En este documental, llamado Diciembre, hace mucho calor. Todo está muy caliente, sudoroso y extremo. La banda de sonido de la película realizada por Lucas Gallo tiene melodía de cacerolazos, fondo de consignas y orquestación de disparos de gases lacrimógenos.
Con material audiovisual, grabado entre el sábado 1 de diciembre del 2001 (cuando el entonces ministro Domingo Cavallo con cara de Yo sí fui anunció el corralito) hasta el jueves 3 de enero del 2002 cuando, con cara de Yo no fui, Eduardo Duhalde juró como presidente, luego de los interinatos de Puerta, Rodríguez Sáa y Camaño. Lo que asombra mucho es que sus fronteras y límites se tocan para nada casualmente con la actualidad.
La resolución fílmica (mayoritariamente, con tomas del archivo de Crónica TV) es tristemente atractiva y original porque esos fragmentos, que unidos jamás serán vencidos, no necesitaron de ciertos recursos habituales en el género, como un relator, protagonistas hablando a cámara, placas aclaratorias o sobreimpresiones identificatorias de nombres y apellidos. Como en las mejores películas, las cosas – dramáticas, con el inolvidable saldo de 42 personas asesinadas en todo el país por policías y civiles armados – simplemente suceden para ser contadas. O para transformarse en historia.
Son muchos los grandes, buenos momentos. En una avenida importante, un camión, que parece transportador de caudales, quedó atrapado en un pozo. El pavimento quebrado, símbolodel sentimiento nacional de una sociedad condenada a caminar sobre piso movido.En otras imágenes se ven una sesión de fotos entre Sandro y Susana Giménez y un par de ensayos de Mariano Mores y Charly García y de Horacio Salgán y Ubaldo de Lío que reiteran una sensación argentina: parece que no pasara nada, pero la represión va por dentro, la vida no continúa y lo institucional peligra.
El presidente provisional del Senado, Ramón Puerta recibe una inquietante carta manuscrita en la que el presidente de la Nación formaliza su renuncia al cargo. “Mi mensaje de hoy para asegurar la gobernabilidad y constituir un gobierno de unidad fue rechazado por líderes parlamentarios”, escribe y firma De la Rúa y en menos de lo que tarda un helicóptero en levantar vuelo, que venga otro a ocupar el sillón de Rivadavia.
Las tomas de los amargos saqueos de aquellos días – lucha de pobres contra pobres aún vigente o renovada desde las redes sociales – conducen inevitablemente a los saqueos de hoy, subterráneos, clandestinos, pero igualmente dolorosos, como la entrega de bienes y servicios, de tierras y riquezas naturales.
Lo que la película de Gallo exhibe es que son muchas las cosas que no cambiaron, sino al contrario, se agravaron. En un momento, Cavallo manifestaba en números lo que cobraban los jubilados: los 450 de la mínima y los 2 mil de los adinerados. Esos pesos son equivalentes a los ingresos miserables de los tiempos que corren. Las pancartas en las plazas, las de 25 años hacia atrás, y las de ahora con Caputo, otro super ministro como destinatario, gritan por los cierres, los achicamientos, las pérdidas, la sumisión frente al Fondo Monetario Internacional y, en el fondo, por los riesgos graves que corre la democracia. Quien quiera ver que lea.

Las próximas funciones del documental Diciembre, de Lucas Gallo, serán viernes 21 y 28 de agosto a las 20 horas y los viernes 4,18 y 25 de septiembre a las 20, en ARTHAUS, Bartolomé Mitre 434,CABA.