Dinamarca entrega el correo y los trabajadores denuncian “ligereza” en Groenlandia

Por: Andrés Gaudín

Tras 400 años de servicio, un privado se queda con la operación del PostNord. Ya despidieron a 1500 carteros y a otros 750 le ofrecen retiro voluntario. Las quejas sindicales.

Kasper. Sólo su nombre quedó guardado y fue en la memoria popular, cuando aquel 1 de diciembre del invierno de 1625, bajo un aluvión de copos, el joven inauguró un oficio que con el tiempo sería imprescindible. Los archivos oficiales de Dinamarca no le reservaron ni una línea de su última página para consignar algunas señas que permitieran saber hoy, 400 años después, qué edad, qué apellido, qué fue al final de la vida de aquel pionero que bajo las inclemencias anduvo caminando las calles de Copenhague, repartiendo entre las oficinas del Reino los sobres lacrados que encerraban las últimas órdenes del real Palacio de Amalienborg. Mal que les pese a los olvidadizos, el nombre de Kasper emerge ahora, para recordar nada menos que al primer cartero de la historia.

¿Por qué reaparece? Cuatro siglos después de aquella jornada inaugural, el Estado danés decretó que PostNord, el correo que cogestiona con Suecia, dejó de ser rentable y el fin de año entregó su última carta. Así como en su tragedia mayor Shakespeare puso en boca de un guardia de Hamlet el famoso “algo huele a podrido en Dinamarca” que explicaba el asesinato del rey y predecía las desgracias que sufriría el Reino, la sentencia parecería llegar hoy bajo el vergonzante manto de la corrupción. Se preguntan los civiles por qué no le sirve al rey lo que le sirve al privado. Por qué lo de PostNord pasa a manos de Dansk Avis Omdeling  (DAO) y lo que era malo para la corona se vuelve bueno para el súbdito, que lucrará con los 200 millones/año de cartas que intercambian los daneses entre sí.

Para explicar la jibarización de PostNord, la empresa del Estado danés señaló que la cada vez más creciente digitalización del Reino determinó una abrupta caída de la demanda del servicio, que al corto plazo terminará ahorcando a los correos del mundo. Lo cierto es que de haber gestionado 1400 millones de cartas anuales a principios de siglo pasó a manipular algo más de 200 millones. “El sistema de identificación digital MitID fue determinante en este proceso. Hoy, el 97% de la población mayor de 15 años usa este mecanismo para realizar todo tipo de trámite burocrático –bancarios, del sistema de salud, comerciales–, lo que redujo la correspondencia física”, observó Kim Pederson, gerente de la rama danesa de la empresa. No opinan lo mismo en Suecia, titular del 60% de las acciones de PostNord.

La decisión se produce tras los recortes, el ajuste, y las privatizaciones de las empresas postales nacionales de toda Europa, como la alemana Deutsche Post y la francesa La Poste. Estas medidas provocaron despidos y aumentos en el precio de los sellos. La rama danesa de la empresa conservará bajo su órbita lo relacionado con el transporte de paquetería, que a la luz del auge del comercio en el ámbito europeo, se presenta como auspiciosamente rentable. La entrega de cartas pasó a manos de la privada Dansk Avis Omdeling (DAO), que aplicará un esquema hasta ahora ignorado en Dinamarca. Por él, los usuarios deberán llevar sus cartas a locales especiales o comunicarse para que la empresa pase a retirarlas por su casa, obviamente mediante el pago de una tarifa suplementaria.

Unas 270 mil personas, alrededor del 4,5% de la población danesa, depende del correo, lo que incluye a enfermos crónicos, ancianos y discapacitados. Según entidades solidarias que trabajan con estos grupos, corren el riesgo del aislamiento social, a lo que la reducción del servicio postal añadiría un factor nefasto. Los defensores de la escritura de cartas señalan que la desaparición de esta práctica contribuye a la soledad, a la que los investigadores consideran cada vez más como un problema de salud pública. La primera encuesta sobre el tema de la UE, realizada tras los confinamientos dispuestos en los años del coronavirus, reveló que más de un tercio de los encuestados dijeron sentirse solos en largos períodos, un estado que puede reducir la esperanza de vida.

El sindicato de trabajadores postales denuncia desde 2023 los planes de privatización que en ese año esbozaron las autoridades danesas. A mediados del año pasado redoblaron su campaña de defensa del histórico servicio, cuando PostNord empezó a levantar los clásicos buzones callejeros. En su “boletín de información comunitaria”, mientras denuncian “la ligereza con la que las autoridades se manejan ante la amenaza de Estados Unidos de quedarse con nuestra Groenlandia –de los pocos que lo dicen– y se comprometen cada vez  más con la guerra de Ucrania” –de los muchos que lo dicen–, advierten sobre el difícil panorama que se abre. De sus 2200 trabajadores ya despidió a 1500 y, en pos del equilibrio fiscal innegociable, a esos 700 que quedan les hizo la clásica oferta del retiro voluntario.

Con el nuevo sistema de gestión desaparecieron del paisaje urbano los 1500 buzones rojos, una simbólica artesanía de hierro fundido de mediados del siglo XIX, que dominaban la visión ciudadana en plazas y esquinas, al borde de las rutas o amurados a los edificios de las áreas más pobladas de las ciudades. A modo simbólico, el servicio postal regaló uno de  esos buzones a Enigma, el Museo de las Comunicaciones de Copenhague. Y junto con esa reliquia hizo entrega a su director del último sobre gestionado por PostNord. De lo que nadie ha dado cuenta es del destino que tendrán los sellos postales en esta nueva etapa. En especial la serie que incluye la figura de La Sirenita, el más célebre de los 160 cuentos infantiles escritos por Hans Christian Andersen

Justo dos siglos después de la primera caminata de Kasper por la europea Dinamarca, en mayo de 1825, en el pleno otoño sudamericano y en otras dimensiones, “El Gaucho Gauna” –chasqui se le decía por entonces, herencia de la nominación incaica– iniciaba su derrotero histórico en lo que hoy es suelo argentino. Él no fue olvidado. Era salteño, soldado de Güemes y se llamaba Calixto Ruiz de Gauna. Dicen que en sólo ocho días, galopando, hizo el trayecto Salta-Buenos Aires para traerles a los patriotas de mayo la adhesión del Cabildo norteño al independentismo. A diferencia de Kasper su nombre quedó sellado en parques, calles y plazas del nuevo país, siempre como Gauna, a excepción del nomenclátor porteño, que le puso Gaona al camino por el que El Gaucho entró al puerto con su preciada noticia.  «

Un MAGA para que EE UU se vaya

Miles de ciudadanos se manifestaron este sábado en las principales ciudades de Dinamarca para protestar por la ofensiva de Donald Trump sobre Groenlandia. También hubo protestas en Nuuk, la capital groenlandesa. «Ahora Nuuk» o «Manos fuera de Groenlandia» son algunos de los lemas en las pancartas de Nuuk.Hubo marchas en Copenhague, Aalborg, Kolding, Odense y Aarhus, donde un cartel decía «Make America go away», «Hagamos que Estados Unidos se vaya», parafraseando el lema de Trump.

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