Se trata del lugar donde se hallaron tambores que contenían los cuerpos de personas que habían estado secuestradas en Automotores Orletti, entre ellas el hijo del poeta Juan Gelman. El rol de la SIDE en el Plan Cóndor.

La jornada contó con la participación de organismos de derechos humanos, organizaciones sociales, autoridades provinciales y municipales y, por supuesto, de la comunidad en su conjunto. Entre ellas la Dirección de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires, el Municipio de San Fernando, la Comisión Memoria, Verdad y Justicia de Zona Norte, Barrios por Memoria y Justicia de Zona Norte y Federalizar la Memoria.
Macarena Gelman, es hija de María Claudia García Irureta Goyena y Marcelo Gelman (hijo del afamado poeta Juan Gelman y uno de los cuerpos identificados) sostuvo en diálogo con Tiempo Argentino: “El mayor aporte que se puede hacer a través de esta actividad es la contribución al Nunca Más y a garantizar su persistencia en el tiempo”. Y continuó: “Estas señalizaciones, estos actos, creo que ayudan a la posibilidad de expandir la memoria sobre lo que pasó, sobre los hechos para que, como pueblo, no cometamos los mismos errores”.
En 2012 hubo un nuevo hallazgo de tambores, a metros del Aeródromo Internacional de San Fernando. Era un terreno que se había rellenado con el material que provenía del dragado del Río Luján. En esa oportunidad, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó los restos de dos jóvenes diplomáticos cubanos, Jesús Cejas Arias y Crescencio Galañena Hernández. Con ellos estaban los cuerpos de María Rosa Clementi de Cancere, una empleada de la misma representación diplomática, y de Ricardo Manuel González. Todos habían sido secuestrados en 1976.
“Esto es un hito más en el largo camino de la memoria, y la lucha por la verdad y la justicia. No se trata de un de un homenaje luctuoso, sino de celebrar la vida y celebrar el compromiso y el amor como forma de encarar la existencia. Es tratar de ser solidarios, entendernos como un colectivo”, sostuvo Ernesto Gayá, hijo de Gustavo Gayá y sobrino de Ricardo Gayá y Ana María del Carmen Pérez. Ricardo, el tío de Ernesto, fue el primer integrante de la familia Gayá en ser secuestrado. El castigo fue encarnizado por su condición de integrante de la Policía Federal Argentina (PFA). Desde allí, pasaba información a la conducción del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) donde militaba. En septiembre de 1976, un grupo de tareas llegó al departamento donde se encontraban Ernesto (de poco más de un año) con su mamá, su papá y su tía, que estaba próxima a parir. A su mamá la asesinaron ahí mismo. Los restos de su papá, su tío y su tía –Ana María Pérez– aparecieron en los tambores.
Al finalizar el acto, junto a Barrios por la Memoria de Zona Norte, se colocaron las baldosas en recuerdo de las once víctimas que se pudieron identificar: Marcelo Gelman, Darío Zelarayán, Ricardo Gayá, Gustavo Gayá, Ana María del Carmen Pérez, Mercedes Rosa Verón, Ricardo Manuel González, Alberto Cecilio Mechoso Méndez, María Rosa Clementi, Jesús Cejas Arias, y Crescencio Nicomedes Galañena Hernández.
Estuvieron presentes el diputado nacional y nieto restituido, Horacio Pietragalla Corti, la diputada nacional, Fernanda Miño, el diputado nacional, Matías Molle, la diputada provincial, Mónica Macha, el representante de la Embajada de Cuba, Leonardo Baster Paz, el secretario del EAAF, Carlos “Maco” Somigliana, la Directora de Sitios y Espacios de Memoria bonaerense, Lorena Battistiol, además de concejales y funcionarios provinciales y municipales. También estuvo presente el abogado querellante en causas de Lesa Humanidad, Pablo Llonto, integrantes de organismos de derechos humanos, y miembros de la comunidad.
Automotores Orletti ocupó un lugar central en la maquinaria represiva. Funcionó entre mayo y noviembre de 1976, en el barrio porteño de Floresta, como centro clandestino de detención, tortura y exterminio bajo control de la SIDE y de grupos operativos vinculados a la Superintendencia de Seguridad Federal. Fue uno de los principales nodos del Plan Cóndor en la Argentina y un espacio decisivo para la represión transnacional. Allí pasaron personas de nacionalidad uruguaya, chilena, paraguaya, boliviana, cubana y argentina, entre otras.
Las investigaciones sobre Orletti han permitido mostrar no sólo la coordinación entre servicios de inteligencia de distintos países, sino también la coexistencia de tormentos, desaparición forzada, apropiación de bienes, extorsión y saqueo de pertenencias de las víctimas. Ese aspecto material del terror también es importante: la represión no fue sólo disciplinamiento político, sino en muchos casos despojo sistemático. Es relevante por varias razones: muestra la dimensión internacional de la represión; revela la confluencia entre SIDE argentina, Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) chilena y otras estructuras represivas; y recuerda que el anticomunismo militante de las dictaduras del Cono Sur también alcanzó a funcionarios y representantes diplomáticos de un país como Cuba, percibido como enemigo estratégico dentro del mapa hemisférico de la Guerra Fría.
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