Según el Indec, las cantidades ingresadas crecieron un 38,9% en lo que va del año. Vehículos y bienes de consumo encabezan la avalancha.

Según el informe, las importaciones que más se incrementaron fueron las de Vehículos automotores de pasajeros (117,9% interanual), seguidas de los Bienes de consumo (54%). Estos dos rubros muestran una marcada tendencia a reemplazar cada vez más bienes finales hechos en el país por otros producidos en el exterior.
En menor cantidad subió la importación de Bienes de capital (47,1%), Piezas y accesorios para Bienes de capital (10,2%), Bienes intermedios (5,8%) y Combustibles y lubricantes (0,5%). Este último rubro se mantuvo casi estable gracias a la mayor producción energética local generada en Vaca Muerta.
La dispar variación en cada una de estos ítems indica que el auge exportador tiene efecto principalmente en los bienes finales (vehículos y de consumo), lo que sugiere un menor aprovechamiento de las posibilidades de la industria local. Esto coincide con otro indicador del Indec, el de Utilización de la capacidad instalada en la industria, que apenas llegó en agosto último al 59,4%, incluso por debajo del 61,2% de un año atrás.
Semejante crecimiento de las importaciones, que no fue equiparado por las exportaciones (subieron 12,9% medida en volúmenes), trajo aparejado como resultado ineludible una fuerte caída en el superávit comercial medido en dinero, que fue de U$S 6.030 millones entre enero y septiembre. En 2024, en el mismo período, el saldo del comercio exterior había sido favorable en U$S 15.057 millones (dos veces y media el actual).
Los números son una aproximación indirecta a una remanida discusión sobre el tipo de cambio de equilibrio. En las condiciones actuales, aun después de la corrección de alrededor de 25% que tuvo en los últimos cuatro meses (pasó de la banda de $ 1.100-1.150 a $ 1.440-1.480), sigue favoreciendo la importación de bienes finales más que las exportaciones locales.
Y además impacta en otra cuestión: la generación genuina de divisas. El superávit comercial se había ubicado a la salida de la pandemia en un rango de entre 12 y 14 mil millones de dólares, sólo interrumpido por la sequía de 2023. El año pasado tocó el récord histórico de U$S 18.928 millones. En 2025 se está desinflando y proyecta entre 7.500 y 8.000 millones de dólares.
La importancia de esos números para el escenario local es mayúscula. Según un análisis publicado por el Centro Regional de Estudios Económicos de Bahía Blanca (CREEBBA), “a diferencia de otras economías más diversificadas o con mayor acceso a crédito internacional, en Argentina la acumulación de reservas depende, en gran medida, del saldo entre exportaciones e importaciones, lo que convierte al comercio exterior en importante variable macroeconómica. Además, en un escenario de compromisos financieros con organismos internacionales y de necesidad de estabilizar el tipo de cambio, la capacidad de lograr superávits comerciales adquiere un rol decisivo”.
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