El padre del joven baleado por la Gendarmería en Lomas de Zamora habló duramente de las fuerzas de seguridad a través de una carta.

Mi hijo permanece internado hace seis días y, recién ahora, pareciera recuperarse, lentamente. De milagro, saben, ¡de milagro está vivo! El domingo pasado, acá, en Lomas de Zamora, salió a dar una vuelta con la moto y cometió el error de no detenerse inmediatamente frente al control vehicular, porque había olvidado llevar su registro. ¿Entonces? Entonces lo persiguieron a los tiros durante cuatro cuadras. Y al final, sí, una de todas esas balas de plomo le atravesó la espalda, dice el escrito publicado en La Garganta Poderosa.
El hombre relata además cómo su hijo fue perseguido por la fuerza hasta que se dieron cuenta de que había sido herido. Ahí nomás lo abandonaron. Nadie lo asistió, nadie. Porque sí, nos protege una banda de asesinos y dementes incapaces de solucionar un conflicto mínimo, porque no están aptos para portar un arma de fuego, expresó. Las Fuerzas dan miedo y disparar a quemarropa ya se ha vuelto normal, ¡hay que parar esto urgente!, continuó.
Sala también contó que de acuerdo a lo confirmado por los médicos, su hijo no tiene daños en los órganos vitales.
Carta completa: Nos protegen unos asesinos
Mi hijo permanece internado hace seis días y, recién ahora, pareciera recuperarse, lentamente. De milagro, saben, ¡de milagro está vivo! El domingo pasado, acá, en Lomas de Zamora, salió a dar una vuelta con la moto y cometió el error de no detenerse inmediatamente frente al control vehicular, porque había olvidado llevar su registro. ¿Entonces? Entonces lo persiguieron a los tiros durante cuatro cuadras. Y al final, sí, una de todas esas balas de plomo le atravesó la espalda.
Como pudo, llegó hasta la casa de su novia, bañado en sangre, casi desvanecido. Y solo, porque los gendarmes dejaron de seguirlo cuando se dieron cuenta que lo habían baleado. Ahí nomás, lo abandonaron. Nadie lo asistió, nadie. Porque sí, nos protege una banda de asesinos y dementes, incapaces de solucionar un conflicto mínimo, porque no están aptos para portar un arma de fuego.
No es odio, es impotencia. Y sinceramente, si puedo bajar estas palabras ahora, es porque el último parte médico afirma que no se dañaron órganos vitales. Mi hijo ya come y puede ir al baño, con ayuda. ¡Gracias a la vida, sí! Pero le perforaron los intestinos, ¿entienden? Tiene 14 puntos, 19 años, un montón de sueños y no, ¡no andaba en nada raro, carajo!
Es fácil, muy fácil decir que se joda, que «hubiera parado», pero tenemos que reaccionar como sociedad, porque esta vez le tocó a Gonzalo, pero mañana les puede tocar a tus hijos. Las Fuerzas dan miedo y disparar a quemarropa ya se ha vuelto normal, ¡hay que parar esto urgente! De mínima, todos estos tipos deberían ser sometidos a controles psicotécnicos de verdad, en vez de ser premiados por desenvolverse con la más absoluta irresponsabilidad. ¡Es el reino del revés! Fue un intento de homicidio, en plena luz del día…
Y otra vez, fue Gendarmería.
* Por Osvaldo Sala, papá de Gonzalo, otro pibe baleado por Gendarmería.
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