Durante la actividad "Diego Iluminado", los vecinos y vecinas celebraron al ídolo con una emotiva jornada. El encuentro recordó el aniversario de la mayor hazaña mundialista, la resistencia villera y un inquebrantable pedido de justicia.

El 22 de junio de 1986, en el pasto sagrado del Estadio Azteca de Ciudad de México, el Diez salió a jugar el partido de su vida. Apenas a cuatro años de la Guerra de Malvinas, ese inmenso dolor fue bandera. Al igual que los pibes en las islas, Diego hizo patria transpirando la camiseta y defendiendo nuestros colores con el pecho, la zurda y la redonda atada al botín.
Aquel domingo frente a los ingleses nos regaló dos obras de arte que son patrimonio de nuestra identidad futbolera. El primer grito nació de la picardía pura. Diego va a buscar un rechazo llovido al área, sale a devorarlo Peter Shilton, pero naciendo desde el barro y empujado por el aliento de treinta millones de argentinos, salta nuestro capitán. Se suspende en el aire pesado de México, levanta el puño y marca el primer grito. Picardía de potrero que él mismo dijo: “fue un poco con la cabeza y un poco con la Mano de Dios”.
Apenas cuatro minutos después, frotó la lámpara para la segunda maravilla. En diez segundos y seis décimas, compuso la obra de arte definitiva. Recibe de espaldas en la mitad de la cancha, pisa la de cuero, gira como un trompo y deja pintados a Peter Beardsley y Peter Reid. Inicia una corrida memorable, a toda velocidad hacia el arco rival. Terry Butcher lo cruza desesperado, pero Pelusa le quiebra la cintura en el aire. Lo espera Terry Fenwick y el astro lo limpia de un plumazo. Sale Shilton a achicar, pero el genio lo acuesta en el pasto con un amague sutil y, aguantando la última patada criminal de Butcher, la empuja al fondo de la red para inflar la garganta de todo un país. Fue la apilada más hermosa de todos los tiempos, el Gol del Siglo.
Esa revancha histórica une directamente el área del imperio con la resistencia villera, y se hizo sentir pisando el asfalto frío de la 31 durante la tarde de lunes. El calor asfixiante del Azteca contrastaba con la helada porteña que cortaba la cara en los pasillos del barrio Padre Carlos Mugica.
No fue solo un partido lo del 86, fue justicia poética. Fue la astucia del pibe humilde; supo ganarle a los poderosos. Esa misma rebeldía que hoy representa a los laburantes que sobreviven ante un Estado que desoye. Esa corrida monumental fue la prueba indeleble de que cuando un cabecita negra le tira un caño al poder, le marca el camino a los de abajo.
Pasión incondicional que cruzó décadas. Exactamente a cuarenta años de aquella tarde épica, el fútbol nos regaló otra caricia futbolera: nuestra Selección superó a Austria 2 a 0 con goles de Lionel Messi, convirtiéndose en el máximo artillero histórico de los mundiales con 18 gritos. Parece como si aquel Dios del 86 le hubiese prestado la zurda un ratito para seguir bañando de gloria la celeste y blanca.
Esa misma mística desbordante iluminó el Barrio Padre Carlos Mugica. Pasadas las 18 horas, en el marco de una emotiva jornada bautizada «Diego Iluminado», la figura del ídolo se encendió en la esquina del barrio. Esa pared se volvió un abrazo gigante de nuestra cultura popular: están pintados Mario Alberto Kempes, Lionel Messi con la Copa del Mundo y el Pelusa, con el lema «Coronados de Gloria». Esa misma esquina abraza la figura de Néstor Kirchner, la escultura de Evita y el Diego iluminado. Porque el Dios más humano es bandera de los laburantes; no descansa en distritos de lujo, es un referente de barro y potrero.
La jornada fue un clamor popular por amor al 10. Un hombre leal que puso el pecho para defender a los laburantes, a las Madres y Abuelas, sellando a fuego aquel reclamo de que hay que ser muy cagones para no defender a los jubilados.
Compartimos este sentimiento con el colectivo Justicia por D10s. En esa misma esquina, José «Coco» Tedeschi, referente del espacio, levantó la bandera para exigir justicia: «Por supuesto, siempre pidiendo justicia por Diego. Porque es imposible olvidarlo, porque nos hace falta, Diego estuvo presente frente a todas las causas, en todas las luchas. Por eso es necesario que levantemos la voz y pidamos justicia por el que siempre pidió justicia por todos los sectores más vulnerados, como los jubilados, los discapacitados. Diego siempre estuvo a la vanguardia de todos los reclamos populares».
Coco reforzó esa identidad inquebrantable: «Diego siempre defendió la causa de todos los barrios. Él levantó la voz y dijo «yo soy de Villa Fiorito». Diego nunca se olvidó de dónde vino. Por eso es tan querido y no va a haber nadie igual a él».
El dolor por la ausencia física se mezcla con la bronca de un proceso judicial lleno de trabas: «Todavía los culpables no reconocen la culpabilidad y siempre están con esos recursos de evadir la justicia. El juicio se va demorando por cuestiones burocráticas. Hay diferentes obstáculos que impiden que haya justicia realmente. Hace poquito declaró Monona, que era la empleada doméstica, y al parecer tenía amnesia. Todo señala que fue apretada por el último entorno de Diego, Matías Morla. Aparte ella tiene un vínculo muy estrecho con Maximiliano Pomargo, uno de los implicados».
La estrategia judicial contra las hijas de Pelusa también fue denunciada por Tedeschi: «Las dos estrategias que tuvieron los acusados es contratar al abogado Bonetto, que tiene un estilo muy vehemente, muy atrevido. Él interrumpe todo el tiempo a Yanina y con eso busca desestabilizarla emocionalmente, a toda la familia, para que se puedan equivocar en algún punto y coma y ellos puedan sacar provecho. Pero la verdad es que hay audios que los comprometen a todos. Por más que quieran tapar el sol con las manos, no van a poder. No nos olvidemos que Diego siempre luchó contra las estructuras de poder. Esta gente que lo manipuló y que se quiso quedar con su marca, tiene relaciones carnales con el poder».
Entre esas voces inquebrantables brilló la presencia de Mónica Santino. Ex futbolista de All Boys, DT y abanderada de la justicia social, referente e impulsora en el Club La Nuestra Fútbol Feminista, compartió su reflexión: “Pensar en los dos goles de Diego a los ingleses a los 40 años, es pensar en una persona que nos representa. Era un futbolista, pero era mucho más que un futbolista; era quien defendió nuestra identidad, nuestra manera de vivir el fútbol, y también a nuestros barrios, porque Diego nunca se olvidó de su origen. Diego decía: «soy villero, me voy a morir villero, siempre seré villero», y porque estamos convencidas y convencidos de que los mejores jugadores de fútbol, y las mejores jugadoras de fútbol, salen de nuestros barrios”.
La pasión futbolera se mezcló con el presente y la Selección Nacional: “Aparte de todo eso, encima Argentina le gana a Austria un partido re chivo, con un tipo, otro jugador extraordinario, que tenemos la inmensa suerte de que sea argentino, y cómo en tan poco tiempo un país se da el lujo de tener dos jugadores así, porque pensá que en veinte y pico de años nació Diego y nació Messi”.
Rememorando sus inicios, trazó un paralelo con lo que se vive hoy en el barrio: «Nosotras no éramos profesionales, nosotras no jugábamos por plata, tampoco mucho por el club, porque no teníamos una identidad o una pertenencia con ese club, nosotras jugábamos por nuestras amigas. El fútbol en eso es hermoso, el fútbol es un deporte colectivo, es lo mismo que se hizo acá con La Nuestra en la Villa 31, es entender que la importancia la tiene tu compañera».
Para Mónica, el legado del Diez es brújula social: “En un momento donde políticamente se ataca lo comunitario, creo que es lo que nosotros tenemos que volver a poner en valor, que te importe lo que le pasa al otro, no te salvás vos solo, no es lo que te pasa a vos, es lo que le pasa a todos los demás, y Maradona era así. Atravesamos un gobierno muy, muy cruel, que no le importa si nos morimos, si vivimos, si estudiamos, si nos enfermamos, no le importa nada. Está pensando nada más que en una porción de la gente que es muy chiquita, que son los dueños del país, y a todo eso le transfieren las riquezas que a nosotros nos deja sin nada. En un momento donde el deporte social está desfinanciado por completo, los clubes de barrio lo están pasando mal, seguir poniendo el derecho a jugar en nuestras barriadas creo que es muy importante. Lo mismo que sacar a los pibes del uso de las pantallas permanente, de la idea de apostar, de la idea de que muy fácilmente podés hacer un montón de plata y vos solo con un celular. Esa es la batalla cultural que damos del deporte, y me parece muy importante que todos los proyectos deportivos de los barrios no aflojemos ni un poquito”.
Contagiados de esa rebeldía, los vecinos del Comité de Crisis de la Villa 31 alzaron su voz. Eduardo Bazanisis, militante e integrante del Comité, expresó: “Para nosotros es una celebración, porque en estos momentos donde al barrio a veces lo llaman Tormenta Negra y es visibilizado por eso, nosotros mostramos cómo se puede festejar. Diego es pueblo, salió de una villa como nosotros, se siente villero, con esta identidad villera que nosotros tenemos, y siempre representó los valores de poder vivir mejor y nunca se olvidó de dónde salió. El gobierno de la ciudad nos atropella con policía, nos elige como enemigos responsabilizándonos, cuando hace 18 años que gobiernan el PRO y no pueden resolver la problemática habitacional. Queremos saber dónde están los 400 millones de dólares que se pidieron en préstamos internacionales, porque hicieron mil viviendas y menos del 50 por ciento del barrio recibió mejoramiento edilicio; no hay estructura para que entre una ambulancia, un camión de bomberos o los colectivos”.
Silvana Olivera, también integrante del Comité, reforzó esa identidad atada al fútbol como herramienta de transformación: “Queremos reivindicar que de los potreros de los barrios populares nacen los jugadores. Los que hoy están en nuestra selección nacieron de los potreros de los barrios pobres, de las villas. El gobierno de la ciudad les está cortando los recursos a los clubes de barrio. Es necesario reivindicar esto para darle el valor de que los chicos pueden progresar, tomar de ejemplo a los jugadores y pensar que se puede salir adelante y trabajar por un bien común”.
Héctor Huanco, vecino con más de 30 años en la villa, ilustró la crueldad de las políticas que asfixian al barrio: «Este Jefe de Gobierno viene autoritariamente a ponerle palos en la rueda a los vecinos. Están clausurando las casas, pusieron un cartel de clausura cuando están construyendo un segundo piso por necesidad familiar. No dan una solución de vivienda y vienen a clausurar. Todavía no somos formalmente integrados, somos un barrio en proceso de urbanización; que lean la ley y hablen con los vecinos, y que no vengan autoritariamente a clausurar cuando en realidad estamos hacinados».
A cuarenta años de aquella tarde de gloria en el Azteca, el recuerdo intacto de Diego trasciende la efeméride deportiva para volverse trinchera y abrazo. Su figura en los paredones del Barrio Padre Mugica nos confirma que el mejor homenaje no es solo gritar sus goles, sino sostener sus convicciones. El pibe de Fiorito, aquel que nunca olvidó su origen ni le tembló la voz para defender a los de abajo, sigue siendo el faro que ilumina la resistencia villera. Ante un sistema que margina, el fuego sagrado de Maradona es el impulso eterno para levantar la cabeza, plantarse ante la injusticia y usar la gambeta como la más hermosa de las rebeldías. Porque mientras haya un potrero y un pueblo que reclame por su dignidad, el Diez seguirá jugando con nosotros.
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