El baile perfecto: una Argentina de época y ya clasificada destrozó 4-1 a un Brasil en crisis

Por: Alejandro Wall

La selección de Scaloni, que había obtenido el pasaje al Mundial por la tarde tras el empate en Bolivia-Uruguay, no sintió la ausencia de Messi y jugó otro partido histórico. Julián Álvarez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Giuliano Simeone anotaron los goles de una noche inolvidable en el Monumental.

Lo que fue una confirmación antes de salir a la cancha, que la selección argentina ya tiene su lugar en el próximo Mundial, se convirtió en una anécdota cuando empezó el partido, apenas comenzó con los destrozos sobre la nave brasileña. Le alcanzaron menos de cuatro minutos para conseguir el primer daño, el gol de Julián Álvarez. Fue implacable. La Argentina disminuyó a Brasil, que es un gigante en crisis. Lo dejó hecho harapos, sólo le permitió respirar gracias a un error propio, y después volvió a desarmarlo. El vuelo hacia el 2026 comenzó con una fiesta contra Brasil.

Hacía veinte años que no ocurría algo así, que la Argentina no le ganaba a Brasil en el país. Pasaron otras cosas en el medio, como la final de la Copa América en el Maracaná, o el último partido por eliminatorias, también en Río de Janeiro. Este es otro hito. Además, marca un cambio de época. Porque si hay un partido que marca un cambio de época para el fútbol, es este. Están ausentes Lionel Messi y Neymar. Nunca habían faltado los dos juntos en estos veinte años que se terminan esta noche. Ambos tienen hilo para tirar, pueden llegar al Mundial, pero esto empieza a marcar el final. A la Argentina le quedarán dos partidos como local por eliminatorias, se empieza a contar así lo que queda por ver a Messi bajo este cielo.

Este Argentina-Brasil, en marzo de 2025, es de Julián Álvarez y Vinicius, de Rodrygo y Thiago Almada, quizá de Raphinha y Rodrigo De Paul. Es de Emiliano “Dibu” Martínez, el primer ovacionado de la noche, cuando el equipo sale a hacer los movimientos previos, a testear el campo de juego, el clima, el calor de las tribunas. A bailar, como hizo Dibu. Julián fue el otro gran ovacionado.

Este Argentina-Brasil, en realidad, es de la Argentina, de su selección, del equipo creado por Lionel Scaloni. Un sonómetro hubiera marcado la ovación al entrenador como la más grande de la noche. Y es una forma de celebrar a este equipo.

El gol de Julián liberó a la selección, le dio el impulso necesario para comerse el partido frente a un Brasil que deambulaba, demasiado alejado al monstruo prometido por Raphinha. Julián se llevó por delante la pelota después de un pase hermoso de Thiago Almada. En realidad, empezó con De Paul buscándolo a Nicolás Tagliafico, que la bajó de cabeza. Con ese fútbol colectivo, asociado, empezó a barrer a Brasil.

Fue tan abrumador lo que hizo Argentina en esa primera parte que el segundo gol nació en los pies de Dibu. Fueron 33 toques, un movimiento coral que se encargó de terminar Enzo Fernández. La obra colectiva le daba más brillo al equipo, al triunfo, y todavía no habían pasado quince minutos. Era una fiesta y contra Brasil. En cinco días que, además, incluyeron un triunfo en el Centenario. Porque esta es una selección que va marcando un check en cada pendiente.
Esta noche, el equipo es el mismo que jugó contra Croacia en las semifinales de Qatar 2022. Sólo un cambio, nada menor: Thiago por Messi. Pero el aura del equipo se mantiene, el mismo sentido de la selección que ganó el Mundial. Scaloni deberá escribir algún día el manual sobre cómo mantener la llama encendida de un equipo durante seis años y medio. Un equipo que siempre tiene algo más para dar.

Incluso en el partido. Porque el error de Cuti Romero en una salida le dio la posibilidad a Matheus Cunha de acercar a Brasil en el resultado, del 2-1. Pero para la selección de Dorival Jr. fue sólo un espejismo. Se trata de un equipo que no está a la altura de la historia del pentacampeón, del fútbol de Pelé y Garrincha, de Zico, de Sócrates, de Ronaldo. Si a Brasil le faltaban hacerse preguntas, Argentina le generó todas. También un baño de humildad para las promesas de paliza.

El gol de Alexis Mac Allister, con pase sensacional de Enzo, reencauzó el partido, lo puso en su lugar, en el que correspondía al juego. En un momento, Dibu puso un pase de ochenta metros después de sacarse de encima a Vinicius, y mostró que un arquero también puede ser protagonista sin que el rival lo pelotee. Pero también apareció cuando lo exigieron, o cuando bajó una pelota con el pie, ya en el segundo tiempo. Dibu es un emblema de este equipo, de este tiempo.

En ese segundo tiempo, la selección salió sin dudas, sin grietas, con la seguridad y las ganas de llevarse por delante a Brasil. El cuarto gol fue de Giuliano Simeone, su primer gol en la selección. Un Simeone, contra Brasil. La noche ya estaba completa. Hubo otros triunfos contra Brasil, incluso aquel de la selección de José Pekerman hacia veinte años, pero no hay en la memoria un rodeo así, el baile perfecto.

La clasificación para Qatar 2022 también se consiguió contra Brasil, y también gracias a un resultado ajeno. Aquella vez fue en San Juan, en noviembre de 2021, un cero a cero pálido, distinto a esta noche. Después de ese partido, Scaloni necesitó hablar con Messi, que ya se disponía a regresar a París, a volver a su club de entonces, el PSG. Qatar podía ser el último Mundial del capitán, la última oportunidad. En esa charla, Scaloni le contó lo que sentía, que había mucho entusiasmo y que la desilusión también podía ser muy fuerte. “Hay que intentarlo”, le respondió Messi. Y empezó el camino hacia Qatar. Seguro habrá otra charla, distinta, en otro tono, con otra tranquilidad. El 2026 está acá a la vuelta. Y a la vez está tan lejos. Todavía queda disfrutar todo esto. Esta selección, este fútbol.

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