La banda proyectó fotos y pruebas de la relación entre el presidente de EEUU y el facilitador de menores para su abuso mientras tocaba "First Class Loser". El gesto fue coherente con la postura comprometida que el grupo sostienen desde sus inicios.

La escena no fue un accidente ni un guiño superficial: Dropkick Murphys, conocidos por su posicionamiento político desde hace años, eligieron explícitamente dedicar el tema a Trump introduciéndolo con palabras duras del vocalista Ken Casey antes de que las imágenes y clips se reprodujeran detrás de ellos. El gesto fue leído como una declaración directa y deliberada, coherente con la trayectoria pública del grupo.
«First Class Loser», originalmente publicada en 2017, ya había sido utilizada en el pasado por la banda como crítica a Trump durante presentaciones en vivo. Sin embargo, en este concierto la proyección visual secuenciada con fotografías y fragmentos de video añadió una capa más explícita de comentario político. Entre las imágenes se incluyeron escenas incómodas y registros de Trump en distintos contextos públicos, algunos de ellos relacionados con su vínculo social con Jeffrey Epstein, figura central de uno de los escándalos más graves de las últimas décadas en Estados Unidos.
Este tipo de intervención no es aislada en la carrera del grupo. A lo largo de 2025, Dropkick Murphys profundizaron su perfil político con lanzamientos recientes y declaraciones públicas que apuntan contra la desigualdad, el autoritarismo y las dinámicas de poder en la sociedad estadounidense. En sus shows, la banda suele reforzar ese mensaje con discursos directos, sin ironías ni ambigüedades.
Nunca ajenos al activismo, los Dropkick Murphys vienen mezclando música y posicionamiento político desde hace años. Ken Casey, líder del grupo, ha protagonizado episodios virales fuera del escenario, como cuando interrumpió un show para cuestionar a un fan con una camiseta del movimiento MAGA, contrastando ese símbolo político con la producción local de la mercancía de la banda.
El punk, como tradición cultural, ha funcionado históricamente como un espacio de confrontación con el poder. Desde su surgimiento en los años setenta, el género tradujo frustraciones sociales y políticas en canciones, gestos y acciones en vivo. En el caso de Dropkick Murphys, una banda con casi tres décadas de trayectoria y un fuerte vínculo con comunidades trabajadoras, ese espíritu se actualiza como una forma de resistencia cultural explícita.
La proyección de imágenes de Trump y Epstein no fue simplemente un golpe visual. Para muchos asistentes y observadores, funcionó como un recordatorio de relaciones, silencios y zonas oscuras que siguen presentes en la conversación pública estadounidense. El montaje adquirió un peso simbólico mayor al aparecer durante una canción cuyo tono y letra pueden leerse como una crítica frontal al expresidente.
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