Patricio Valsecchi recorrió el mundo haciendo kayak y rafting, pero encontró su pasión como instructor de tirolesa en un dique mendocino.

Pato, como lo llaman sus amigos, comenzó su emprendimiento hace una década, trabajando a la par de un arquitecto y un ingeniero en la construcción de los anclajes y las plataformas de este gran entramado de cables de acero que surcan el aire. Son dos especialistas de Costa Rica, donde el canopy está muy extendido. Son los que más saben. Allá las tirolesas están en medio de la selva y las bases, sobre los árboles. Acá tuvimos que adaptarlo a las piedras, explica Valsecchi, quien está detrás del emprendimiento Canopy del Lago, que desde enero de 2008 brinda recorridos junto con un staff de cuatro guías y dos fotógrafos extremos. El impacto visual y ambiental, aclara, es mínimo: Está todo integrado en el paisaje.
Es una hora y media garantizada de adrenalina. Lo digo porque veo que la gente sale con una sonrisa difícil de borrar. Incluso vienen familias. Desde los cinco o seis años ya pueden participar. Solo hay que animarse, precisa Pato, y cuenta que es común que los cóndores pasen a unos dos o tres metros de las personas. Es espectacular tener ese bicho enorme al lado. Es que cuando sienten el movimiento salen de sus nidos a curiosear. «
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