Si en condiciones normales los casos de depresión en jugadores duplican a la media, la cuarentena los expone más, como lo demuestra el suicidio de un juvenil de Colón.

Apenas el 3% de los juveniles que integran la Séptima División (16 años) de un club del fútbol argentino llegará a firmar un contrato como jugador profesional. “Es amplio el tema. Para mí, se debería empezar en decirles que puede ser que no lleguen, que de hecho la mayoría no llega -dice Gustavo Oberman, campeón mundial Sub 20 en Holanda 2005, surgido de las inferiores de Argentinos Juniors, actual futbolista de Dock Sud-. Pero a los clubes no les interesan esos chicos. Quieren a todos motivados para ayudar a los que creen que van a llegar. Y eso, a la larga, frustra a muchos. Es así. Y muchas veces no dejan salir a los chicos a otros clubes para que no explote en otro lado y que hablen mal de ellos”. En tiempos de cuarentena, un juvenil de un club de Primera hasta llegó a gastarse el dinero de la comida en recargas de celular para poder entrenarse vía Zoom. El fútbol lo pondrá como casos de “esfuerzo” y “superación”. Sólo si triunfan.
El suicidio de Ferlini, el juvenil que Colón había dejado libre, ocurrió en pleno aislamiento social. El 22% de las futbolistas y el 13% de los futbolistas presentaron síntomas de depresión durante el encierro forzado, según un estudio del sindicato de jugadores (FIFPro) y la Facultad de Medicina de Ámsterdam. Y el 18% de las mujeres y el 16% de los varones informaron ataques de ansiedad. “Los porcentajes son notablemente superiores con respeto a otros recientes -apuntó FIFPro-. Existe preocupación por su futuro en la industria del fútbol”.
En 2019, se recuerda, se suicidaron cuatro futbolistas en Argentina. El más notorio: Julio César Toresani, quien se mató en una oficina de la Liga Santafesina de Fútbol, en la que vivía hacía dos meses luego de padecer apremios económicos. El 38% de los jugadores sufre depresión o problemas psicológicos, en especial los que atraviesan lesiones graves. En la población en general, el porcentaje varía entre el 13 y el 17%. Y después del retiro, insomnio, angustia, alcoholismo. A pesar de que hay más puestos de trabajo, el fútbol no suele trabajar el después del retiro. La formación humana choca con el negocio, que ilusiona, destrata y abandona. De alguna manera, los futbolistas, sin distinción, viven hoy un “retiro virtual”.
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