Desde el día en que Donald Trump mostró sus plumas jactándose de que había llamado a su amigo Gianni Infantino para que una tarjeta roja no tuviera efecto inmediato, todo es verosímil en el fútbol. A pesar de que lo habían expulsado contra Bosnia, Folarin Balogun jugó para Estados Unidos contra Bélgica. Infantino dijo esa vez que con Trump hablaba todo, pero que no había intervenido para que a Balogun se le postergara la sanción. Ya era tarde para aclaraciones.
El episodio tuvo momentos hilarantes como cuando Marco Rubio, el secretario de Estado, dijo que si estuviera en el lugar de Bélgica entonces desearía jugar ese partido con Balogun en la cancha. “¿Por qué querrías ganar un partido sabiendo que luego todo el mundo discutirá esa victoria porque el mejor jugador del equipo rival no estaba en el campo?”, se preguntó Rubio. Quizá porque no entienda el deporte del que estaba hablando.
Ese deporte es el fútbol que se impuso, de algún modo, cuando Bélgica ganó su partido. Y por eso es que, aunque tantas veces se lo intente manipular, millones y millones siguen creyendo en él. Aunque cada tanto aparezcan teorías como las que rodearon a la final que la Argentina perdió con España.
El miércoles pasado se cumplió un mes de ese partido. Todavía hay gente que cree que detrás de la derrota argentina hubo un complot, y que el que diga lo contrario es cómplice de algún poder, vaya a saber cuál, y que oculta una verdad, vaya a saber cuál.
Claudio “Chiqui” Tapia publicó un duro posteo contra quienes dijeron hicieron correr las teorías, sustentadas sobre la nada, sobre un supuesto arreglo o boicot contra la Argentina. “Un mes pasó. Un mes de aquella final. Un mes de la mentira, de la operación y de una campaña miserable para instalar que esta Selección se había entregado”, comenzó su texto, muy extenso, en el que sostuvo: “De tratar de traidores a los jugadores de la Selección no se vuelve”.
A quién apuntó Tapia con su mensaje no terminaba de quedar claro. Esas versiones salieron de todos lados, aunque uno que las agitó fue Ricardo Caruso Lombardi desde la señal Todo Noticias del Grupo Clarín. En ese mismo canal, esta semana Jonathan Viale difundió un video realizado con inteligencia artificial, en el cual Infantino y Tapia interceptan a los jugadores de la selección, encabezados por Lionel Messi, y les advierten que hasta acá llegaron, que si ganaban el Chiqui iba preso y, lo más perverso, violaban a Nico Paz. Todo esto se puso al aire entre las risas del propio Viale y de otro conductor, Franco Mercuriali. El video era IA, pero las risas no.
Esto que hicieron, sin embargo, ocurrió después de que Tapia saliera con los tapones de punta contra las versiones de complot. Y antes de que la FIFA anunciara una batería de sanciones para la AFA y algunos jugadores por distintos eventos del Mundial, en particular por los incidentes que ocurrieron apenas terminó la final. Leandro Paredes se llevó la peor parte con diez fechas de suspensión y una multa de 90 mil dólares. A Nahuel Molina le dieron siete encuentros y tendrá que abonar el mismo dinero. Thiago Almada se llevó una fecha, igual que Gavi, y 30 mil dólares. Roberto Ayala, asistente de Lionel Scaloni, no podrá salir al banco en tres encuentros.
Entre las multas (que suman un total de 321 mil dólares) y los dos partidos con aforo reducido (uno en suspenso), hay también castigos por supuestos insultos racistas, homofóbicos y discriminadores en los partidos contra Cabo Verde, Egipto, Suiza, Inglaterra y España. Y dentro de todo esto quedó la sanción por el trapo de Malvinas que los jugadores mostraron después de ganarle a los ingleses, que en el desagregado tuvo la multa más baja, 10 mil dólares, además de otros 20 mil porque la llevaron espectadores. Una vez que la FIFA entregue sus fundamentos, la AFA apelará las sanciones.
Del Mundial todavía se sigue hablando, de la final y de las teorías basadas en la nada. Están quienes ven incluso estas sanciones como un ataque particular a la Argentina. Aunque la AFA, junto a la Conmebol, quedó alineada a Gianni Infantino después de que se cayera su proyecto para vender un porcentaje de la Copa del Mundo a inversores privados, un negocio en el que estaba metido Joshua Kushner, hermano del yerno de Trump y desde hace unos días nuevo dueño de Los Ángeles Lakers. Europa, Asia y Concacaf mantienen su embestida contra Infantino para que no llegue a las próximas elecciones. También toda esa disputa de poder también parecen ser ecos del Mundial.
Lo que queda afuera del algoritmo es el fútbol. Lo que queda todavía es Messi, el que contó que jugaba cada partido por su padre, para que su padre pudiera verlo en la final, y el que también dijo que en esa final no le dieron las piernas. El que sigue jugando en Inter Miami y esta semana hizo un golazo. Aunque desde el mismo poder se esfuercen en hacer que hasta los absurdos sean verosímiles, aunque el algoritmo alimente a una Argentina villana y también a una Argentina que se dejó ganar, hay que leer lo que dijo Messi. Ahí, en esa humanidad, está todo. En el fútbol que, lejos de los escritorios, todavía está entre nosotros.