El culebrón mexicano ingresa en el siglo XXI

Por: Belauza

Poco después del megaéxito de Luis Miguel, la serie, La casa de las flores renueva y multiplica el interés global por las producciones audiovisuales de ese país. Crónica de una familia muy normal.

En abril pasado, en una de sus rondas anuales de entrevistas que concede con la guía del algoritmo del marketing, el jefe de contenidos de Netflix, Ted Sarandos, declaraba: «La próxima Stranger Things puede venir de cualquier parte del mundo». En busca de esa fórmula mágica que le conceda el predominio que aleje definitivamente los fantasmas de Amazon y Hulu, Netflix, que en esto de producir series les lleva un par de años de ventaja, descubrió el filón latino más tradicional: el del culebrón. Al éxito de Luis Miguel, la serie, que coprodujo con Telemundo, se le sumó La casa de las flores con un súper elenco encabezado, nada más y nada menos, que por Verónica Castro (y el clásico lugar común de la «excentricidad y el colorido latino»).

Si Luis Miguel ahora es una estrella de Spotify, motiva fiestas temáticas y se promueve su música en celebraciones de aniversarios, La casa de las flores hizo estallar las redes de un interés por la tradición mexicana en general y el género de telenovela en particular. Y si sobre el final de Luis Miguel se empezó a sospechar una formidable operación de marketing para instalar entre los millennials a un artista del que ni siquiera tenían noticias, La casa de las flores resulta uno de esos fenómenos más asociado a la tradición televisiva mexicana: lo popular se mezcla con el negocio en una interacción que lejos de anular las intenciones de uno y otro, las potencia hacia lugares inesperados.

Veamos. La serie arranca con la fiesta de cumpleaños del hombre de la familia De la Mora, Ernesto (Arturo Ríos). Luego de que su mujer Virginia (Verónica Castro), le canta el Happy Birthday a la manera de Marilyn Monroe al presidente John Kennedy, uno de sus hijos encuentra un cadáver colgado en una sala de la mansión que habitan: se trata de Roberta, la amante de Ernesto. Comienza entonces una serie de revelaciones estructuradas según el esquema del culebrón: el amor comanda toda acción –dando resultado a conexiones insólitas entre los personajes (familiares o no)– y la clase social nunca es un problema, como mucho puede ser un obstáculo secundario. Sin embargo, el modo de relacionar situaciones y personajes no corresponde al drama, más bien es de comedia, incluso de sátira. Es que el amor ya ni siquiera es líquido: en el mejor de los casos es poli, en el común no está; sólo la excepción puede descubrir las delicias de la intimidad; cuando las opciones aumentan, el drama disminuye. Pocas series han sabido observar esta importante marca de época, incluso cuando elimina de manera intencionada cualquier relación a la clase social.

En ese sentido es una realización bastante más alejada de la idea de fórmula mágica que guía a Luis Miguel. Por eso puede meterse con gracia, sin culpa y con más profundidad que las clásicas series dramáticas, con el tendal de estropicios que ha producido en la sociedad la cultura patriarcal. Y lo hace a partir de una sola certeza: lo único claro en todo este lío de los géneros es que la mujer –lo femenino, para ser más preciso– es el lugar de resolución de todos los problemas, al mismo tiempo que el lugar a ser atacado mientras exista el patriarcado. No importa si se es gay, lesbiana, trans en sus diversos modos: lo que parece joderle a la sociedad patriarcal es el lugar femenino de la historia, lo ocupe quien lo ocupe. Al producirse las revelaciones que provocan el suicidio de una mujer, todos serán más o menos víctimas según la distancia a la que se ubiquen de las posiciones femeninas de las relaciones y la historia que se cuenta. Por eso hay gays, héteros y lesbianas que se alinean con los victimarios clásicos del patriarcado: los hombres.

En su liviandad pop, La casa de las flores resulta más efectiva, amable y sagaz que Luis Miguel en su seriedad rockera. Apunta a la empatía con los lugares que se ocupan (cualquiera en algún momento puede ser víctima) antes que con los nombres que se exhiben: porque los buenos de la historia son los que más allá de sus preferencias e ideas, aceptan al otro como viene, sin pedirle carnet de identidad, y mucho menos credenciales que acrediten pureza. «

Compartir

Entradas recientes

Discursos paralelos: Lula y Milei

Los discursos de dos presidentes: intervenciones breves, pero tan opuestos que obligan a la comparación.

2 mins hace

Trump, bloqueado por la Corte con los aranceles y las dudas para atacar Irán

El tribunal supremo que había llenado de jueces "propios" le dio la espalda a sus…

10 mins hace

Cuando el conflicto en Ucrania va por los cuatro años, un libro que analiza cómo empezó todo

Acaba de publicarse Cerca del apocalipsis (Ciccus), de Alberto López Girondo, que describe el inicio…

14 mins hace

Más sífilis, menos forros: la emergencia en salud sexual

Mientras crecen las enfermedades de transmisión, el gobierno nacional dejó de enviar métodos anticonceptivos a…

23 mins hace

Noelia Sinkunas: “El error también es una forma de verdad”

Figura clave de su generación y con una vocación incansable para sumarse a múltiples proyectos…

30 mins hace

Teresa Donato: «En un punto, todos los que se exilian desaparecen»

En "Desaparecida dos veces", la guionista y periodista cultural cuenta la historia de Ana María…

32 mins hace

En todos lados se cuecen habas: la industria suiza de armas busca quebrar la histórica neutralidad

La derecha y el lobby empresario, agitando el fantasma del ataque ruso y cobijados en…

41 mins hace

Censura en el Museo Británico: eliminó toda referencia a Palestina

Se suma a varias acciones en el país (y en toda Europa) en detrimento de…

53 mins hace

Las grietas del modelo

Cae el empleo, cae el consumo y cierran fábricas, amenazadas por el achicamiento del mercado.

1 hora hace

El primer parque minieólico escolar del mundo está en Necochea

Lo construyó la Técnica Nº 1 de esta localidad balnearia, con materiales reciclables. Dos aerogeneradores…

1 hora hace

“El caballero de los siete reinos” y “Wonder Man”: cuando los universos infinitos se rinden ante las pequeñas historias

Las dos series reducen la escala de "Juego de Tronos" y el universo Marvel respectivamente…

1 hora hace

Ping pong con Julieta Zylberberg: “Tengo una relación muy apasionada con el karoke”

Julieta Zylberberg alterna cine, teatro y streaming con momentos de ocio y diversión. Su filosofía…

1 hora hace