En bloque, al unísono, los clubes más ricos de Brasil anunciaron el jueves pasado, en comunicados calcados, “el fin del fútbol brasileño”. ¿Corrupción? ¿Clubes en quiebra? ¿SADs? ¿Violencia y muerte en los estadios? ¿Escándalos arbitrales? ¿Arreglos de resultados? ¿Paro de futbolistas ante el calendario saturado de partidos? ¿Juveniles vendidos al exterior antes de que cumplan los 18 años? ¿Una ola de racismo? No. Una nota había revelado que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva evalúa una “medida provisoria” para prohibir los casinos online, limitar las apuestas y restringir las publicidades de las bets –como se las conoce en Brasil– frente al aumento de los enfermos de ludopatía y de los endeudados. “El fútbol brasileño –ironizó un usuario en X– nació cuando Charles Miller regresó de Inglaterra en 1894 trayendo en su equipaje una pelota de fútbol y una camiseta con el patrocinio del sitio Bet365”.

Charles William Miller –nacido en São Paulo en 1874, hijo de un ingeniero ferroviario escocés y de una brasileña de ascendencia inglesa– se había educado en la Banister Court School de Southampton, Inglaterra, donde aprendió a jugar al fútbol antes del viaje mítico con la pelota. Miller promovió el juego de pases cortos y rápidos, el scottish passing game. Fundamental en el desarrollo de la “escuela paulista”, es “el padre del fútbol brasileño”. Futbolista y fundador del São Paulo Athletic Club, Miller –fallecido en 1953– sugirió el nombre para un club que se fundaría en 1910: el Sport Club Corinthians Paulista, en honor al legendario Corinthian FC de Inglaterra, en el que había llegado a jugar, y que ese año giró por primera vez en Brasil con tres partidos en Río de Janeiro y tres en São Paulo. Corinthians es el club del que es hincha Lula, quien el 4 de octubre buscará, a los 80 años, su cuarto mandato como presidente de Brasil. “Los clubes –remarcó Lula– no pueden querer que el pobre, que ya gasta para ver el partido por TV, paga autobús y metro, todavía tenga que apostar para agradarles. Prepárense, porque me meto en esta pelea. Vamos a acabar con ese negocio”.

La posible “medida provisoria” contra las apuestas online recibió aceptación popular, a pesar de que los clubes, en el comunicado en modo Apocalypse Now, habían afirmado: “Los hinchas no pueden pagar este precio [sic]. Si desaparece el mercado regulado, no desaparecen las apuestas: desaparece el fútbol”. En 2026, las bets son patrocinadoras principales de 13 de los 20 clubes del Brasileirão, a los que pagan una suma de 1.142 millones de reales (223 millones de dólares), apenas el 8% del total de los ingresos en conjunto. Pero las casas de apuestas no sólo financian a clubes, sino también a federaciones estaduales, a la propia Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), a medios y a comunicadores. “Si te encuentras con alguien defendiendo las apuestas bet, puedes estar seguro: o es dueño de la bet o recibe dinero de las bets para hacer que otras personas jueguen en las bets”, expuso Dalson Figueiredo, profesor de ciencia política en la Universidad Federal de Pernambuco, con investigaciones vinculadas al fútbol, torcedor del Sport Recife.

¿El posible corte del dinero de las bets afectará los resultados del fútbol brasileño, ganador de las últimas siete Copas Libertadores, con tres clubes en las semifinales de la actual edición (Flamengo, rival de Estudiantes de La Plata, y Palmeiras-Fluminense) y otros dos en las de la Sudamericana (Vasco da Gama, rival de Boca, y Atlético Mineiro)? El dominio brasileño es bastante anterior a las bets –legalizadas en 2018 bajo el gobierno de Michel Temer–, y se sitúan muy por debajo de los derechos de televisación, principal ingreso, ¿O irá en línea con la reducción gradual de extranjeros por equipos –de nueve a cinco en 2030– y la obligatoriedad de incluir a Sub 23, medidas ya aprobadas por la CBF (los “nuevos” jóvenes son los principales afectados por la ludopatía)? La selección de Brasil –pentacampeona del mundo, expresión del país do futebol– no gana un Mundial desde el de Corea del Sur-Japón 2002.

Mientras tanto, en la Argentina de Javier Milei, en pleno Mundial 2026, el oficialismo propuso un proyecto de ley favorable a las empresas –con el foco en las casas de apuestas ilegales–, avalando el accionar ilimitado de las legales (el 66% de los menores no distingue unas de otras). “Aunque parece el fin del mundo, la prohibición de los patrocinios de las apuestas en el fútbol brasileño puede ser positiva a mediano plazo. La Fórmula 1 vivió una situación similar con la prohibición del tabaco y hoy factura mucho más con el sector de la tecnología”, analizó el brasileño Amir Somoggi, consultor económico de Sports Value Marketing Esportivo.

Desde la Asamblea General de las Naciones Unidas, Lula volvió este martes a referirse al freno a las apuestas: “Brasil no va a tolerar este modelo de negocio que transforma la adicción en lucro, endeudando y destruyendo miles de hogares”. El viernes, durante un acto de campaña en Guarulhos, estado de São Paulo, había dicho: “Mi Corinthians fue dos veces campeón del mundo y no tenía apuestas. La idea de que acabar con las apuestas acabará con el fútbol es un disparate. Vamos a acabar con las apuestas, con el lavado de dinero, con la corrupción y con el robo. El juego online no es juego de apuestas: es una enfermedad llamada ludopatía”.

Corinthians, el más ganador de títulos del Campeonato Paulista, “lidera” la tabla de los clubes con mayor deuda del fútbol brasileño: 550 millones de dólares, con un crecimiento anual del 20%. Como apuntaron los periodistas Bruno Bonsanti y Felipe Lobo en el gran newsletter Meiocampo, “si el fútbol brasileño se derrumba sin el dinero de las apuestas, el problema nunca fueron las apuestas”.