En el verano de 1993, Diego se peleó con el Sevilla para viajar a Mar del Plata a jugar la Copa Artemio Franchi ante Dinamarca, en el cruce del campeón de América con el de Europa. Jugó los 120 minutos, metió un penal y ganó su último título con Argentina.

Argentina y Dinamarca disputaron aquella copa por ser los campeones de la Copa América (1991) y de la Eurocopa (1992). En Mar del Plata, Dinamarca empezó arriba con un gol en contra a los 12 minutos de Néstor Craviotto. Pero a los 30 empató Claudio Cannigia. El 1-1, que se mantuvo en el tiempo suplementario, derivó en la definición por penales. Maradona pateó el primero: definió pegado a un palo. Y, como en el Mundial de Italia, Sergio Goycochea atajó dos penales (5-3). En Dinamarca se lucían el arquero Peter Schmeichel y el incisivo Brian Laudrup. Había salido campeona de la Euro 92 después de meterse por la ventana: Yugoslavia había sido excluida de la Euro por entrar en la Guerra de los Balcanes. La Selección argentina, dirigida por Alfio Basile, venía muy dulce: había ganado, además de la Copa América de Chile 1991, la Copa Rey Fahd 1992 (luego denominada Copa de las Confederaciones). Ganaría incluso la Copa América de Ecuador 93. Pero aquella tarde noche era de Maradona. Fue ovacionado en el Minella. Diego tiene tres títulos con la Selección: el Mundial Sub 20 de Japón 79, la Copa del Mundo de México 86 y, aunque parezca risueño, la Copa Artemio Franchi 93.
Maradona no estuvo en la Copa América 93. Después de la primera suspensión por doping en Napoli, en 1991, sólo jugó aquellos dos partidos con la selección, ante Brasil y Dinamarca, primera citación de Basile. La histórica derrota 5-0 ante Colombia en el Monumental por Eliminatorias, el 5 de septiembre de 1993, precipitó el regreso: la selección necesitaba a Diego en el repechaje ante Australia para clasificar al Mundial de Estados Unidos 94. Y Maradona, que en octubre había llegado a Newell’s, salió al rescate. En Yo soy el Diego de la gente, su autobiografía, recuerda aquellos partidos en el verano del 93: “Me tuve que pelear con el presidente de turno, en este caso Cuervas, del Sevilla, que de golpe se había puesto en importante. Yo la corté muy fácil: ‘Lo que este hombre quiere hacer es joder’. Le dije que le devolviera la cara al perro y me subí al avión. Yo había visto de afuera la Copa América del 91 por la sanción. Pocas cosas tan dolorosas como esas, uno se siente preso; otra cosa es que te elijan o no, pero no poder ni siquiera estar en carrera, no se compara con nada”.
Carlos Bilardo, entonces entrenador de Sevilla, le había dicho a Maradona que sólo estaba para jugar 90 minutos. Ante Dinamarca, jugó los 120 y pateó ese primer penal. Con la copa pegada a su cuerpo, Diego gritaba: “¡El Narigón se equivocó! ¡El Narigón se equivocó!”. La Copa Artemio Franchi -italiano presidente de la UEFA y vice de la FIFA, fallecido en un accidente automovilístico en 1983- tuvo cuatro ediciones, dos amistosas y dos oficiales. La primera, oficial, se jugó en 1985 en París: Francia, campeón de la Euro 84, le ganó 2-0 a Uruguay, campeón de la Copa América 83. La segunda, no oficial, se disputó en 1989: Brasil le ganó 1-0 a Holanda, sin Van Basten, Gullit y Rijkaard en Rotterdam. Y la tercera, no oficial, en 1998: Brasil le ganó 1-0 a Alemania con un gol de Ronaldo en Stuttgart . La de 1993, la de Maradona, fue la otra oficial.
La selección argentina, campeona de la Copa América de Brasil 2021 con Lionel Messi, tendrá un revival de la Artemio Franchi: el 1 de junio, en Wembley, enfrentará a Italia, campeón de la Eurocopa 2021. “Saco una cosa en limpio de todo esto -dijo Maradona después del título-: con 32 años, todavía puedo jugar tres partidos en diez días. Coco me da libertad para moverme por toda la cancha y por todo el frente de ataque. Me siento cómodo lanzando pelotazos a Caniggia y Batistuta, es divertido ver cómo corren y se cruzan. Me encanta poner pelotas para que definan. Yo siempre creí en mí: lo que pasa es que en fútbol hay que demostrar algo todos los días. Superé un buen examen y voy a seguir”. Diego volvió a Sevilla. Lo sancionaron, le hicieron firmar un comunicado en el que ofrecía disculpas, se lesionó, se peleó con Bilardo, cargó contra Basile. Sobrevendría Estados Unidos 94, su último gol mundialista ante Nigeria, el doping. Pero nadie le quitaría lo vivido en Mar del Plata. Había salido campeón: había besado una copa por última vez con la selección argentina.
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