«El fútbol es un puente social para los niños con espectro autista»

Por: Juliana Corbelli

Somos Uno es un programa pionero en estimulación deportiva a través del fútbol para niños, niñas y adolescentes con TEA. Entrenan de locales en una cancha de Quilmes Oeste y como visitantes realizan salidas a otros clubes.

Somos Uno FC (Fútbol Club) es el primer Programa de Estimulación Deportiva a través de Fútbol para niños, niñas y adolescentes con Trastornos del Espectro Autista (TEA). Se trata de una experiencia pionera en Sudamérica surgida en la zona sur de la provincia, tanto deportiva como cultural, que se suma a proyectos futbolísticos especiales llevados a cabo en países como Estados Unidos, Canadá, México y Puerto Rico. Está coordinado por cuidadosos docentes especializados en deporte inclusivo y un equipo interdisciplinario que trabaja con la convicción de que el fútbol, desde una perspectiva integral, posee un potencial único para acompañar el saludable desarrollo de niños con TEA.

Los entrenadores y profesores Luis Eduardo Martínez y Amílcar Ayala este martes entraron a la cancha iniciando su año de entrenamiento y, en charla con Tiempo, cuentan su jugada con tono tan suave como apasionado, extendiendo su bandera y exhibiendo sus camisetas azules, celestes y blancas. Hacen hincapié en las transformaciones de los chicos, sus notables progresos y el mundo de experiencias en habilidades emocionales, físicas y deportivas que brindan estos niños y niñas a raíz de sus capacidades hipersensoriales dentro y fuera del campo (neurodiversidad). Pero Luis Eduardo y Amílcar son los portavoces de un equipo mayor que los completan como las piezas del rompecabezas que llevan en su camiseta, ícono del espectro autista: la pedagoga Griselda Mariño, el profesor de Educación Física Sebastián Díaz y la trabajadora social Florencia Martínez Vidal.

En una cancha llamada Soccer, con estilo de club barrial con pertenencia y solidaridad, un lugar emblemático y con una mística particular en Quilmes Oeste, reciben al grupo de niños y niñas con sus banderines de colores en la avenida Calchaquí al 3700. Allí, el equipo realiza un conjunto específico de ejercicios y juegos diseñados para los chicos y chicas. Antes de llegar al arco realizan juegos múltiples por etapas, como quitarle la cola al zorro, a manera de precalentamiento para ponerlos en situación de grupo. Cuando entran en dinámica y ya están transpirados, pasan a una actividad más estructurada como lo haría cualquier jugador profesional pero con un objeto en la mano: «Así  es más fácil para todos, traspasando postas. Algunos pueden trabajar con el balón en el pie y otros lo pueden hacer con la mano para llegar al fútbol libre y dividirse en equipos. Trabajamos con globos y con diferentes texturas. Para que se cumpla el primer objetivo: que ruede la pelota y comunique”, cuentan.


-¿A qué se le llama el «espectro» autista?

Luis Eduardo Martínez: -El diagnóstico consensuado es para englobar todo una serie de manifestaciones. Antes estaba el término “autista” por un lado, y determinados síndromes con características similares, por el otro. Después se habló de “Trastorno Generalizado del Desarrollo” (TGD). Hoy se han ido borrando las fronteras y el trastorno del espectro autista es una forma para aunarlos, aunque hay asociaciones de diagnósticos, en particular, como el Síndrome de Asperger, tanto funcional como leve.

-Cuando los chicos llegan al entrenamiento, ¿ya están diagnosticados?

LEM: -Una de las cosas que más nos sorprendió es que se acercaron chicos muy pequeños, de tres años. Trabajamos a partir de los cinco porque ningún niño de menor edad puede practicar el juego libre, fantasioso o la exploración. Nos dimos cuenta de que TEA se está diagnosticando muy tempranamente.

Amílcar Ayala: -Aunque el autismo no sea una enfermedad, puede haber mejoras. En este proceso, la estrategia de la aceleración no juega porque la persona tiene sus capacidades según su tiempo. El trabajo que proponemos desde lo deportivo y de interacción social es grupal.

-¿Qué transformaciones han percibido?

LEM: -La diversidad de niños con las que trabajamos es notable, que tienen el mismo diagnóstico y necesitan trabajo personalizado porque el espectro es amplio y no es conducente cerrarlo. Cada niño es un universo con su propia norma y exige adaptación y metodología, responde a su manera y con sus intereses. Este es el gran conflicto para los trabajadores de la salud: es multifactorial y no tiene cura porque es una condición. Según pasan los años la evolución de los diagnósticos se vuelve más eficaz sobre este gran enigma.

-¿Cómo surgió la idea de iniciar el programa de fútbol?

LEM: -La génesis va más allá de la discapacidad. Nace de un programa de beneficios al personal de una empresa a la construcción que se llevaba a cabo en una cooperativa, a cargo nuestro. Organizamos un torneo de fútbol a lo largo de tres años, en donde los obreros tuvieran un día de convergencia y disfrute. En la observación del juego detectamos la potencialidad del fútbol como herramienta de comunicación. Y recordamos lo que (Pier Paolo) Pasolini había dicho: el fútbol es un sistema de signos. Y puede ser poético, en donde el jugador encarna la figura de un fonema. También es belleza y tiene componentes dramáticos, es un sistema de comunicación no verbal, sin antecedentes en Argentina. Hay ligas competitivas adaptadas, como en Estados Unidos en donde se usan pelotas adaptables. En nuestro país el fútbol es cultural y muy fuerte, por lo que puede hacer que un niño que no sea invitado a un cumpleaños abra la puerta de lo social y que el fútbol sea un puente.

-¿Qué manifiestan los papás y mamás acerca de sus experiencias?

LEM: -Una de las cosas que más sufren es que en el autismo, en muchos casos, no hay rasgos que se puedan prever, son conductuales. Ir al supermercado, caminar por la calle, por ejemplo, es conflictivo porque los rasgos se manifiestan muy hostilmente, como berrinche, gritando o emitiendo un sonido incomprensible. Las miradas se cargan de prejuicio y apuntan a la mamá como el “póngale límite”. Hay tan poca información y comprensión que las familias salen cada vez menos por el estigma y el dolor que generan. En la parte social aspiramos a que las familias puedan vivir la experiencia de llevar a los chicos al club y a la actividad. Correrse de todos esos paradigmas médicos para que solamente disfruten. “Es nuestra primera salida durante años”, nos dicen.

AA: -Somos tres profes en la cancha, pero una psicopedagoga trabaja con los padres para seguir en la vida cotidiana, en su colegio o centro. Ese trabajo es por fuera del entrenamiento. Las devoluciones son muy importantes. Hace tiempo logramos que no estén los padres mirando la clase para que los hijos puedan soltarse sin la mirada de ellos. Y que tengan su entorno y confíen plenamente en nosotros en el caso de tener una crisis, que pasa muy seguido. Hay tranquilidad en eso, que no incomoda en la actividad.

-¿Qué anécdota recuerdan que les impactó?

AA: -Tomás Galarza fue uno de los primeros. Sus padres nos dijeron que tenía problemas conductuales. Era uno de los “compadritos”, más grandes del grupo y un vozarrón. Un fin de semana, con mis hijos fuimos a la costanera de Quilmes y decidimos salir a caminar por la rivera. Vimos un grupo de chicos jugando a la pelota. La familia de Tomás estaba allí también y vino a saludarnos y a agradecernos. Con Gri (Griselda Mariño) veníamos preguntándonos el tema de los límites y de cómo actuar, porque no tenemos un modelo de trabajo prehecho. Pero cuando nos contaron que Tomás tenía muchos cambios nos dimos cuenta de lo que vale. Le preguntamos por Tomás y nos indicó que estaba jugando a la pelota con chicos grandes, intercambiando pases y había llevado su propia pelota. El no prestaba sus materiales. Para nosotros esto además de lindo es muy fuerte y motivante para seguir investigando. Tomás vino a saludarnos, pero sacó la pelota a los chicos. Le dije que ese día no era el día de práctica, entonces él accedió pero se las tiró lejos (risas) y salió corriendo para volver a jugar.

LEM: -Pueden ir ganando autonomía relacional y vincular. Estos gestos son epopeyas. Presentar un objeto y considerarlos para otros. Eran objetivos a largo plazo y se están cumpliendo. Muchos chicos revolean materiales, no solamente no pueden ejecutar una consigna, hasta que se desarrolla la confianza. Sin vínculo no hay consigna y sin límite no hay juego.

Somos Uno (Fútbol Club), martes de 17 a 18 en Av. Calchaquí 3720. Consultas a somosunofutboltea@gmail.com, tel. 11 69 27 89 45, en Fb: somosunofc.

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