Columna de opinión por Fernando Signorini
El fútbol ya no es más un placer si no que se ha convertido en un deber para los jugadores. Incluso ellos tienen prohibido divertirse y pasan a tener obligaciones. Dejó de ser una herramienta de placer para ser una herramienta más de trabajo. Los jugadores también necesitan organizarse y dar un paso gigante como lo ha hecho el básquet. Si se deciden a usarlo, ellos tiene un poder increíble. Pero los atontan cuando les llenan los bolsillos y los cargan de obligaciones.
En ese contexto, los hinchas han pasado a ser rehenes de los capitalistas que hace tiempo dieron cuenta que el deporte es un arma perfecta para la dominación de las masas. En la Argentina, el fútbol es una construcción popular, no es un producto de consumo. Ellos entienden que sí y que sirve además para adoctrinar.El deporte debería ser un vehículo hermoso para educar al individuo. Ese es su sentido. Por eso creo que hay que unirse. Hay que ir todos para el mismo camino con un objetivo. Si los políticos no reaccionan, habrá que buscar otras soluciones a problemáticas como, por ejemplo, la de las barras y la violencia. Nos tenemos que unir todos: los jugadores, los entrenadores, los preparadores físicos y los hinchas.
Por fin hay un lugar para ir a expresarse, reunirse y defender algo que es de todos. Acá el fútbol es una expresión de las clases populares y es aberrante que ahora sea usado para convertirlo en sociedades anónimas. Si los hinchas coinciden, tienen un poder fabuloso. Se ponen de acuerdo y nadie paga el abono del cable. Se ponen de acuerdo y no compran más entrada. La decisión, en definitiva, es juntarse porque estamos defendiendo un bien cultural. «
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