Los industriales criticaron los términos del acuerdo que propone el gobierno con la Unión Europea y cuestionaron la política oficial con el sector. Francisco Cabrera les respondió que "dejen de llorar".

Los industriales se alzaron hace dos semanas contra los términos del acuerdo que impulsa el gobierno entre el bloque regional que integra nuestro país, el Mercosur, y la Unión Europea. Enviaron una carta al secretario de Comercio Miguel Braun con los 14 puntos que ellos consideraban que debían ser respetados para lograr un acuerdo y se quejaron de la falta de información precisa y de las múltiples filtraciones y trascendidos. Para el gobierno, el planteo fue un dislate proveniente de quienes considera aliados naturales que, además, se produjo luego del fracaso de la reunión de la OMC realizada en nuestro país en diciembre. Allí comenzó una escalada de cruces.
Claro que, para los industriales, la política de apertura comercial del gobierno implica un desafío que expone los bajos niveles de competitividad de la industria nacional, situación que aspiraban a recuperar al reducir los costos laborales con la reforma laboral, hoy virtualmente congelada.
La carta criticó la visión liberal del gobierno como si el país no tuviera nada que perder. La fisura quedó expuesta y, desde el gobierno, no tardaron en dar su respuesta. El mismo titular de la cartera de producción los espetó por la falta de inversiones y les reclamó que dejen de llorar.
Sin embargo, y al mismo tiempo, el gobierno confirmó la prórroga al régimen de incentivo fiscal para fabricantes de bienes de capital y, no sin intervenir, dejó que el dólar superara los $ 20,5 algo que para los industriales implica un subsidio a sus exportaciones y pone un límite a las importaciones. La tenacidad del gobierno por imponer un techo del 15% en las paritarias y algunos resultados concretos en ese sentido también servirá para enfriar los ánimos de los industriales algo que podrá ponerse sobre la mesa o no pero, sin dudas, implica un punto de encuentro toda vez que, tal como publicó este diario, implicará durante 2018 una transferencia de $ 116 mil millones del bolsillo de los trabajadores a las patronales.
Además, claro, serán los industriales quienes, poco a poco, irán cosechando los frutos de la reforma impositiva que los tiene como principales beneficiarios así como la ley de blanqueo que, tal como se anunció, será el primer desgajamiento de la reforma laboral que llegue al Congreso para su tratamiento. El gobierno, además, ya les ofrendó la nueva reforma de la ley de ART.
Por el lado de los industriales, no exentos de intereses contradictorios, se espera que insistan en sus quejas por la presión tributaria y el reclamo de inversiones estatales para reducir los costos logísticos, un reclamo que, por un lado, los beneficia como potenciales contratistas y, por el otro, como usuarios privilegiados de la infraestructura estatal.
En una columna publicada este domingo en el diario La Nación, el propio ministro buscó profundizar la escisión interna al señalar que algunos empresarios, sin embargo, se resisten al cambio. Son los que crecieron a costa del Estado y que habrían generado nichos de ineficiencia. Por último señaló que no son muchos, pero a veces parecen ser los más visibles.
En la columna Cabrera prefirió no pedir disculpas por el mote de llorones y, por el contrario, reclamó empresarios con una agenda positiva, que son los que arriesgan su capital.
La delegación de la UIA, que se reúne con el gobierno, sin embargo, representa el ala más interesada en mantener una relación armónica con el ejecutivo. Más allá de sus investiduras institucionales, Acevedo, Betnaza y Funes De Rioja son los representantes de la Aceitera General Deheza, Techint y la COPAL.
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