Las debilidades y las inconsistencias del programa económico que llevan adelante Luis Caputo y Javier Milei ya están preocupando a Washington. A la intervención de última instancia que debió hacer el gobierno de Donald Trump en octubre del año pasado para abortar una corrida cambiaria, se suma la preocupación del Fondo Monetario Internacional, que debe supervisar el programa de rescate que debió implementar de apuro en marzo de 2025.
El martes último finalizó la misión revisora encabezada por Joyce Wong, la economista graduada en la Universidad de Nueva York que fue designada por el FMI para supervisar la relación con Argentina. Su informe será elevado al directorio del organismo y en caso de que sea favorable, se habilitará el desembolso de un nuevo tramo de U$S 900 millones.
Entre las recomendaciones de Wong figurará el otorgamiento de un waiver o dispensa por no haber cumplido la meta de superávit primario del segundo trimestre, que era de $ 6,86 billones. A pesar del ahínco con que el gobierno manejó la motosierra, al 30 de junio le faltaron $ 574 mil millones para llegar a esa cifra. “La Argentina sobrecumplió muchas de las metas. En el caso de algún incumplimiento se pide un waiver y no vamos a tener problemas con eso”, confió el vocero presidencial, Adrián Ravier.
La falla no es sólo una formalidad. El FMI quiere asegurarse de que la gestión libertaria genere un sobrante tal que garantice la compra de divisas por parte del Tesoro para pagar sus obligaciones con el propio organismo, en primer lugar, y luego con el resto de los acreedores. Por eso el último jueves la portavoz de la entidad, Julie Kozack, apuntó a la necesidad de que mejore la actividad interna, como fuente de recaudación tributaria. Un ejemplo de su debilidad es el IVA, uno de los tributos más importantes en los ingresos fiscales, que en septiembre bajó por undécimo mes consecutivo (-5,4% interanual).
“Es importante garantizar que el crecimiento, que hasta ahora ha estado muy concentrado en los sectores de energía, minería y agricultura, se amplíe y se distribuya de manera más uniforme entre los sectores de la economía, pero también entre los trabajadores”, sostuvo Kozack, en referencia a las asimetrías entre los sectores primarios beneficiados por el modelo libertario y el resto. La advertencia también busca alertar sobre el incremento del desempleo, el deterioro de los ingresos y otros elementos que nutren el malhumor social, los que fueron debidamente captados por Kristalina Georgieva, la directora del FMI, en la visita que realizó al país en julio último.

¿Una broma?
El alerta lanzado por el Fondo parece una broma de mal gusto. Buena parte de las penurias de la población y de los sectores productivos de la economía están originadas en el “ajuste fiscal más grande de la historia”, como lo promociona el propio presidente Javier Milei. Esa es precisamente la fórmula que el organismo promovió en todos sus acuerdos, sermones y filípicas anteriores con las sucesivas administraciones que pasaron por la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda. Es como si Georgieva y compañía estuvieran alarmados por el resultado de sus propias recetas.
Pero también tiene que ver con el daño cada vez más evidente producido por el fanatismo con que se aplicaron esas medidas y lo difícil que será sacar a la economía del pantano al que fue arrojada. “El dato que más me preocupa es la inversión. En agosto volvió a bajar 5,4% interanual medido en términos de volumen físico”, avisó Fausto Spotorno, de la consultora de Orlando J. Ferreres. En los ocho primeros meses del año, la baja habría sido de 7,9 por ciento.
En el ámbito manufacturero, el panorama es desolador. Matías Kulfas, ex ministro de Desarrollo Productivo durante el albertismo, compartió en sus redes sociales los datos de ONUDI, la agencia de Naciones Unidas para el desarrollo industrial, que analizó los datos de 84 países. “A julio de 2026, Argentina está 11,2% por debajo de 2023. Es el cuarto peor desempeño del mundo. ¿Quiénes están peor? Palestina, Qatar y Bulgaria”.

Reservas
La preocupación del FMI se extiende a la acumulación de divisas, imprescindible para cumplir con los pagos de deuda. Tras desperdiciar dos años por pruritos ideológicos, recién en enero de 2026 el Banco Central comenzó a comprar dólares en el mercado oficial. Si bien las metas previstas al 30 de junio fueron cumplidas con holgura, el ritmo de compras diarias bajó drásticamente de U$S 103 millones en julio a U$S 38 millones en agosto y sólo U$S 22 millones en septiembre.
Quizás sean esos factores, y no las profecías de Luis Caputo sobre la llegada del Anticristo, los que esta semana llevaron el riesgo país a 646 puntos. En París, donde participó de la «Argentina Week», el ministro de Economía encontró una nueva excusa para justificar el giro recesivo de la actividad que Tiempo anticipó hace un mes: «Estamos creciendo menos que antes por los shocks externos». Caputo siempre encuentra una tangente por donde escapar. «