El cielo sigue llorando: a 30 años de la muerte de Stevie Ray Vaughan

Por: Sebastián Feijoo

El inolvidable guitarrista, cantante y compositor texano perdió la vida en un accidente de helicóptero cuando tenía sólo 36 años. Fue el responsable del resurgimiento del blues-rock en los '80 y hoy su música mantiene el mismo fuego que la hizo única.

Últimas horas del 26 de agosto de 1990. Stevie Ray Vaughan disfruta del mejor momento de su vida. Luego de una ardua y desgastante lucha, por fin los fantasmas de la cocaína y el alcohol que lo condicionaron durante años parecen dominados. “In Step” –su primer disco sobrio- gira y gira en las radios y le prodiga –una vez más– el reconocimiento de colegas, críticos y público. El futuro del cantante y guitarrista texano se abría de par en par y el optimismo teñía cada uno de sus movimientos. Esa noche fue una verdadera celebración de blues. Su hermano Jimmie, Eric Clapton, Buddy Guy y Robert Cray, cinco emblemas del género, en un encuentro mágico. Todos juntos cerrarían la velada sobre el escenario de East Troy (Wisconsin) con una incendiaria versión de “Sweet Home Chicago”. Vaughan estaba en el mejor momento de su carrera y parecía que nada podría detenerlo.

Yeso, papas fritas y zapadas

La historia empezó como tantas. Allá lejos, en Austin (Texas), un chico de diez años se quiebra una pierna y es condenado a reposo forzado. No eran tiempos de Internet, ni siquiera de cientos de canales en el control remoto. Pero aparece en escena un hermano mayor y le regala una guitarra de juguete: fue amor a primera vista. Jimmie Ray Vaughan le había dado a Stevie la llave para cambiar su vida.

“Decididamente él me pasó los primeros acordes y licks. Pero después me enseñó cómo aprender solo. Y ese es el camino correcto para hacerlo”, explicó alguna vez el menor de los Vaughan. A los 16 años el futuro gran refundador del blues eléctrico hacía rato que no estaba interesado en estudiar y se ganaba la vida en una oscura hamburguesería de Texas. Hasta que dijo basta y decidió jugarse a todo o nada. Renunció al trabajo y se embarcó en una febril carrera hacia el reconocimiento. En 1971 forma Blackbird, su primera banda. Pronto se sumarían a la lista otros grupos propios y colaboraciones pasajeras como Krackerjack, The Nightcrawlers, The Cobras y Triple Threat. Pero su historia grande empezó a escribirse a partir de 1980, cuando acompañado por Jackie Newhouse en el bajo –después reemplazado por el histórico Tommy Shannon– y Chris Layton en la batería formó Stevie Ray Vaughan and Double Trouble.

Blues del frenesí

El éxito inmediato determinó una carrera contrarreloj de shows en vivo y discos. En 1984 salió a la calle otro disco memorable: «Couldn’t Stand the Weather», que incluía una incendiaria versión de “Voodoo Chile”. Fue el trabajo con el que ganó su primer Grammy como mejor álbum de blues. Casi doce meses después apareció «Soul to Soul», el registro que marca el ingreso a la banda del tecladista Reese Wynans. Por este álbum, más precisamente por el tema «Say What!», el guitarrista recibió su quinta nominación para el Grammy. El recorrido a máxima velocidad se cierra con «Live Alive», grabado en Londres durante 1986.

Para ese entonces, el guitarrista ya estaba verdaderamente desbordado. La muerte de su padre no hizo otra cosa acelerar el proceso de autodestrucción y su cuerpo empezó a decir basta. El alcohol estaba más presente que nunca, pero su necesidad de consumir cocaína para poder responder a una agenda inclemente lo empujó a la desesperación. Llegó al extremo de tomarla diluida en cerveza para no interrumpir su consumo frente a extraños. Un desmayo en pleno escenario, durante la gira de septiembre de 1986 en Alemania, fue la señal inequívoca de que la situación era desesperante. El diagnóstico de úlcera lacerante de estómago fue inmediato. Su vida pendía de un hilo. Decidió internarse en Londres y contra gran parte de los pronósticos… se recuperó.

“Soy alcohólico. Empecé a beber cuando tenía alrededor de 6 años. Con el tiempo y las presiones le sumé otras cosas y la situación se hizo incontrolable. Me mantenía anestesiando mis sentimientos. Tenía la  idea de que la cocaína era más segura que otras drogas. Me llevó al punto donde estaba completamente destrozado en cuerpo, corazón y pensamientos. El tratamiento me dio las herramientas para vivir sin usar estas cosas. Ahora me levanto por las mañanas y estoy cerca, realmente cerca”, explicó al respecto. 


Discografía fundamental

“Texas Flood” (1983)

Un debut demoledor. Diez temas interpretados con una energía y un feeling que sobrepasan todo lo conocido. Clásicos imperecederos como “Pride and Joy”, “Love Struck Baby” y “Mary Had a Little Lamb” (B.Guy). Y joyas menos difundidas como la más funk “Testify” (G.Clinton), el boogie instrumental “Rude Mood”  o la balada “Lenny” hacen de “Texas Flood” material de consulta permanente. Y todo grabado de una sola toma, casi como un show en vivo. Sorprendente.

“Couldn’t Stand the Weather” (1984)

Sin demasiado tiempo para la reflexión o el descanso, apenas en un alto entre gira y gira, Stevie acomete con otra dosis mortal de blues/rock del diablo. En ocho composiciones se las arregla para ensanchar visiblemente su paleta de estilos. El tema que le da nombre al disco –clip incluido– saca chapa de hit al instante a puro groove. La versión de más de 7’ de “Voodoo Chile” (Hendrix) empalidece la del propio genio de Seattle. “Stang’s Swang” inmortaliza al guitarrista texano por primera vez decidido a acercarse al jazz. Y la extenuante –y exquisita– “Tin Pan Alley” regala emoción y brillo en slow blues. Irreprochable.

“Live Alive” (1986)

El obligado álbum en vivo. Stevie Ray Vaughan era un músico que se incendiaba sobre las tablas y -con toda su crudeza- “Live Alive!” le hace justicia. El registro original exigió alguna sobregrabación –las adicciones del guitarrista por aquel entonces estaban en su punto más álgido–, pero los resultados finales están a la altura de la leyenda. La perla del disco es la demoledora versión del rock “Say What!”, donde el texano encandila con su lacerante uso del pedal wah wah. Tampoco se puede pasar por alto la de “Superstition” (Steve Wonder). Necesario.

“In Step” (1989)

Su primer disco sobrio. Incluye la mejor producción de su carrera, un rol más activo de los teclados y arreglos de vientos. Es su álbum más exitoso. En parte por el explosivo hit “Crossfire”, pero respaldado por un puñado de canciones que no le van atrás en calidad. El boogie «The House is Rockin'», la melancolía del blues profundo de «Let Me Love You Baby» y «Leave My Girl Alone», y el instrumental «Riviera Paradise» -de más de 9’, otra vez acercando el blues al jazz-, hablan por si mismos. Demoledor.

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