La Libertad Avanza despidió a casi cien empleados y sumó pases a disponibilidad en las unidades turísticas, mientras impulsa nuevos esquemas de concesión. Ambos complejos, creados durante el primer peronismo, fueron emblemas del turismo social argentino.

Enmarcado en un proceso que arrancó desde mediados del año pasado, cuando la Secretaría de Turismo y Ambiente de la Nación, que conduce Daniel Scioli, consideró “innecesarias” esas instalaciones que durante casi 70 años ofrecieron turismo social, y las transfirió a la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), organismo encargado de gestionar y vender inmuebles estatales.
El cuerpo de trabajadores y trabajadores realizó una asamblea horas atrás. “Scioli traidor”, se leía en uno de los carteles pegados en la fachada del edificio. Remarcaban que en los últimos días se confirmaron despidos de personal contratado y pases a disponibilidad de trabajadores de planta permanente, mientras avanza un esquema de concesión o transferencia de los predios.
Con la Resolución 2026-129 de la Jefatura de Gabinete, Nación pasó al “personal de planta permanente con estabilidad adquirida a situación de disponibilidad como consecuencia de la supresión de unidades organizativas dispuesta por el Decreto 269 del 22 de abril de 2026”. El plazo máximo que pueden mantenerse sin asignación de tareas será de 12 meses: si pasado ese período no consiguen una nueva ubicación, serán despedidos. Son casi 60 empleados estatales, muchos de ellos dedicados profesionalmente al turismo social y que viven allí con sus familias desde hace décadas, que quedan al borde del desalojo.
En Chapadmalal, el impacto alcanzaría a cerca de 58 trabajadores, mientras que en Embalse unas 45 personas quedaron alcanzadas por la medida. «El gobierno acaba de vaciar por completo Embalse y Chapadmalal. Despiden a todos los trabajadores contratados y pasan a disponibilidad al resto. Desde la creación de las unidades turísticas en los 40, nunca pasó algo así. Entregan lo que es del pueblo para que hagan negocios los mismos de siempre y los Adornis de la vida se lleven su parte», expresó la diputada nacional por Córdoba, Gabriela Estévez.
La Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) le dio un plazo de diez días a los empleados para que abandonen el lugar. Amenazan que, caso contrario, serán desalojados por la fuerza pública.
La última actividad con huéspedes se registró en enero y febrero de 2025: en ese momento, a través de un operador privado, se ofreció alojamiento con media pensión o pensión completa. La ocupación fue alta, pero la experiencia no se repitió este año.
Candela Victorica, empleada del complejo desde hace casi 33 años, lamentó no solo la pérdida de los puestos de trabajo en riesgo sino por la posible pérdida de una política de turismo social: “Buscan terminar con una propuesta para favorecer un gran negocio. La mayoría de los edificios está en condiciones y mucha gente lo pudo disfrutar”.
Según los trabajadores, varios hoteles están en condiciones de recibir huéspedes de inmediato. “Abrís una puerta y todo funciona, lo hemos mantenido”, describió Florencia Ruiz, trabajadora del lugar.
En un predio de enorme extensión frente al mar, el personal continúa realizando tareas de mantenimiento, como el corte de césped y el cuidado de las instalaciones. Solo disponen de una caja chica enviada por el Estado nacional, para cubrir gastos como combustible y repuestos: hoy es de apenas $504.000.
Hace dos meses, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, sostuvo que la idea es concesionarlo por 30 años, aunque no aclaró cómo, cuándo ni tampoco detalles del proceso.
En su carta hacia el titular de la AABE, hace poco más de un año, Scioli dispuso el pase de los edificios a la AABE aunque realizó un par de aclaraciones: son Monumentos Históricos desde el 2013, y que en 2023 se creó dentro de Embalse la Reserva Natural Educativa «Cerro Pistarini» por lo que «cualquier acción sobre estos bienes deberá ajustarse estrictamente a la normativa vigente en la materia».
Además comentaba que estaban «en gestiones» con la Provincia para entregarles «los bienes que integran el patrimonio del museo Eva Perón emplazado en la Unidad Turística Chapadmalal».
Todo está a la venta, menos la Residencia Presidencial ubicada dentro de Chapadmalal.
Foto: Eduardo Sarapura
Lo curioso de la carta de Scioli es que apuntaba a que para decidir la «innecesariedad» de los complejos turísticos creados por el primer peronismo, tomaron en cuenta informes creados por los directores de estas Unidades Turísticas y los planteos de la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (FEHGRA) que agrupa a los empresarios de estos rubros turísticos del país.
Por un lado, el propio Gobierno desfinanció y cerró de hecho los complejos, por lo que es redundante, o cuanto menos ilógico, que después los titulares de las Unidades digan que son innecesarias, porque dejaron de recibir visitantes justamente por una decisión del propio Ejecutivo al que ellos responden. Y las pocas veces que abrieron tuvieron gran recepción.
Por el otro, desde FEHGRA apuntaron en su momento a este diario que esos planteos que Scioli le atribuyó a la entidad no fueron formalizados. Y dudan entre varios integrantes de FEHGRA si no responden a intereses de algunos socios en particular.
Especialmente porque Chapadmalal y Embalse no compiten ni compitieron jamás con hoteles de 1, 2 y hasta 5 estrellas de la zona, ya que se dedicaban al turismo social: recibir jubilados, discapacitados o familias, sobre todo chicas y chicos, que no hubiesen conocido el mar si no fuese por la existencia de estas unidades turísticas ubicadas a tan solo 20 kilómetros de Mar del Plata y 15 de Miramar.
Detrás parece esconderse, como casi siempre, el negocio de los funcionarios con el sector privado: se trata de casi 75 hectáreas de bosques de pinos y playas tranquilas con acantilados. Está en una zona ideal para el surf, que viene creciendo, con nuevas casas, barrios cerrados y emprendimientos en los alrededores.
Foto: Eduardo Sarapura
Un negocio fenomenal para empresarios hoteleros que quieran quedarse con estos complejos, que además fueron remodelados por la gestión de Alberto Fernández con una inversión de 7.000 millones de pesos, en el marco de un plan integral de modernización y puesta en valor a cargo del entonces Ministerio de Turismo y Deportes de la Nación.
De hecho, ya en septiembre del 2024 la cartera que conduce Daniel Scioli, había dado comienzo al plan de privatización del complejo turístico de Chapadmalal, al convocar a licitación pública para otorgar concesiones en las unidades 2 y 7.
Junto al de Embalse, en Córdoba, este conglomerado turístico inaugurado durante la presidencia de Juan Domingo Perón y declarado Monumento Histórico Nacional en 2013 por la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, tiene capacidad de albergar 4000 plazas, que hasta 2024 eran destinadas a población vulnerable.
El ex titular de Turismo de la Nación, Matías Lammens, enfatizó tiempo atrás: «Las unidades turísticas de Chapadmalal y Embalse son patrimonio histórico, arquitectónico, cultural y emocional de los argentinos. Cerrarlas es una enorme burrada«.
«Segundo y no menos importante –cerró–. En el último año de nuestra gestión, después de un ambicioso plan de obras que puso en valor los complejos y reinauguró 9 hoteles y decenas de bungalows, visitaron el mar y las sierras más de 120 mil personas, muchas de ellas de bajos recursos, muchos jubilados, muchas familias que de otra manera no podían tener vacaciones. Cerrarlos es de una insensibilidad que no deja de asombrar».
El complejo de Embalse y Chapadmalal tiene capacidad para 4.000 plazas. Posee nueve hoteles, con tres plantas y pabellones de una cuadra y media de longitud cada uno, 19 bungalows o chalets, un polideportivo y los edificios de administración, correo y ermita.
En 1945, justo antes de la primera presidencia de Juan Domingo Perón, se firmó el decreto impulsando la construcción de una ciudad balnearia en Chapadmalal para ser usada por los empleados públicos nacionales y trabajadores de todas las disciplinas mediante el pago de precios módicos.
También estaba destinada a los niños, ancianos y discapacitados, que accedían en forma gratuita.
Estos complejos graficaron el pasaje de un turismo sólo reservado a la clase alta de fines del siglo XIX y primera mitad del siglo XX a un turismo masivo para la clase media y un turismo social para la clase baja en la segunda mitad del siglo XX. Luego del ’55 las administraciones lo fueron relegando, y el deterioro demandada cada vez mayo inversión. Recién en los gobiernos de los Kirchner y el último de Alberto Fernández se revalorizaron los complejos, siempre destinados a turismo social.
Sus construcciones estuvieron a cargo de la Fundación Eva Perón en el marco de la política de justicia social impulsada por el presidente Juan Domingo Perón. Ambas obras, monumentales, estaban destinadas a las y los trabajadores y a todas aquellas personas –con prioridad para niños y ancianos–, que no tuvieran la posibilidad de veranear en los grandes centros turísticos.
Ubicada sobre la Ruta Provincial 11, entre Mar del Plata y Miramar, Chapadmalal cuenta con nueve hoteles de tres plantas –seis levantados sobre la costa y los tres restantes al otro lado la de ruta– y 19 bungalows, que con el tiempo fueron integrados a la quinta de veraneo presidencial que también forma parte de la Unidad Turística.
Con respecto a la residencia presidencial, consta de un chalet principal, dependencias, y un predio con pileta, canchas de tenis, helipuerto y playa propia. Perón la inauguró y luego del regreso de la democracia, en 1983, también fue el alojamiento temporario de los presidentes Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Néstor y Cristina Kirchner y Mauricio Macri, quien además la usó para realizar un “retiro espiritual” junto a sus ministros.
Embalse, por su parte, tiene siete hoteles y 50 casas con una capacidad cercana a las 3000 plazas. Además, cuenta con edificios complementarios para la administración, servicio médico, pabellones para el personal, un polideportivo, piletas, paradores en la playa, confitería y museo. Todo frente al Lago Embalse y con las sierras de Córdoba como fondo.
En febrero del 2024, cuando se terminaron las travesías a los complejos, contaba a Tiempo Remi Cáceres, secretaria general de Discapacidad de la CTA y coordinadora de viajes durante cinco años: “Los despedí con lágrimas en los ojos, pidiéndoles a las compañeras que por favor lo disfruten porque era el último. Llorando me preguntaban cómo podíamos defender este derecho que venimos disfrutando desde la época de Perón. Todavía no caigo, este momento que nos toca pasar es aberrante”.
Y completó: “Es la única manera que gente sin posibilidades económicas puedan disfrutar de la playa. Por la política de este gobierno muchas familias se van a quedar sin conocer el mar. Sabíamos que nuestros derechos corrían peligro, pero no imaginábamos que íbamos a perderlo todo tan rápido. Es como si hubieran tirado una bomba atómica y de un saque arrasaron con todo”.
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