Ginés Meléndez dice que, después de Sudáfrica 2010, “todo el mundo quería jugar como España”, que había ganado el Mundial con “bajitos”. Y que entonces se universalizaron tres palabras: posición, posesión y presión. “Y le añadiría pase”. En la Federación de Castilla-La Mancha, Meléndez habla en la exposición “Euro 2024: tendencias del juego observadas y enseñanzas para el trabajo de los jóvenes”. Es el 10 de junio de 2025. Mélendez ha trabajado de 2001 a 2018 en la Federación Española (RFEF). Llegó después de casi dos décadas en el fútbol formativo del Albacete, el club del que surgió Andrés Iniesta, autor del 1-0 ante Países Bajos en la final de Sudáfrica 2010, primer Mundial de España. En la exposición, Mélendez –quien había intentando nacionalizar a Lionel Messi, quien recibió a más de 700 entrenadores de todo el mundo y quien contrató a Luis de la Fuente en 2013 para la Sub 19– agrega que, después de 2010, cambió el orden de las últimas dos “p” (posición, presión y posesión) y que la presión se acentuó tras los saques del arco con jugadores dentro del área, un cambio de regla de 2019.
Mélendez –un sabio de 78 años, hoy formador de formadores– enfatiza en el trabajo de los arqueros (“defender las pelotas largas, el espacio fuera del área, porque las líneas juegan mucho más arriba”), en la toma de decisiones bajo pressing en espacios reducidos, en la creación del medio y en el ataque (“libertad para el 1 vs 1 en banda”). España, máximo campeón en las Euro Sub 17 (9), Sub 19 (13, 10 títulos entre 2002 y 2026) y Sub 21 (5), ganó su segundo Mundial en Estados Unidos, México y Canadá 2026 (el miércoles se cumplió un mes, aunque parezca una vida). Y aún es la última selección en haberse sumado al lote de campeones.
¿Cómo ganó el Mundial 2026? ¿Todo el mundo querrá volver a jugar como España? A la selección de De la Fuente le patearon apenas diez veces al arco (entre los 7,32 m de ancho y los 2,44 m de alto). Recibió un sólo gol, como ningún otro campeón del mundo, y encima en ocho partidos. Fue el triunfo de la racionalidad eficiente. Del catenaccio con pelota, porque más allá del cómo, supo siempre el qué: que lo más importante es la pelota, la pelota como ordenador, la pelota como objeto hipnótico, la pelota hasta el final de cada partido y la pelota hasta el fin de los tiempos después de aquel cambio cultural que dejó atrás la atropellada “furia española”. “No podemos jugar, boludo”, le dijo Messi, separado de la pelota, a Rodrigo De Paul en pleno campo, tras la pausa del segundo tiempo. Argentina no podía jugar en la final ante España porque –agotada bajo el calor de Nueva Jersey, sin piernas– la veía pasar (a la pelota).
Se suele repetir que “la mejor forma de defender es el ataque”. España encontró la suya: defender es lateralizar. No hay maneras únicas en el fútbol. Hay sentires y razones. España lo siente y lo razona así desde hace más de dos décadas. A través de aquel fluir ganó su primer Mundial.
Cómo es posible, Ibo, si no le pudimos ganar a Cabo Verde …. #MamatoriaGorda pic.twitter.com/AirOk5oLl4
— Calvoyusi (@Calvoyusi) July 15, 2026
A los 14 años, Rodri vio el gol de Iniesta en la final de Sudáfrica 2010 a través de una pequeña pantalla en un campamento de verano en medio de los bosques de Connecticut, en Estados Unidos. Lo festejó corriendo alrededor del lago. Lloró. Rodri, el futbolista con mayor distancia recorrida (90,2 km) en el Mundial 2026, juega con la remera adentro del short. Es el mediocampista central más correcto del mundo. El N° 6 a la española. En el Mundial encontró su mejor versión tras la rotura del ligamento cruzado anterior y menisco de la rodilla derecha que sufrió en 2024 (220 días afuera). A los 30, fue capitán, compás, escuadra, transportador y punzón de España. Pero no fue el único español que superó los 120 pases precisos en un partido: ese fue Pau Cubarsí, modelo del central que no sólo destruye, sino también técnico para iniciar el juego. Rodri, quien había superado los 120 pases en tres de los cuatro partidos de Qatar 2022 (jugó de central, y en el medio Sergio Busquets), jugará ahora con Cubarsí en el Barcelona. “Me gusta exprimir el cerebro de mis compañeros”, dijo el campeón de la Euro Sub 19 en 2015 –con De la Fuente como DT–, recibido de licenciado en administración de empresas. “Alrededor de ese genio de la razón pura, varios jugadores alargan el paso hasta el sobresaliente”, había apuntado Jorge Valdano acerca del Balón de Oro 2024.

“Fui a jugar un fútbol 5 y hubo la cuantiosa cantidad de 6 goles en 1 hora catenaccio total”, tuiteó la semana pasada Tobías Madero, hincha de Argentinos, desde Argentina. Un fin de semana post resaca mundialista, el periodista Alejandro Caravario salió a caminar por Saavedra. Se detuvo a mirar el partido de veteranos en un torneo amateur en la canchita de la calle Valdenegro. Y se sorprendió que, tanto los verdes como los rojos, “se limitaban a una sobria conducta colectiva de pases intrascendentes. Hacia los costados, hacia atrás”. Se preguntó qué pasaba. “La respuesta –escribió en LaAgendaBA– llegó desde el banco de los verdes, donde un caballero de melena blanca y brazos en jarra oficiaba de DT. ‘¡Estamos regalando la posesión!’, se quejó con sus dirigidos. Ahí entendí. Tanto los verdes como los rojos estaban metabolizando las enseñanzas del Mundial, más precisamente el lenguaje monótono del campeón, España, que consiste en tener la pelota hasta extenuar la paciencia del rival y del público y, una vez que se duermen todos, meter un gol. En lo posible, nunca más de uno”. Con ocho goles en Sudáfrica 2010, España es el campeón con menos goles a favor en la historia de los Mundiales. Pero en 2026 marcó 14 –en ocho partidos–, misma cantidad que Brasil en 1962, Francia en 2018 y Argentina en 1986.
¿El fútbol mundial imitará, copiará y pegará el estilo de la España campeona del mundo en 2026? El fútbol, en un punto, es irreproducible. En el fondo, es imposible ser lo que no se es. Esto expresó Raúl Caneda, entrenador español, en La Voz de Galicia: “Al contrario de lo que se suele decir, el Mundial no señala ninguna tendencia táctica. El fútbol no es una actividad que evolucione con una lógica científica. Mientras nosotros, los entrenadores, y toda la industria pretende ensalzar nuestra utilidad disfrazando el fútbol de ciencia, la realidad responde con claridad: los equipos de siempre, los jugadores de siempre. El juego no pertenece a ningún método. Jugar y ganar es un oficio, un saber. Fútbol es cultura”. A diferencia de Qatar 2022, donde España fue “un equipo ofensivo inofensivo” que transformaba “ataques frustrados en contras del rival” –dixit Caneda–, en el Mundial 2026 se defendió con el reaseguro de la pelota y la asfixia ordenada, que hizo correr y cansó a los rivales y que le forzó errores. Tanta presión y posesión aplanaron la emotividad. Salió campeón como si hubiera hecho un trámite, pero con una sintonía reconocible que es una referencia en relación al nivel técnico de los futbolistas y a la cultura del juego colectivo.
“Lo viví como jugador y como entrenador jugando contra ellos; también en el Barcelona. Saben lo que tienen que hacer desde que tienen nueve años. No importa quién sea. Así que, cuando entra alguien, no importa si es su primer o tercer Mundial: conoce el sistema porque juegan en el mismo sistema. Es bastante simple”, analizó Thierry Henry luego del 2-0 de España contra Francia en la semi. El Museo Nacional del Prado había publicado diez palabras que explicaban por qué España había sido finalista. Cuatro sintetizaron el título: armonía, estrategia, superación y prudencia.