El día después

Por: Camila Bonetti

Por Camila Bonetti, desde París.

Niza vive desde el jueves en estado de horror del que buscó salir con homenajes a las víctimas y preocupación por los heridos en el ataque del 14 de julio. Recién ayer fue reabierto el Paseo de los Ingleses, escenario del atentado, luego de que finalizaran las pesquisas judiciales.
En el resto del país la vida vuelve a la normalidad. Se anunciaron homenajes a lo largo de todo el fin de semana, pero parece estar en la conciencia de los franceses que este no es el último hecho de estas magnitudes y por ello saben que sólo tienen dos opciones: vivir sumergidos en el pánico y encerrados, o juntar fuerzas e intentar mirar hacia adelante.
Una comerciante del distrito XIX de París comenta con resignación que lo sucedido en Niza fue terrible y doloroso, “pero es el gobierno el que debe ocuparse –dice– así puedo seguir trabajando como cada día”. Una señora que hace sus compras en el mercado está enojada e impotente, pero destaca la importancia de la unión ciudadana porque, afirma, “nosotros como pueblo debemos salir adelante juntos”.
Por su parte, un joven estudiante está aún consternado porque su hermana se encontraba en Niza esa noche “y vio pasar al camión cerca suyo mientras atropellaba gente”. Del miedo que tuvo, pasó la noche en el departamento de una amiga, en estado de shock. “Gracias a Dios, está bien y mis otras hermanas decidieron no ir a Niza”, cuenta.
El discurso racista de aquellos que señalan a los musulmanes como los culpables de todos estos ataques y piden por ello un mayor control de fronteras, en línea con Marine Le Pen, pierden argumentos cuando las primeras informaciones arrojan que el atacante, una vez más, es francés. La islamofobia igualmente está presente no sólo en los partidos de ultraderecha, sino en aquellos franceses que se encuentran convencidos en que la culpa pasa por las creencias religiosas.
Una vez más los combates en Siria vuelven a ser eje de debate entre la gente, no así en los medios de comunicación. Existe una grieta entre quienes creen que hay que acabar con Bachar Al Assad, en línea con Estados Unidos, y otros que consideran que combatir junto a él y a Vladimir Putin es más efectivo a la hora de terminar con el Estado Islámico, que aquí es denominado Daesh para no incluir a la religión dentro de ese grupo terrorista. Aun así, son pocos los franceses interesados en el tema, muchos repiten la palabra “miedo” pero no van más allá en el análisis ni en la búsqueda de los porqués.
Lo cierto es que todos siguen adelante, no hay horarios reducidos, ni problemas con el transporte, ni nada que afecte la vida cotidiana en París. Los cafés están abiertos con su clientela habitual, las cervecerías al bajar el sol se colman de gente, los supermercados están abiertos y la gente adentro conversa y sonríe. Una cajera, ya por terminar su jornada laboral, expresa un poco el sentimiento generalizado de los franceses: “No hay que bajar los brazos, tiene que haber justicia pero debemos estar unidos, ahora más que nunca”. 

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