Luego de la implosión de Patricio Rey, el cantante construyó una estética cada vez más audaz. Así llegaron nuevos clásicos, shows más masivos y el pogo mas grande del mundo.

El artista reactualizó y alimentó su propio mito a fuerza de composiciones que también alcanzaron el rango de clásicos, con sus correspondientes sentencias destinadas a esculpir remeras, banderas y paredones; conciertos multitudinarios que mantuvieron y acrecentaron el ritualismo practicado por su feligresía y apariciones fantasmales que conservaron el halo misterioso que gustaba cultivar.
Todo esto lo logró profundizando y multiplicando algunas búsquedas que Los Redondos habían insinuado en su última etapa. Algunas de las cartas que el Indio había empezado a mostrar en Momo Sampler, último disco de estudio del grupo publicado en 2000, encontraron su desarrollo definitivo cuando lanzó El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel), el primer álbum editado bajo su nombre tras la ruptura de la sociedad artística y humana con el guitarrista Skay Beilinson.
Rodeado de un grupo acompañante al que bautizó Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, el icónico frontman ahondó en la búsqueda de sonoridades que no renegaban de la tradición rockera, pero incorporaban elementos del rock industrial, la electrónica, las programaciones y nuevas texturas que ampliaban su universo musical.
“Estos son mis últimos compilados: Audioslave, Love & Rockets, Arab Strap, ADD N (To) X, Erik Satie, Lemon Jelly, Peter Green, Mission of Burma, música turca, persa, zen, OutKast, The Neptunes… Un poco de todo”, revelaba por entonces en una entrevista concedida a la revista Inrockuptibles.
Ese amplio abanico de influencias se tradujo en los 14 temas que conformaron la placa que abrió una nueva etapa para el músico. Varios de ellos pasaron rápidamente a integrar el repertorio imprescindible de su carrera solista, como la canción que daba nombre al álbum, “Pabellón séptimo (Relato de Horacio)”, “La muerte y yo” y “El charro chino”, entre otras. Al mismo tiempo comenzaban a multiplicarse nuevas frases demoledoras: “si no hay amor que no haya nada” es uno de los ejemplos más contundentes.
La presentación de El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel), en noviembre de 2005 en el Estadio Único de La Plata, confirmó que el espíritu de las misas ricoteras gozaba de excelente salud en manos del Indio. La liturgia y el peregrinaje continuaría por distintos puntos del país, con escalas en Salta, Mendoza, Tandil, Junín, Córdoba, Entre Ríos, San Luis y Olavarría. Con los años las convocatorias y los kilómetros recorridos se multiplicarían.
A este trabajo le siguieron Porco Rex (2007), El perfume de la tempestad (2010), Pajaritos, bravos muchachitos (2013) y El ruiseñor, el amor y la muerte (2018), discos que fueron sumando nuevos clásicos como “Flight 956”, “¿Por qué será que Dios no me quiere?”, “Todos a los botes”, “Había una vez…”, “La oscuridad” –otra vez con la muerte en primer plano, uno de los temas más recurrentes de sus últimos años-, La moda no es vanguardia”, por citar apenas algunos ejemplos.
Para materializar las ideas sonoras que tenía en su cabeza, el artista contó con la complicidad de músicos que lograron que Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado abandonaran la categoría de concepto para consolidarse como una formación con identidad propia. Los guitarristas Gaspar Benegas y Baltasar Comotto; el tecladista Pablo Sbaraglia; el trompetista Miguel Tallarita; el saxofonista Sergio Colombo; las cantantes Déborah Dixon y Luciana Palacios; los bajistas Marcelo Torres y Fernando Nalé; y los bateristas Hernán Aramberri, Martín Carrizo y Rodrigo López Naguil fueron algunos de sus principales escuderos.
La carrera solista del Indio podría haber llegado a su fin cuando, en 2016, confirmó públicamente que padecía la enfermedad de Parkinson y, un año más tarde, protagonizó el accidentado show de Olavarría. El avance de los síntomas y las dificultades para controlar una audiencia que ya convocaba cifras inéditas para el rock argentino lo alejaron definitivamente de los escenarios. Sin embargo, el artista todavía encontró maneras de sumar nuevos hitos y reconfigurar su vínculo con el público.
Entre otras cosas, le dio vía libre a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado para que continuaran llevando su música a los estadios y optó por aparecer de manera virtual en distintos momentos de los conciertos. Esta modalidad surgió de manera fortuita cuando los músicos de la banda organizaron una serie de recitales solidarios para ayudar económicamente al baterista Martín Carrizo en su tratamiento contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA).
El éxito de esas presentaciones demostró que la feligresía estaba dispuesta a mantener vivo el ritual aun sin el líder en cuerpo presente. Desde entonces, la banda continuó actuando ante audiencias multitudinarias e incluso realizó giras por Uruguay, España y el Reino Unido, siempre con apariciones del Indio a través de pantallas.
Uno de los episodios más singulares de este período fue el recital transmitido por streaming desde Villa Epecuén durante la pandemia de coronavirus, ocasión en la que presentó “Rezando solo” y “Encuentro con un ángel amateur”, dos nuevas composiciones.
Precisamente, esta última canción terminó convirtiéndose en uno de los grandes himnos de su etapa final y sonó para muchos como una despedida. “Yo ya no puedo cumplir hazañas que prometí, solo esperar cantando” y “un ángel sonso amateur me condenó al paraíso, solo me falta saber la fecha y el lugar y allí iré cantando” son algunos de sus versos más citados.
Hubo más estrenos en otros conciertos y también más de una decena de canciones nuevas canalizadas en un proyecto al que bautizó El Míster y los Marsupiales Extintos, presentado en distintas etapas. El Cantante Tímido fue otro de los alter egos que creó para la ocasión.
La otra novedad que trajo aparejada su obligada reclusión fue que el hombre que había hecho del misterio un rasgo central de su personalidad pública desarrolló una actividad inédita a través de redes sociales, entrevistas en las que evitó mostrar su imagen y distintas expresiones artísticas.
Como nunca antes, el Indio se expresó sobre la coyuntura política, reflexionó sobre diversos temas y colaboró con músicos como Wos y El Natty Combo. También expuso sus obras pictóricas y participó en la publicación de libros de conversaciones, material biográfico e ilustraciones propias.
En los últimos años, mientras el cuerpo empezaba a imponer límites cada vez más severos, el Indio encontró la forma de seguir presente. A veces fue una canción nueva, otras una aparición en una pantalla o una reflexión compartida desde las redes. Lo hizo hasta el último día. Siempre a su manera. «
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