas largas, cartuchos, cargadores, dos lanzacohetes, uno de ellos un RPG de fabricación rusa y el otro, un RL-83 Blindicide de fabricación belga.
“Realmente fue un ataque muy violento el que realizó el personal de la delincuencia organizada”, dijo todavía conmocionado el general Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional, en la conferencia de prensa de la presidenta Sheinbaum la mañana del lunes 23, apenas 24 horas después de los sucesos.
Oseguera Cervantes y su círculo cercano emprendieron la huida hacia una zona boscosa. Se estableció un cerco; los persiguió personal de fuerzas especiales. Lo ubicaron entre la maleza. Los custodios del capo abrieron fuego. Llevaban también un lanzacohetes. Lo usaron e impactaron un helicóptero de la fuerza aeromóvil de apoyo. El piloto se vio obligado a efectuar un aterrizaje de emergencia en la base militar de Sayula, a unos kilómetros de distancia. En tierra, fuerzas especiales repelieron el ataque. Resultó herido “El Mencho” junto con dos de sus escoltas. Dos más fueron detenidos. Se aseguraron tres armas largas, dos cortas, un lanzacohetes, granadas, cargadores y cartuchos.
Personal de sanidad acudió a donde estaba El Mencho y sus dos escoltas. Se determinó la necesidad de evacuarlos. Estaban muy graves. Se pidió el apoyo de un helicóptero para que descendiera y fueran trasladados a una instalación médica en Jalisco. Se trasladó al líder criminal, a sus dos escoltas y a un oficial herido en la refriega. Falleció en el trayecto.
Se decidió en ese momento que el helicóptero se dirigiera al aeropuerto de Morelia, en Michoacán. Ahí un avión caza de la Fuerza Aérea estaba esperando. Lo trasladó a la Ciudad de México. Ya no era conveniente llegar a Guadalajara por el riesgo de que se realizaran acciones más violentas.
Luis, un productor audiovisual originario de Guadalajara que reside ahora en la Ciudad de México, comenzó a recibir mensajes desde muy temprano el domingo de que había incendios en distintos puntos de su ciudad natal. Habló con sus padres y le pidieron que localizara a su hermano. Le tomó la llamada mientras desayunaba en el mercado de Atemajac, en el municipio conurbado de Zapopan.
—Salte en chinga de ahí, que la verga —le dijo.
Minutos después llegaron hombres armados y prendieron fuego en varios locales del establecimiento, en plena zona urbana.
La respuesta del cártel fue extensa y, en algunos casos, brutal. En las afueras de San Juan de los Lagos, una ciudad de Jalisco a 273 kilómetros de Tapalpa, el capitán Leonel Cardoso Gómez, coordinador del Batallón de Seguridad en Carreteras e Instalaciones de la Guardia Nacional en Aguascalientes, vio una camioneta pick up oscura de la que bajaron tres sujetos y se fueron corriendo. El capitán se acercó y el vehículo estalló por los aires. En un video que circuló profusamente por redes sociales se ve una vía a unos 500 metros de distancia. Un hombre le dice a otro: “aguanta, aguanta… ¡ya!”, y se produce la explosión. Cardoso perdió la vida y otros tres elementos de la Guardia Nacional quedaron heridos de gravedad.
En el penal estatal de Puerto Vallarta, 23 presos se fugaron. Un hombre armado entró al centro penitenciario, hubo un motín en el que murió un custodio y luego se escaparon los internos. En El Grullo, uno de los bastiones del cártel, un sujeto apodado El Tuli, hombre de confianza de Oseguera, coordinaba la respuesta violenta: bloqueos carreteros, quemas de establecimientos, ataques a instalaciones militares, a la Guardia Nacional y piso a agentes federales. Ofreció 20 mil pesos (unos 1,200 dólares) por cada militar asesinado. Fue localizado en la localidad; se movilizó un grupo aeromóvil de la Brigada de Fusileros Paracaidistas y lo eliminó de inmediato. Llevaba 7 millones 200 mil pesos (unos 400 mil dólares) y 165 mil dólares estadounidenses.
En amplias zonas de Jalisco, Guanajuato, Michoacán y Nayarit corrieron mensajes de bloqueos. El parte oficial dio cuenta de más de 200 obstrucciones de vías en 20 estados de la República, pero pudieron haber sido más, muchos más. Gobernadores de una decena de estados convocaron de emergencia a sus gabinetes de seguridad y se declararon en sesión permanente. Desde Tijuana hasta Reynosa, de Guanajuato a Cancún y Playa del Carmen, surgían noticias de vehículos incendiados, de tiendas de autoservicio a las que les prendieron fuego, de hombres armados en las calles, de ataques a las fuerzas armadas.
En el aeropuerto de Guadalajara no hubo pistoleros, pero sí pánico por las alertas que llegaban a los teléfonos móviles. Millones de mensajes circularon por las redes sociales, muchas de ellas con imágenes falsas, alteradas con inteligencia artificial: un avión envuelto en fuego, el puerto de Vallarta en llamas.
De acuerdo con la Secretaría de la Defensa, 27 elementos de la Guardia Nacional murieron en más de 30 agresiones en diversos estados del país. Otros 30 posibles integrantes del cártel también perdieron la vida en las refriegas, según la Secretaría de la Defensa Nacional. Hasta este viernes, 25 uniformados seguían hospitalizados, aunque solo uno de ellos de gravedad. Una mujer embarazada murió en las refriegas, otro bebé resultó con quemaduras graves en uno de los incendios, un conductor de tractocamión desapareció y está siendo buscado por las autoridades. Poco a poco se va conociendo el saldo de la jornada de furia.
Al general Trevilla Trejo se le quebró la voz en la rueda de prensa del lunes 23 cuando dio el pésame a las familias de los elementos caídos en las agresiones.
“Un reconocimiento a nuestro personal militar que realizó una operación exitosa; se puede ver desde muchas ópticas, pero es definitivo que cumplieron su misión y ¿qué es lo que se demostró? La fortaleza del Estado mexicano, de eso no hay duda”.
En esta semana han salido en la prensa documentos con la presunta nómina del jefe criminal, en donde aparecen agentes federales, nombres de municipios, sueldos de sicarios y gastos en ayuntamientos. Las investigaciones corren a cargo de la Fiscalía General de la República, mientras vuelve la normalidad poco a poco en las carreteras afectadas: se abren las vías, se retiran los vehículos calcinados, se barren las cenizas.
El martes por la tarde, en Barranquilla, Colombia, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, dijo que no habría ningún riesgo de que se cancelaran los partidos de la Copa del Mundo que se inaugura en junio en el Estadio Azteca. “Confío absolutamente en la presidenta”, afirmó. “Que todos los turistas tengan la certeza de que llegan a un lugar seguro”, dijo la mandataria mexicana el jueves 26. “Van a pasar el mejor momento de sus vidas”.
Atrapado en los bloqueos del CJNG, don Luis Rea manejó su Ford Explorer a Compostela, una localidad entre Santa María del Oro y Las Varas, a donde se dirigía a ver a su cliente.
“Las calles del pueblo estaban desiertas”, contó. Sí había gente; los hoteles, de hecho, estaban llenos, pero todos estaban encerrados en sus cuartos. A las dos de la tarde todo estaba cerrado. Solo encontró una farmacia donde compró unas sopas de fideos instantáneos para los niños y pan para sándwiches. “Pura chatarra”.
Otros viajeros varados también por los bloqueos de los seguidores del llamado “Señor de los Gallos” no alcanzaron cuarto, pero se quedaron en la sala de la recepción. “Surgió la camaradería”, dice el abogado en una conversación telefónica. “Me invitaron una cerveza y estuvimos platicando”.
Esa noche, ni don Luis ni Juana, Kevin, Daniela y Joel pudieron regresar a su casa en Santa María del Oro.
“Fue como si fueran unas vacaciones”.
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